Una llamada a actuar frente a la soledad

DP
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El obispo de la Diócesis, Manuel Herrero, presidió la eucaristía en honor a San Antolín, a la que, entre otros, asistió el máximo responsable del PP, Pablo Casado. Por segundo año se repartió en la cripta agua del grifo bendecida

Una llamada a actuar frente a la soledad - Foto: Sara Muniosguren

La soledad es una de las «pobrezas actuales» que «reclaman nuestra atención en esta tierra vacía y vaciada y en esta sociedad de la globalización y de la comunicación», afirmó el obispo, Manuel Herrero, durante la homilía que pronunció en la festividad de San Antolín, patrono de la ciudad y la Diócesis, ante los cientos de fieles que se dieron cita en la catedral para escuchar la misa solemne en honor al santo. Monseñor, que exhortó a ser servidores de los pobres, no sólo a través de las Cáritas parroquiales y diocesana, «sino también del compromiso personal y colectivo en la política, en el barrio, en la asociación, en la empresa, en el trabajo, en la peña, en el club, en oenegés… allí donde estemos», llamó la atención de «todos» para que «no nos olvidemos de los ancianos, enfermos y los jóvenes, y especialmente de los que están solos, viven o malviven y a veces mueren solos, en nuestros pueblos y ciudades porque no tienen familiares o vecinos que se preocupen de ellos y los acompañen».  «No  nos olvidemos de los emigrantes ni tampoco de las familias palentinas que no tienen lo suficiente para llegar a final de mes, que las hay. Desde todas las instancias, públicas o privadas, tenemos que prestar atención»,  expuso.
Y, qué dice el Señor por medio de San Antolín,  que «tenemos que ser mártires y diáconos». Mártires igual a testigos, «que soportan las dificultades que vengan, bien del interior de la persona, por nuestra resistencia a vivir según el Evangelio y nuestra mediocridad y pecado o por inconsecuencia por no ser cristianos auténticos y fieles, o bien de fuera, por el ambiente social de increencia, que prescinde de Dios, de tachar a los creyentes como personas que van en contra de la civilización y el progreso», afirmó. Dar la vida hasta el final se llama hoy «servir, servir a todos, ser diáconos, como Jesús que vino no a ser servido sino a servir, que se hizo el esclavo de todos, que lavó los pies a sus discípulos el Jueves Santo y se entregó hasta el final derramando su sangre para el perdón de los pecados y para dar vida», señaló.
«Pidamos al Señor, por la intercesión de San Antolín, que nos ayude a ser testigos y servidores, a soportar por su amor las adversidades y caminar cantando y unidos hacia él, fuente de toda vida. Que la Eucaristía, memorial del martirio de Cristo nos aliente para cimentarnos más en el amor de Dios, fomentar la esperanza, e imitar a San Antolín, con nuestro testimonio y nuestro servicio por amor». concluyó.
santo.  Tras el capítulo de saludos con que abrió su homilía, el obispo habló sobre San Antolín, de quien explicó que se sabe «poco, lo esencial». Fue un cristiano sirio -«esta tierra ahora fragmentada»- que fue martirizado en el siglo IV en Apamea, y cuyas reliquias llegaron a Francia, a Pamiers, y de ahí a Palencia traídas, lo más seguro, por Wamba o por Sancho el Mayor de Navarra, restaurador de la Diócesis palentina. Desde el siglo XI Palencia le tiene por patrono y por la tradición y la iconografía conocemos que fue mártir y diácono. «Mártir que fue degollado y por eso tiene la palma del martirio en las manos y el instrumento de su degollación, la espada; y diácono, porque fue servidor de los pobres y del evangelio en nombre de la comunidad cristiana, representado en la vestidura, la dalmática, y en el Evangelio», indicó.
La catedral se encuentra en obras, que enfrentan la recta final, de ahí la celebración de la Eucarístía en el trascoro, adonde los fieles accedieron por la puerta de San Antolín, en la que fue constante el trajín de los que entraban y salían durante la celebración, a  la que, entre otras autoridades, asistió el presidente del Partido Popular, el palentino Pablo Casado, quien durante unos minutos estuvo solo en la plaza ante la incredulidad de quienes se percataron de su presencia y que se convirtió  en protagonista dentro y fuera del templo entre aquellos deseosos de saludar al político.
Mientras se celebraba la solemne misa, desde las 11,30 horas decenas de personas hacían cola a las puertas del claustro, por donde únicamente se iba a poder acceder a la cripta de San Antolín para poder beber el agua de pozo -una vez despejado el trascoro y depués de que salieron los que bajaron después de la eucaristía-, y es que la puerta de San Antolín era solo de salida. Lo de agua del pozo es  un decir, ya que por segundo año consecutivo fue del grifo, bendecida, eso sí.
Los trabajos de restauración que se ejecutan en la seo condicionaron el secular  y festivo reparto del agua enmarcado dentro del día grande de las fiestas patronales. Concluida la eucaristía, se repitió la imagen de las autoridades en la cripta, vaso de plástico en mano, para beber el agua milagrosa. Después empezaron a bajar quienes habían estado en misa y quisieron cumplir con la tradición, para dar paso a los que esperaron turno, en un  primer pase hasta las 14,30 horas y   a partir de las 16,30 en el segundo, con que volvieron a contarse por miles los que en San Antolín cumplieron con la tradición de beber el agua.