La crisis que derribó el ladrillo

Carlos H. Sanz
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La devolución de las plusvalías es un eco de la tsunami que azotó al sector inmobiliario

La crisis que derribó el ladrillo - Foto: Óscar Navarro

El sector inmobiliario, que en la capital agrupa a una quincena de empresas, es testigo directo del impacto que la crisis económica ha tenido en el impuesto de plusvalías y de cómo lo que antes era un trámite más se ha convertido en una lucha de muchos propietarios para que no se les cobre dicho gravamen o se les devuelva el dinero ya pagado.
Una de las voces autorizadas de este sector, Cándido Arija, explica que «cuando después de la crisis se empiezan a ajustar los precios a los valores reales de mercado, lo que ocurre es que todo lo anterior ya no vale, y el criterio que se utiliza tanto en el Ayuntamiento para calcular la plusvalía como en otras administraciones para calcular otro tipo de impuestos, tiene que ser modificado».
«Esto se va haciendo, pero muy lentamente. El criterio que ha seguido el Ayuntamiento de la capital es el de cambiar de sistema en vez de esperar a recibir montones de reclamaciones de gente que ha vendido por debajo del valor que compraron en su día y no han tenido ninguna plusvalía», detalla.
Aunque la crisis ya se ha superado -o al menos la parte más grave- Cándido Arija asegura que los valores de las viviendas no han sufrido incrementos importantes en sus precios. «Sí que ha habido pequeños aumentos en viviendas más jóvenes, de hasta 10 o 12 años. Sin embargo, en las que tienen más de 15 o 20 años, se nota que cuesta muchísimo que los precios no solo no suban sino que no sigan bajando».
Eso hace que el goteo de reclamaciones por las plusvalías no haya aminorado, ya que toda la vivienda con más de una década nunca recuperará los niveles de precios que tenía en los períodos previos a aquella crisis tan importante.
 Arija reconoce una mejoría, eso sí. «Las cosas van razonablemente bien y este año será bueno. Esperamos que 2020 no tenga sorpresas porque ingredientes para que todo siga funcionando bien tenemos más que de sobra», comenta. No obstante, recuerda a la perfección los años «terribles» de la crisis. «Fue muy dura. En nuestro sector de agencias inmobiliarias prácticamente se llevó de calle al 70% de las empresas, y las promotoras que había en Palencia, que eran importantes y con solvencia técnica para seguir funcionando, se fueron la mayor parte al garete», rememora.
Entre la acumulación de expedientes vinculados a este impuesto en la concejalía de Hacienda, unos 550, Cándido Arija reconoce que se dan dos casos. «Hay gente que quiere concluir con la compraventa y terminar de una vez por todas con todos los trámites, pero para otros el que se lo reclamen en seis meses o un año es una ventaja. Antes estábamos todos acostumbrados a que en cuanto se vendía la casa tenías un plazo de 30 días para liquidar el impuesto».
sin espacio para trampas. Cándido Arija sostiene que no hay espacio para las trampas a la hora de abonar este impuesto. «Son documentos oficiales, no puede existir porque lo que se presenta para liquidar la plusvalía es el documento de compraventa que se ha firmado ante notario y es 100% real». «Ese valor es el que tiene que confrontarse con el que se produjo cuando se compró en su momento, y si realmente no ha habido plusvalía, no habrá ocasión para generar ese impuesto», recalca.
Respecto a la desaparición o no de este impuesto, Arija , a nivel personal, cree que debería eliminarse porque «es injusto que estén cobrando impuestos por cualquiera de las transacciones de viviendas que haya». «Si ya pagamos unos impuestos a la compra o en el momento de la herencia, el de la plusvalía es un impuesto que ya se ha quedado obsoleto y seguramente la administración tendría que contemplar su eliminación o, al menos, encaminarlo hacia otro capítulo», especifica.