PAN, QUESO Y UNA BUENA NOTICIA

Laura Burón
-

En la eucaristía se anunció que la ermita será objeto de un proceso de restauración despuésde haber conseguido el permiso del obispado, por lo que el próximo año lucirá nuevo aspecto

PAN, QUESO Y UNA BUENA NOTICIA - Foto: Á“scar Navarro

La celebración de la romería del Cristo de San Felices que se celebró ayer en Becerril de Campos tuvo un componente novedoso, y es que al acabar la eucaristía el párroco trasladó una buena noticia a las decenas de personas que cumplieron con la tradición. Les anunció que el Obispado de Palencia les ha dado el visto bueno a las obras de rehabilitación de la ermita del Cristo de San Felices y que, por tanto, en el plazo de un año este pequeño templo, ubicado a unos cinco kilómetros de la localidad becerrileña, lucirá un aspecto remozado. Tras presentar la memoria de actuaciones, será el turno de solicitar presupuestos a las empresas de Becerril y de otra de fuera para elegir a quien se hará cargo de las obras.
Con esta noticia, se dio por concluida la eucaristía que se celebró  en la explanada trasera de la ermita, presidida por una gran y rústica cruz de madera y con la presencia del coro parroquial. Durante la misma, se procedió a hacer una ofrenda floral al Cristo, en la que tomó parte la hija del ermitaño que durante años se encargó del cuidado de este templo y ante decenas de becerrileños y vecinos de otros pueblos de la comarca. En ella, se pidió la protección del Cristo para los niños, jóvenes, adultos, las personas mayores y por las vocaciones, así como la protección y bendición de los campos «para que las simientes den buenos frutos» y así garantizar el futuro de estos pueblos agrícolas y ganaderos. El párroco becerrileño se refirió así a la despoblación y a la España Vaciada como uno de los problemas más acuciantes del medio rural. Y mientras unos asistían a la eucaristía otros aprovechaban para visitar los puestos instalados frente a la ermita, tomar el aperitivo en la barra instalada en el atrio y saludar a sus convecinos. Una vez acabada la misa y después de una pequeña confusión sobre hacia dónde hacer la cola para recibir el pan y el queso, comenzó el reparto de las cerca de 2.000 raciones. 
Las damas y caballeros castellanos que representan a la juventud becerrileña fueron los encargados de repartir los trozos de pan y queso para cumplir con una tradición que nació en el siglo XVIII. Las carreras de galgos, las degustaciones, la música y el toro de fuego pusieron punto final a la jornada festiva.