Lo malo ardió en la hoguera

Laura Burón
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Lo malo ardió en la hoguera - Foto: Á“scar Navarro

La normalidad fue la nota predominante en una noche calurosa y de gran ambiente

El fuego tiene ese halo mágico que hace que quien lo observa se quede obnubilado .Eso es lo que hicieron el domingo los cientos de palentinos que se acercaron hasta los entornos de la plaza de  toros para asistir a una de las tradiciones más arraigadas de la capital: la hoguera de San Juan.
En la noche más corta del año se dieron todas las condiciones para que la celebración del evento se desarrollara con normalidad:  una excelente temperatura, ausencia de viento y ganas de pasarlo bien. Aún así, los bomberos no bajaron la guardia y estuvieron atentos a que todo se desarrollara bajo las medidas de seguridad necesarias. «Todo fue bien. No había viento y, por lo tanto, casi riesgo», explicó ayer el sargento de Bomberos, José Ramírez. Su labor comenzó bastantes horas antes, con la comprobación por la mañana de los hidrantes. Además, antes de que llegaran los primeros asistentes, colocaron los camiones en los lugares adecuados y se cercioraron de que el perímetro de seguridad era el correcto. Y allí estuvieron vigilantes hasta las 3 y media de la madrugada. «Había mucha gente, hacía buena temperatura y la hoguera cada vez es más grande, así que estuvimos un poco más de tiempo que otros años», explica Ramírez.
Además de cuidar de que todo saliera bien, los bomberos palentinos también pusieron de su parte para que el ambiente festivo fuera el reinante y se cumplieran las tradiciones. «El público nos daba sus apuntes, sus papeles con deseos... para que los echáramos al fuego. Hacía tanto calor que los únicos que podiamos acercarnos, bien protegidos, éramos nosotros», señala. 
Y en contraposición al fuego, el agua, necesario para refrescar el ambiente, con manguerazos o pulverizaciones sobre aquellos que lo pedían. «También colaboramos con el ambiente festivo, pero siempre manteniendo las medidas de seguridad, así que si la gente nos pide que les mojemos, les apuntamos un poco con la manguera», reconoce.
Lo que ya no se hace desde hace años para evitar disgustos es saltar la hoguera. «Dada la magnitud del fuego y para evitar choques, se decidió no dejar saltar el fuego», señala.