Manuela Carmena, la mujer que ha dinamitado Podemos

Pilar Cernuda
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La alcaldesa toma el mando y suma a su causa a Íñigo Errejón, quien ha abandonado las filas de Pablo Iglesias para presentar su candidatura al Gobierno regional con Más Madrid

Manuela Carmena, la mujer que ha dinamitado Podemos - Foto: Chema Moya

Se ve como una abuela encantadora y casera, pero Manuela Carmena es dura como una piedra. La conocen bien quienes se enfrentaron a ella cuando era abogada laboralista o vocal del Consejo General del Poder Judicial. Sin embargo, no tardó en advertir que ser alcaldesa-abuela provocaba simpatías y no dudó en potenciar esa imagen. 
El último capítulo responde a esa idea: el momento en el que quiso seducir a Íñigo Errejón para que se presentara candidato al gobierno regional madrileño con Más Madrid, no lo citó en su despacho, sino en su domicilio, y cuando llevaba en la mano una bandeja de empanadillas para ofrecer a Errejón, se cayó y se rompió el tobillo. 
Se lo contó la alcaldesa a Alsina y desde entonces sus empanadillas son más célebres que las de Encarna Sánchez, y la han llevado al punto más alto de su fama. Y también a Errejón, que sin duda acudió a la cita deseoso de dejarse convencer porque su relación con Pablo Iglesias era cada vez más tensa.
La operación empanadillas no solo hace saltar por los aires Podemos de Madrid. Al proyecto empiezan a sumarse destacados dirigentes del partido que ya no pintan tanto como pintaban. En unos casos van a formar parte de listas electorales; en otros, como Carolina Bescansa, que no es un personaje menor en la historia de Podemos, porque ya había decidido dejar la política activa. Pero apoyará a Errejón y a su candidatura. 
Manuela Carmena, que hoy suma simpatizantes y adeptos a su causa por su carácter campechano y su imagen de entrañable mujer de edad que cae bien a todo el mundo, incluidos sus adversarios políticos, no siempre fue así. Cuando estudiaba derecho se afilió al PCE, en tiempos en los que ser comunista suponía un riesgo incluso para la vida y, ya con su título de abogada, defendió causas laborales y políticas con la máxima energía y profesionalidad. Pertenece al grupo de fundadores del despacho de Atocha que a principio de la democracia fue asaltado por personas afines al franquismo y que causaron cinco víctimas mortales.
Dejó el PCE a principios de los 80, cuando ya había ganado las oposiciones a juez, aunque siempre se consideró mujer inequívocamente de izquierdas. De hecho fue elegida vocal del Consejo General del Poder Judicial por Izquierda Unida en 1996. Después, Patxi López, como lehendakari, la nombró asesora del departamento que se había creado para atender a las víctimas de abusos policiales. 
Sus amigos siempre han sido incondicionales, pero reconocen que Manola, como la llaman habitualmente, se deja llevar por sus convicciones políticas de izquierdas. Sin embargo, nunca ha olvidado que la buena educación es fundamental para ganarse simpatías.