Los partidos sumarán un edil con menos de 1.846 votos

Carlos H. Sanz
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Los partidos sumarán un edil con menos de 1.846 votos

PARTICIPACIÓN. Una previsible caída de la participación respecto al 28-A, que fue del 79,24% en la capital, rebajará esa cifra aún más, ya que nunca una cita municipal ha movilizado tanto al electorado

En menos de 15 días los palentinos eligen a las 25 personas que ocuparán los sillones del salón de plenos del Ayuntamiento los próximos cuatro años, así como al alcalde de la capital hasta 2023. Nueve candidaturas luchan por sumar los suficientes espacios en la corporación capitalina para ser capaces de poner en marcha su proyecto de ciudad, un número inusualmente elevado de candidatos, sobre todo porque hasta seis formaciones pueden obtener representación el día 26.
Con la última información de la que disponemos, es decir, los resultados de las elecciones generales del pasado 28 de abril, cualquiera de los partidos que sume al menos 1.846 votos puede obtener un acta de concejal, pero lo más probable es que la mayor fragmentación del espectro político -especialmente en el centroizquierda- y, sobre todo, una previsible caída de la participación -la de abril fue del 79,24% en la capital- rebajen esa cifra aún más si cabe.
De hecho, el número final de votantes que acudan a las urnas del día 26 puede rebajar hasta los 1.257 votos el mínimo exigido para entrar en la corporación municipal. Ya ha ocurrido antes, en mayo de 1991, cuando la ciudad vivió un escenario político muy similar, donde la fractura del espectro político terminó por configurar un Ayuntamiento con representantes de cinco partidos: PP, PSOE, IU, CDS y Agrupación Palentina Popular.
Aquella corporación, gobernada por el socialista Heliodoro Gallego, fue la que exigió a los partidos menos votos para obtener un acta, 1.257, debido también en gran medida a que la participación cayó hasta el 62,3%, la más baja de cuantas elecciones municipales se han celebrado desde 1987, que es la fecha a partir de la cual el Ministerio ofrece datos.
Tal y como se ha explicado anteriormente, la participación en las elecciones del pasado 28-A en la capital fue del 79,24%, pero nunca una cita electoral de ámbito municipal ha movilizado a tanto electorado. 
Solo las de mayo de 1995 y junio de 1987 registraron una participación por encima del 70%; del 71,1 y 71,4%, respectivamente, para ser exactos. De hecho, la participación media de los ocho comicios municipales celebrados desde 1987 es del 67,16%, lo que supone que los partidos se han repartido un promedio de 43.094 papeletas.
Este dato es importante de cara al 26-M porque marcará la barrera a partir de la cual los partidos pueden entrar en el reparto de actas. En España el sistema electoral para las municipales, establecido por la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg), se basa en la votación mediante listas cerradas y la asignación de concejales siguiendo el sistema D’Hondt. 
El umbral electoral exigido a cada candidatura para obtener representación es del 5% de los votos válidos emitidos, un límite que en el caso de la capital ha variado entre los 1.802 y los 2.360 votos en las distintas citas electorales, situándose la media en las 2.130 papeletas, números que, obviamente, dependen de la participación.
En un escenario con nueve candidaturas, seis de las cuales tienen opciones reales de entrar en el Consistorio según los resultados del 28-A, una elevada participación supondrá un problema para Ganemos y Podemos.
La coalición Unidas Podemos, formada por Izquierda Unida, Podemos y Equo, obtuvo en las generales 4.916 votos, pero a la cita del 26-M concurren por separado, Izquierda Unida integrada en la plataforma Ganemos Palencia, y Podemos bajo su marca. 
La forma en la que esos 4.916 palentinos repartan sus votos entre las dos formaciones puede determinar que una se quede fuera por no superar la barrera del 5%. De hecho, podría incluso tener más votos de los necesarios para obtener alguna de las últimas 25 actas pero no derecho a entrar en el reparto, ya que con participaciones por encima del 70%, esa barrera estará por encima de los 2.100 votos con total seguridad.
la incógnita del voto útil. El mecanismo del voto útil también funciona en las elecciones municipales. En cinco de las ocho citas electorales celebradas desde 1987, el reparto de papeletas se ha concentrado en las dos principales fuerzas políticas, Partido Socialista (en 4 ocasiones) y Partido Popular (en una). 
Históricamente ha sido muy difícil que las fuerzas minoritarias obtengan una amplia representación en el Ayuntamiento y, de hecho, solo Izquierda Unida puede presumir junto a PP y PSOE de haber obtenido una o dos actas (en 1987 y 1995) de la corporación en todas las citas con las urnas de la capital.
Pero al mirar atrás también se comprueba que en escenarios de fragmentación política, el salón de plenos ha abierto sus puertas a otros partidos. Ocurrió en junio de 1987, cuando PP (entonces Alianza Popular), PSOE, CDS e IU compartieron bancadas; y en 1991, cuando a ellos se sumó la escindida Agrupación Palentina Popular. También en 2015, cuando Ciudadanos obtuvo tres ediles.
Todo hace pensar que los resultados del próximo 26 de mayo irán por esta línea, y la próxima corporación estará compuesta por cinco o seis partidos, tres de ellos de centroderecha (Vox, PP y Cs) y tres de centroizquierda (PSOE, Ganemos y Podemos). 
