Un campo de batalla en París

SPC
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Las protestas de los 'chalecos amarillos' contra el Gobierno continúan radicalizándose en las calles en una jornada que se salda con cerca de 1.400 detenidos y más de 130 heridos

Un campo de batalla en París - Foto: IAN LANGSDON

Se temía lo peor y, por eso, París se había blindado de cara a la cuarta jornada de protestas de los chalecos amarillos, unas movilizaciones que siguieron radicalizándose y mostrando la enorme tensión que existe entre la calle y las instituciones.
Al menos 135 personas resultaron heridas -17 de ellos policías-, según el último balance ofrecido a primera hora de la noche, y las Fuerzas del Orden detuvieron en todo el país a 1.385 ciudadanos, de ellos más de 700 solo en la capital gala, que se convirtió, una vez más, en el epicentro de la revuelta social contra el Gobierno de Emmanuel Macron.
Si bien los datos son preocupantes, quedan muy lejos de los casi medio millar de heridos de la semana anterior, cuando se vivieron escenas de guerrilla urbana. Todo, gracias al dispositivo de seguridad, con más de 89.000 agentes desplegados en la ciudad. Y también a que el número de participantes se redujo considerablemente: según las estimaciones, 10.000 en París, 125.000 en todo el país. Sin embargo, los episodios de violencia no cesaron. Incluso, tal y como temía el Ejecutivo, se están radicalizando.
En la zona de los Campos Elíseos, principal punto de concentración de las protestas, cientos de manifestantes violentos lanzaron objetos a los policías desplegados, que respondieron con gas lacrimógeno.
Pero los enfrentamientos más graves -con quema de coches o destrucción de mobiliario urbano con el que levantar barricadas- tuvieron lugar al ser dispersados algunos radicales en las zonas adyacentes, como la avenida Marceau o en torno al parque Monceau, así como en los Grandes Bulevares y cerca de la estación de Saint Lazare.
Con carácter preventivo, y tras la experiencia del vandalismo del sábado anterior -cuando pintaron en el Arco de Triunfo-, permanecía cerrada en esas zonas la mayor parte de los comercios, empezando por los grandes almacenes. También estuvieron clausurados importantes monumentos y museos de París, como la Torre Eiffel o el Louvre.
Fuera de la capital, también hubo altercados en otros puntos de la nación, como Burdeos, Toulouse, Marsella, Lyon o Nantes, donde alrededor de 2.000 personas marcharon hasta la Prefectura antes de que la situación degenerara en enfrentamientos con las Fuerzas del Orden, que utilizaron gases lacrimógenos.
El primer ministro, Edouard Philippe, expresó su respaldo a la labor policial. «Reconocimiento, admiración y apoyo», señaló. «Las Fuerzas del Orden han hecho que se respete la ley», resaltó el premier, que puso el acento en que es momento para el diálogo que ya empezó él mismo con los chalecos amarillos la semana pasada y que «debe continuar». 
A través de las redes sociales, los manifestantes describieron este fin de semana como el Cuarto Acto de un dramático reto a Macron y sus políticas y aseguraron que no será el último.