Con las banderillas a juego

Rubén Abad
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Todas las que se clavaron fueron de color morado, el distintivo de la ciudad. Miles de personas acudieron en el día del patrono a la plaza de toros de Campos Góticos, que presentó la mejor entrada de los sanantolines

Con las banderillas a juego - Foto: Nuria Sastre

Dios te salve, Palencia querida. Dios te salve, granero de España. Con esta estrofa comienza el himno de la ciudad y con estas palabras se iniciaba ayer la corrida por excelencia de la feria taurina, la del día del patrono. Moradas -el color distintivo de la ciudad- son las banderas de la Diputación que cubren cada vomitorio y de morado vestía El Juli. Hasta las banderillas eran moradas en la cuarta de abono, que comenzó con el himno de España y el tradicional saludo al respetable de toreros, cuadrillas y diez agrupaciones de peñistas, que pisaban por última vez este año el albero de Campos Góticos.
Acudir a la plaza cada 2 de septiembre es una tradición que muchas familias mantienen a rajatabla. Y eso se notó en los tendidos, que presentaron la mejor entrada, aunque bien es cierto que el cartel también acompañó. Tres cuartas partes largas de las localidades ocupadas por un público algo frío en los inicios que se fue animando a medida que avanzaba la tarde.
Y es que la de ayer fue una corrida de contrastes, en la que graderíos y ruedo parecían funcionar a ritmos distintos, como una máquina mal engrasada. Así fue al principio, hasta que llegó la primera oreja. De ahí en adelante, las gradas se animaron gracias, en buena parte, al extraordinario trabajo de las charangas. Hasta Karina y su Baúl de los recuerdos sonó en la plaza.
Ese fue el único remedio que encontraron algunos contra una desapacible tarde en lo meteorológico. «Cada vez hace peor, voy a ponerme la chaqueta», decía ya en la primera mitad del festejo un previsor abonado que después de pasar frío el día anterior, regresó a Campos Góticos provisto de abrigo.
Una vez caldeado el ambiente, se sucedieron los «olé». «¡Muy bien, sí señor!», exclamaban. En la barrera del tendido 1 estaban dos eminencias en el mundo del toreo, los doctores José Rabadán y Antonio María Mateo, de la plaza de toros de Valladolid. Junto a ellos, otro profesional de reconocido prestigio, Gonzalo Ibáñez, jefe del servicio de Urgencias del Caupa y presidente del Chocolates Trapa Palencia, y su esposa Virginia Rodrigo.
En ese mismo tendido se sentaron Miguel Ángel Teresa y Marta Manchado, del hotel La Barrosa de Abejar (Soria), y Pedro de Frutos y Rosa Blanco, del restaurante El Cossío de Mojados (Valladolid). A escasos asientos de este grupo siguió la faena el compañero Santos García Catalán, del equipo de Grana  y Oro en Valladolid, y Javier Martín.
Los hermanos Aureliano, Lucio, Ángel San Juan, del restaurante vallisoletano Molino Rojo, y José María Calleja siguieron la lidia desde esta misma parte de la plaza. Allí se encontraban la concejala de Fiestas, Laura Lombraña; el responsable de Relaciones Institucionales de Gullón, Javier Urbón y el pregonero literario, Ignacio Fernández Sobrino, acompañado por su mujer, Verónica de la Fuente.
También en una barrera de sombra, la del tendido 8, estaban la presidenta de la Diputación, Ángeles Armisén, junto a los parlamentarios Milagros Marcos, Rodrigo Mediavilla y Jorge Martínez. Para el día del patrón, el alcalde, Mario Simón, se acomodó en el burladero 6 junto al general jefe de la Cuarta Subinspección y comandante militar de Palencia, José Rivas; al subdelegado de Defensa, el coronel Carlos Hidalgo; el consejero Carlos Fernández Carriedo y los ediles Alfonso Polanco y Luis Miguel Cárcel. En los tendidos estaba Sonia Lalanda, diputados y alcaldes, mientras que la última fila, arriba del todo, la ocuparon el senador Eduardo Santiagoy el concejal Álvaro Bilbao.
Ese ambiente se trasladó nada más acabar la corrida a los entornos de la puerta grande. Allí esperaban los aficionados, móvil en mano y con la cámara lista para disparar. Querían llevarse una buena fotografía a modo de recuerdo imborrable de lo que ha dado de sí la feria taurina. Una feria que vivió de manera especial el torilero José Luis Rodríguez, que ayer se jubilaba después de casi cuarenta años de servicio en la plaza.


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