Un polvorín a la puerta de casa

Laura Burón
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Un polvorín a la puerta de casa - Foto: Sara Muniosguren

En Allende el Río piden un mejor mantenimiento de los entornosdel Canal para evitar males mayores por los incendios de pelusas

«Hasta las narices y acojonados», con esa frase resume una vecina de la calle Eras del Rosal la situación que viven muchos vecinos del barrio de Allende el Río a consecuencia de las incendios de pelusas registrados en los entornos del Canal de Castilla en los últimos días. El pasado martes la situación pasó a ser alarmante cuando el fuego quedó a pocos centímetros de varios chalets y casas molineras de esa vía. «Estaba en casa cuando de repente escuché unos chasquidos, crepitar algo. Salí al patio, vi el humo y me imaginé lo que pasaba», asegura Carlos que, al principio, no pudo ver las llamas por que la tapia que delimita su vivienda se lo impedía, pero notó el calor.  
Eso mismo les ocurrió a muchos vecinos de los números pares de la calle Eras del Rosal. Mientras unos llamaban a los bomberos, otros empalmaban mangueras y recurrían a cubos de agua para intentar mantener el fuego a raya. «Estamos muy agradecidos a los bomberos, aunque tardaron un rato en llegar. Se fueron por el otro lado del Canal y además luego tuvieron problemas para alcanzar el foco del fuego», asegura Montse, que añade que «vivimos muchos nervios y pasamos miedo, porque casi no se nos mete el fuego en casa y no sabes si marcharte y dejarlo todo o intentar apagar las llamas como puedas». Este matrimonio lleva 25 años residiendo en esta calle y aseguran que este año lo de las pelusas es «exagerado». «Se hacen montones de mucha altura. Se han acumulado porque no ha llovido y no hay humedad», asegura Carlos.
En el mismo sentido se pronuncian Tere Aparicio y su marido Carlos Martínez, que viven en los chalets del paseo de la Dársena. Ellos no estaban presentes en el momento del incendio, pero tienen miedo de que la situación se vuelva a repetir. «Hay un mantenimiento nulo de los entornos de la dársena y del Canal. La Confederación Hidrográfica del Duero no quiere saber nada», señala Carlos, que explica que son los propios vecinos los que limpian y humedecen las pelusas próximas a sus casas para intentar acabar con ellas. 
Así lo ratifica el presidente de la Asociación de Vecinos de Allende el Río, Juan Pérez. «Mandamos una carta a la CHD pidiendo el mantenimiento de la dársena por las algas, de los árboles y del camino de sirga y nos respondieron que ya se hace una limpieza anual, algo que no es cierto», afirma. Además, han hecho llegar sus quejas al Ayuntamiento de forma verbal, pero este alega que no es su competencia «y al final las consecuencias las pagamos nosotros. Hasta tal punto que esta mañana (por ayer) han cortado un árbol que era un peligro y han dejado allí los restos: leña ideal para estos días de incendios de pelusa», asegura.
Con el aspirador. «Queremos que se sustituyan los chopos por otras especies de ribera. Tampoco hay tantos chopos, pero generan una cantidad de pelusa descomunal. Hace seis años ya vinieron y marcaron los árboles con un espray y se ve que el presupuesto se les fue en el spray porque no se volvió a saber más», explica Luis Antonio Ruiz, quien ha adquirido un aspirador de cenizas para limpiar la pelusa que se acumula en el patio y el jardín de su vivienda, porque «de abrir las ventanas ya ni hablamos».
«Está todo muy descuidado, no hay ningún mantenimiento y por aquí pasea mucha gente cada día porque es un verdadero lujo tener una zona como esta a cinco minutos del centro. Es una pena», afirma Carlos Martínez. «Es una cuestión de lógica. Si se ha vivido una mala experiencia hace unas semanas con el incendio en la orilla del río, lo normal es reaccionar de alguna manera, no dejar que las pelusas sigan siendo un problema. Tendrá que pasar algo más grave para que se tomen medidas» afirma Teresa Aparicio, su esposa.
Por el momento, ya hay cuatro personas identificadas por este tipo de incendios y desde las Fiscalía recuerdan que los delitos de incendio con peligro para la vida o la integridad física de las personas están regulados en el artículo 351 del Código Penal que, en distintos supuestos, habla de penas de entre 5 y 20 años de prisión.