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Marea solidaria contra el virus

Rubén Abad
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Los vecinos del medio rural confeccionaron mascarillas caseras y otros elementos de protección ante la ausencia de medios. El sector primario jugó un papel destacado en la desinfección de los pueblos. Los ayuntamientos se volcaron con los niños

Marea solidaria contra el virus

Palencia, 14 de marzo de 2020. Pedro Sánchez activaba el segundo estado de alarma en Democracia, inicialmente por un período de 15 días y que finalmente se prolongaría durante tres meses. En aquellos primeros días las mascarillas todavía no eran obligatorias, de hecho no lo fueron hasta el 21 de mayo, pero los palentinos comenzaban a familiarizarse poco a poco con esta protección facial hasta entonces reservada casi en exclusiva a los sanitarios. En aquella etapa inicial muchos ciudadanos debieron sentirse como Tom Cruise en Misión Imposible, pues llegaban a cuentagotas y rápidamente se esfumaban. Afirmar que resultaba difícil hacerse con una en la farmacia, es quedarse corto.


En este contexto los palentinos se pusieron manos a la obra y confeccionaron con lo que tenían a mano los equipos de protección que no encontraban en el mercado. Una gran marea solidaria que recorrió la provincia de norte a sur, y es que los vecinos del medio rural siempre se las han ingeniado para salir adelante ante situaciones adversas. Salir adelante sea cual sea la situación va en su ADN y así lo volvieron a demostrar, confeccionando de manera totalmente artesanal mascarillas que distribuyeron en centros de salud, residencias de mayores, comercios, trabajadores esenciales y gente de a pie.


Con grandes dosis de paciencia, pasión,  generosidad y demostrando un gran sentido de la responsabilidad por ayudar a quienes más lo necesitaban en aquellos momentos de incertidumbre, elaboraron materiales de protección rudimentarios con sábanas de algodón como las que usaban sus abuelas y retales de tela que acompañaban con gomas de la mercería y, cuando estas se acaban, lazos de raso. Una estampa que se repitió, entre otros pueblos, en Villamuriel de Cerrato, Guardo, Saldaña, Grijota, Velilla del Río Carrión, Barruelo de Santullán, Astudillo, Frómista, Villoldo o Cisneros, por citar solo algunos ejemplos. La escasez de medios era tal que algunos las complementaban con salvaslip y todo tipo de filtros con la idea de aumentar la protección. Asimismo, numerosos ayuntamientos repartieron mascarillas y material preventivo entre sus vecinos de todas las edades.


Los makers palentinos también se sumaron a la oleada de solidaridad que se vivió en la provincia por aquellas fechas. Muchos de ellos adaptaron sus impresoras 3D para elaborar patillas para pantallas protectoras, salvaorejas y todo tipo de complementos a base de plástico para hacer frente al virus. 


Lo mismo ocurrió con muchas empresas, asociaciones, colectivos, cofradías e instituciones, tanto de la capital como de la provincia, que ponían los medios que tenían a su alcance a disposición de quienes estaban luchando frente a frente contra un virus tan desconocido como letal. Respiradores, ozonizadores, material sanitario, mamparas, pantallas protectoras, hidrogel, felpudos desinfectantes y termómetros digitales son solo algunos ejemplos de la solidaridad de los palentinos, que también donaron dinero en metálico para las ONG que ayudaban a los más castigados por la Covid-19.


DESINFECCIÓN Y COMIDA

Los agricultores y ganaderos se demostraron imprescindibles no solo para mantener abastecidos a los supermercados, también para frenar la expansión del coronavirus en el medio rural. Con sus tractores, y robándole horas a sus descansos y a la familia, estos héroes anónimos de buzo verde recorrieron calle a calle sus pueblos a lomos de  sus tractores, a los que acoplaron nebulizadores con los que pulverizaron hipocloruro sódico diluido en agua para combatir contra este enemigo invisible. Un trabajo altruista que hicieron a diario, los fines de semana y los festivos, sin poner ni un pero a los ayuntamientos que les reclamaban su colaboración y volcados en una limpieza y desinfección que ayudó a salvar muchas vidas.


Unas tareas de desinfección a las que también se sumaron varias empresas de forma totalmente desinteresada, que ayudaron a dejar en perfecto estado de revista para el servicio a la ciudadanía los vehículos de Guardia Civil, Policía o Cruz Roja, entre otros ejemplos. 


Por si esto fuera poco, se instalaron puntos de avituallamiento como el street food de la N-610, a la altura de Villarramiel, donde se ofrecían productos de primera necesidad a los héroes de la cuarentena: cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sanitarios, transportistas y trabajadores esenciales. También hubo quienes se preocuparon de llevar a los niños los deberes a casa y a los mayores sus medicinas, caso de Saldaña, o quienes hicieron la compra de forma altruista a los mayores que no podían salir de casa.


Palentinos de todas las edades que se volcaron en los demás en uno de los momentos más duros y difíciles de la historia reciente, como también lo hicieron a través del reparto de productos agroalimentarios de la tierra, como lechazos (con los que también se ayudaba a los ganaderos, que no encontraban salida en el mercado para sus animales), leche y queso.


CON LOS MÁS PEQUEÑOS

Los palentinos también se volcaron con los más pequeños, para los que no escatimaron esfuerzos para que su confinamiento fuera lo más llevadero posible. Así, la Policía Local de Palencia puso en marcha la Patrulla Bambi, que felicitó el cumpleaños a 138 niños. Una acción que se repitió en Guardo, donde la felicitación corrió a cargo de la Policía Municipal, los bomberos y la Patrulla Ciudadana. En Villamuriel de Cerrato fue la Guardia Civil la que felicitó a un pequeño con discapacidad intelectual.


La localidad villamurielense también repartió un pack infantil con gel, toalla higienizante, ajustador de mascarillas, portamascarillas y estuche; y Cervera de Pisuerga, material de entretenimiento y un diploma por buen comportamiento (gesto que se repitió por toda la geografía provincial), por citar dos ejemplos.