Plantean un centro municipal de alquiler de patinetes

Carlos H. Sanz
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Victoria Diago y Adrián de la Torre convirtieron su proyecto de investigación sobre baterías en una propuesta para impulsar el uso social de estos vehículos aprovechando la red de carriles-bici

Plantean un centro municipal de alquiler de patinetes - Foto: Sara Muniosguren

El patinete puede ser clave en el futuro de la movilidad en la capital. Así lo piensan dos jóvenes palentinos, Victoria Diago y Adrián de la Torre, que, a pesar de tener tan solo 18 años, han presentado al Ayuntamiento un proyecto para impulsar su uso aprovechando la red de carriles-bici de que dispone la ciudad.
Una idea que seguro que comparten muchos palentinos pero que Victoria Diago y Adrián de la Torre demostraron en el proyecto de investigación con el que culminaron su paso por el Bachillerato de Investigación y Excelencia, en la modalidad de Ciencias, que cursaron hasta junio en el IES Trinidad Arroyo.
«En el segundo año teníamos que hacer un proyecto de investigación en colaboración con profesores de la Universidad de Valladolid, y nos propusieron uno sobre baterías, que consistía en analizar las de plomo-ácido y las de ion-litio», explica Adrián, que hoy estudia Informática y que fue quien llevó las riendas de la parte más técnica del proyecto.
«Las primeras son las que se usan en los coches o en las carretillas de almacenes, por ejemplo; y las segundas, las que hay en teléfonos móviles, relojes, etc. El objetivo técnico del proyecto era medir las características de cada batería, su rendimiento y ver cuál era mejor y cuál nos podía servir para cada caso», añade Adrián de la Torre.
«Nuestra conclusión fue que la mejor batería para los aparatos electrónicos es la de ion-litio porque es más pequeña, tiene un mejor rendimiento y un ciclo de carga menor, mientras que las de plomo-ácido están en desuso», sentencia.
Esa era la parte técnica, porque Victoria Diago, que hoy estudia Enfermería, quiso dar «un toque social» a su estudio. «Decidimos aplicarlo a Palencia, y aunque en un principio el trabajo no iba sobre patinetes, solo sobre baterías, y se podía haber hecho en un laboratorio, decidimos hacerlo más interesante enfocándolo a estos vehículos», comenta. 
Con esa disposición Victoria Diago y Adrián de la Torre diseñaron dos rutas con los mismos puntos de salida -la plaza de León, en Correos-, y de llegada -el campus de La Yutera-, es decir, el recorrido que puede hacer una persona o un estudiante, normalmente para ir a trabajar o estudiar.
Una ruta transcurría por la calle Mayor y las principales avenidas de la ciudad. «Un recorrido muy urbano y central, en el que nos encontramos con muchos peatones, pasos de cebra, cruces, etc., que obligaban a hacer paradas. La batería sufría más al tener que estar constantemente arrancando y acelerando, y, además, nos percatamos de que perdíamos más tiempo en completar el trayecto», detalla De la Torre.
El otro recorrido discurría por los carriles-bici que hay en la ciudad, concretamente por los de la orilla del río, La Lanera, etc. «La distancia era casi el doble, pero nos dimos cuenta de que, además de ahorrarse tiempo, se podía aumentar la velocidad -siempre con prudencia- y con la seguridad de no cruzarse apenas con peatones ni coches», detalla Victoria Diago. 
«Aunque el gasto de energía era mayor, nuestra conclusión fue que este tipo de rutas eran las mejores por la seguridad que aportaban al usuario y el tiempo de ahorro, que en principio no parecía mucho, eran 8 minutos al día, ida y vuelta, pero en un curso académico eran 24 horas. Además, la batería tampoco consumía mucho más», añade De la Torre. 
Durante el transcurso de las pruebas, estos dos jóvenes estudiantes documentaron los puntos negros de los carriles-bici, registrando zonas de asfaltado agrietadas, líneas que delimita los carriles poco claras, como ocurre a la altura del centro cultural Lecrác, donde los peatones invaden el carril; la confusión de los colores que determinan las sendas para peatones y ciclistas o los tramos donde los peatones menos respetan la circulación de bicicletas y patines. 
«Al final, el proyecto consistió en una parte más técnica, enfocada a ver las baterías, y en otra más social, donde concluimos la importancia de que las administraciones determinen qué pueden hacer o por dónde pueden circular los patinetes, ya que comprobamos que no pueden ir por la carreteras porque son muy inestables y corren gran peligro», comenta Adrián de la Torre.
El pasado verano, estos dos jóvenes enviaron una carta al Ayuntamiento que llegó a manos del concejal de Desarrollo Económico, Urbano Revilla, que les citó a una reunión para conocer sus conclusiones. «Deben ser los políticos los que tienen que atreverse a decir por dónde o a qué velocidad deben transitar los patinetes, así que propusimos un proyecto para Palencia: la creación de un centro municipal de préstamos de patinetes a un precio simbólico o incluso gratis», señala Victoria Diago.
«La clave está en la seguridad, así que planteamos al Ayuntamiento que cada usuario que solicite un patinete está identificado, lo que permitirá tener información de dónde está cada vehículo y usuario. Además, sería importante que los conductores tuvieran un seguro que los proteja frente a accidentes y averías», añade Adrián de la Torre.
«En definitiva, intentamos que Palencia, que es una ciudad bastante verde y en la que no hay una gran cantidad de coches, implemente el uso de patinetes. Incluso hicimos un vídeo promocional, usándolos por los parques para demostrar que se puede combinar esos vehículos sin afectar apenas al medio ambiente», añade Diago.
Los dos expusieron también su proyecto en la clausura del Bachillerato de Excelencia del pasado curso, ante el rector de la Universidad de Valladolid y distintas autoridades. Ahora, confían en que las administraciones públicas inviertan el dinero necesario para hacer realidad su proyecto y que promueva una transición a energías más limpias. Su trabajo ya está hecho.