Calor invernal

O. H.
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Becerril de Campos une cada año San Antón a la matanza con el resultado de la Fiesta de Invierno en la que los productos del cochino y los elaborados por artesanos de la localidad cobran especial relevancia

Calor invernal - Foto: SARA MUNIOSGUREN

 
Pocas cosas son tan efectivas para entrar en calor -por mucho frío que haga- como un buen guiso de patatas con costillas o un generoso plato de morcilla y de jijas recién hechas, acompañadas de unos tragos de un orujo con gran tradición en el sur de la provincia. Y puesto que ayer no era un día caluroso precisamente, no es de extrañar que la Fiesta de Invierno de Becerril de Campos fuera todo un éxito. No sólo en la parte dedicada a la gastronomía popular.
La localidad terracampina reunió dos tradiciones invernales en la Fiesta de Invierno que cumplía ayer ocho años: San Antón por un lado y la matanza por otro.
La primera parte se desarrolló  en la parroquia de la localidad, por donde pasaron tras la eucaristía diferentes mascotas para ser bendecidas.
De nada le hubiera servido la bendición al gocho elegido para protagonizar la tradicional matanza, porque poco antes de que comenzara su procesión hasta la Plaza Mayor recibió -en privado- la visita del cuchillo, con lo que el paseo por las calle de Becerril lo hizo ya desangrado, listo para ser chamuscado antes de proceder con la liturgia propia del acto que lucha por no perderse. «Pero, ¿dónde está el cerdo?», preguntó un hombre ya entrado en años. Sus dos interlocutores se miraron extrañados. «Ahí ,dentro del fuego», le contestaron. «Ah, es que es la primera vez que lo veo», reconoció. «Cómo se nota que eres de Madrid», sentenció otro entre risas. Una muestra de que no sólo los niños se quedan anonadados con la matanza.
Mientras, en la entrada del Ayuntamiento, la Asociación de Amas de Casa comenzaba a preparar lo que sería la degustación. Ni más ni menos que 120 kilos de picadillo y jijas y el relleno de morcillas elaborado con 330 kilos de cebollas. Para pasar las migas y endulzar el paladar, orujo de Becerril, pastas de Maruja y cerveza Bresañ.
«Queremos que no sólo sea matanza, de ahí  lo de unirlo a San Antón; y también que los productos de Becerril y de la zona tengan un papel importante y se reivindiquen en una fecha como ésta», explicaba Mario Granda, alcalde de la localidad, quien estuvo acompañado por el presidente de la Diputación, José María Hernández, y el delegado de la Junta, Luis Domingo González.
Por si alguien se había quedado con hambre o aún sentía frío, el Club Deportivo Galguero y Caballista Ya está acá también preparó un guiso de patatas con costillas y los bares ofrecían menús y tapas especialmente dedicadas a un día de matanza.
Paralelamente, en los soportales de la villa se puso en marcha una pequeña feria de alimentación en la que el queso ocupaba la mayoría de los puestos, dejando también hueco a embutidos, legumbres y jabones.
Y como no todo es calentar el cuerpo, sino también el alma, por la tarde tuvo lugar una actuación musical y, ya por la noche, discoteca móvil. Ambas bajo techo en el Salón de Actos municipal.