La proyección de los resultados de las elecciones generales para las municipales ya dejaba entrever que Vox puede sumar tres ediles pero es una incógnita lo que hará su electorado, en gran parte procedente del PP, ante la victoria socialista del 28-A. ¿Preferirán votar a Alfonso Polanco para asegurar la victoria del centro derecha? 
Lo mismo ocurre en el centro izquierda, ¿preferirán los votantes de Ganemos y Podemos concentrar sus votos en la candidatura de Miriam Andrés para asegurar un gobierno de izquierdas? Dicho de otra forma, ¿arrastrará el resultado de las elecciones generales al electorado capitalino al voto útil?
Estas y otras preguntas se resolverán la noche del próximo día 26. Por ejemplo, el impacto en votos de cómo los ciudadanos valoran el gobierno de Alfonso Polanco a lo largo de los últimos cuatro años. Un voto de castigo podría reducir el número de ediles del PP y aumentar el de Ciudadanos, Vox e, incluso el PSOE; o bien las papeletas pueden premiar su acción política, lo que debilitaría, sobre todo, al partido naranja. 
sin mayoría absoluta. El escenario vuelve a ser tan incierto -el viernes el sondeo del CIS situaba por encima del 30% el número de indecisos- que a día de hoy ningún partido cuenta con obtener una ansiada mayoría absoluta.
Durante 20 años, entre 1995 y 2015, el Ayuntamiento estuvo gobernado por un partido con 13 o más concejales, en dos ocasiones el PP con Marcelo de Manuel (1995) y Alfonso Polanco (2011), y en tres el PSOE, con Heliodoro Gallego.
Sin embargo, a día de hoy ninguno de los dos ve posible sumar 13 ediles de una mayoría absoluta. Fuera de micrófono, todos los partidos consideran que la obtención de 10 concejales les daría el bastón de mando, y que con 8 podrían gobernar en virtud de los posibles pactos. 
El Partido Popular ha obtenido entre 12.567 y 21.383 votos en las últimas ocho citas municipales, una horquilla muy amplia que, no obstante, le ha asegurado siempre entre 10 y 14 concejales. De hecho, a los populares les ha costado un asiento en el salón de plenos entre 1.257 y 1.682 votos, 1.537 de media.
Históricamente, el precio medio de cada acta es de 1.703 votos. La más barata fue en mayo de 1991, donde cada edil costó 1.442 votos, y la más cara, en mayo de 2003, con 1.888 votos por munícipe.
Así, al PSOE le ha bastado conseguir entre 12.875 y 23.296 votos para conseguir de 8 a 13 ediles; con un coste medio de 1.582 votos para cada acta; y a Izquierda Unida (incluida Ganemos), entre 2.300 y 7.053 votos para 13 ediles, por lo que el coste medio de cada uno de sus ediles es de 2.250 sufragios. A Ciudadanos, sus tres concejales actuales le supusieron un coste de 1.463 votos cada uno.
la elección de alcalde. Con este panorama, conviene tener muy claro de cara a la noche del 26 de mayo la forma en la que se elige al alcalde. La ley dice que pueden ser candidatos todos los concejales que encabecen sus correspondientes listas. 
El día de la constitución de los Ayuntamientos -el 15 de junio- se realizará una votación y si alguno de ellos obtiene la mayoría absoluta de los votos de los concejales es proclamado alcalde electo. Si ninguno de ellos obtiene dicha mayoría no hay segunda votación, sino que es proclamado alcalde el concejal que encabece la lista que haya obtenido mayor número de votos en el municipio. En caso de empate se resolverá por sorteo.
Tal y como explicó DP tras las generales, si el reparto de votos el próximo 26 de mayo fuese exactamente igual al que se produjo el 28-A, la candidatura socialista obtendría 16.613 votos que le otorgarían nueve asientos en la próxima corporación capitalina, uno más que en la actualidad. De nuevo, el gran derrotado de esa hipotética noche sería Alfonso Polanco, ya que con 13.583 votos solo sumaría siete munícipes, tres menos que en la actualidad. Ciudadanos se alzaría tercera fuerza política en el Ayuntamiento con cuatro concejales, uno más que ahora, gracias a sus 8.206 votos; mientras que Vox entraría en la política municipal con tres asientos en el salón de plenos y Ganemos y Podemos se deberían repartir las dos actas que les corresponderían según los votos de Unidas Podemos.
En este escenario, tal y como se tituló aquel día, Miriam Andrés dependería de Ciudadanos para ser alcaldesa, aunque también sería posible un pacto a la andaluza (PP+Cs+Vox) que conformaría un ayuntamiento de centroderecha, aunque habría que ver con qué alcalde.
Por tanto, siempre hay que tener muy presente el método de elección del alcalde. En todas las citas electorales celebradas hasta ahora excepto en una, el regidor ha tomado posesión del bastón de mando respaldado por el apoyo de la mayoría absoluta de los votos de los concejales excepto en una. 
Fue en la primera corporación democrática, y lo recordaba recientemente el periodista Julián García Torrellas. La composición de aquella corporación fue la siguiente: UCD sumó 11 concejales; el PSOE, 9; el Partido Comunista (PCE) obtuvo 3 ediles y Coalición Democrática (CD), 2.
Los candidatos fueron Francisco Jambrina (UCD) y Miguel Valcuende (PSOE). La candidatura del PSOE tuvo el apoyo del PCE y la de UCD, la de la Coalición Democrática, pero hubo un concejal que se abstuvo y se produjo un empate, por lo que Francisco Jambrina fue nombrado alcalde al ser el candidato de la lista más votada. 
«¿Qué ocurrió? Pues que un concejal de los dos de Coalición Democrática votó en blanco. Aunque el voto es secreto y no se sabe quién fue, es difícil creer que pudiera haber sido algún concejal de la UCD, por lo que lo más seguro es que fuese uno de los dos concejales de CD: Juan José Cot (independiente) o Jesús Mañueco (AP)», detalla García Torrellas.