Con el agua al cuello

M.R.Y. (spc)
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Netanyahu apura sus opciones para conseguir una mayoría suficiente que le pueda dar un 'salvavidas' de inmunidad ante el inminente inicio del juicio de corrupción en su contra

Con el agua al cuello - Foto: ABIR SULTAN

Ganar unas elecciones es importante, pero pocas veces es tan necesario como en el caso de Benjamin Netanyahu, quien quiere hacer bueno el dicho de a la tercera va la vencida en la nueva cita con las urnas en Israel, el próximo lunes, tras la imposibilidad de formar Gobierno después de los comicios de abril y septiembre pasados.
La situación es apremiante para el primer ministro en funciones: en apenas dos semanas, el próximo 17 de marzo, comenzará el juicio por corrupción en su contra -soborno, fraude y abuso de confianza son los tres cargos a los que se enfrenta-, un proceso que pretende encarar con todos los flecos que conlleva una negociación cerrados.
Sin embargo, su deseo se antoja complicado, porque, según todos los sondeos, estas elecciones arrojarán resultados similares a los de sus dos predecesoras: ninguno de los dos grandes bloques -derecha y centroizquierda- conseguirá una victoria clara y el bloqueo persistirá. De hecho, se estima un empate técnico entre el gobernante Likud y la coalición Azul y Blanco de Benny Gantz y ninguno de los dos logrará los apoyos necesarios como para desatascar la situación. Todo, nuevamente, estará en manos del ultraderechista Hogar Judío de Avigdor Lieberman, que ya ha adelantado que no se sumará a un Gobierno en el que esté alguno de esos dos políticos mencionados.
Gantz no descarta una alianza con el Likud, siempre y cuando no esté su jefe de filas, del que aseguró: «Un hombre sospechoso de sobornos, engaños y violación de la confianza no puede ser primer ministro», al tiempo que sostuvo que cualquier partido o parlamentario que quiera sumarse a un Gabinete de unidad encabezado por él tendrán que firmar un documento comprometiéndose a no dar inmunidad a Netanyahu.
El todavía premier, por tanto, no tiene otra opción que ganar, y con una mayoría suficiente, las elecciones del lunes, con el fin de acelerar los tiempos. Se estima que el inicio del proceso judicial en su contra coincida con la ronda de negociaciones para formar un Gobierno y, en caso de que no se dé prisa, podría, incluso, no recibir el mandato del presidente, Reuven Rivlin, para intentar cerrar un Ejecutivo -la Fiscalía y el Tribunal Supremo se tendrán que pronunciar sobre la duda legal de si puede liderar la creación de un nuevo Gabinete, algo sin precedentes en Israel-.
La necesidad apremia. Como primer ministro, Netanyahu no estaría obligado a dimitir y gozaría de la inmunidad que le fue retirada el pasado enero en el Parlamento. Eso sí, no podrá asumir ninguna cartera ministerial.
Es por esto que en las últimas semanas, y con un claro tinte electoralista que recupere votantes del sector más ultraderechista, el mandatario ha emprendido una campaña antipalestina, con la aprobación de miles de viviendas -más de 15.000 se han puesto en marcha- en diferentes asentamientos en Jerusalén Este y Cisjordania. La medida, prohibida por Naciones Unidas, es un intento a la desesperada para arrebatar apoyos a Lieberman que puedan ayudarle a conseguir una mayoría que le dé calma.
También el plan de paz de EEUU, denominado como acuerdo del siglo por su presidente, Donald Trump, pretende servirle de ayuda en la cita con las urnas. A pesar de que el mandatario norteamericano ha contado con Gantz a la hora de presentar ese documento, Netanyahu no ha dudado en erigirse como el «mejor aliado» de la Casa Blanca para defender un texto hecho casi a medida de los intereses israelíes y que tanto Palestina como la comunidad árabe han rechazado de plano.
Faltan solo unas horas para que el conservador se juegue su futuro, con una batalla de cifras sobre el ring. Cuatro mandatos y 13 años al frente del Gobierno -es el político que más tiempo ha ostentado el cargo de primer ministro en Tel Aviv- contra tres cargos de corrupción que podrían tirar al traste todo lo pasado. Y 61 diputados, la mayoría del Parlamento, es el número que saldará el combate.