Una nueva crisis en el horizonte

ÁLVARO LODARES
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Estamos al comienzo de una desaceleración, pero podría acabar siendo una recesión

Estamos ya en plena campaña electoral y me preocupa no escuchar ninguno de los grandes retos que, en mi opinión, tiene España para nuestro futuro más próximo. Creo que estamos asistiendo a una campaña bajo dos doctrinas igual de primarias: la Reconquista y el No pasarán. 
En primer lugar, vemos cómo ya marcan todos los datos una desaceleración económica general que también toca a España. Alemania ha rozado la recesión, Italia está en ella, Francia tiene dificultades, por no hablar de la situación británica. En principio es eso, el comienzo de una desaceleración, pero muy bien podría suponer una nueva recesión económica en el 2020-21 si no hacemos nada para remediarlo. 
Por un lado (el de la izquierda), se nos dice que podemos seguir elevando el gasto con medidas electoralistas y que eso no va a tener ningún tipo de repercusión en nuestra economía, cosa falsa. 
Por el otro (el de la derecha), se nos dice que la primera medida que se tomaría al llegar al Gobierno sería bajar todos los impuestos, sin decirnos en el mismo momento qué gastos reducirían para que las cuentan cuadren. Otra promesa absolutamente fuera de la realidad por tanto. 
Y, además, en el lado de la derecha tenemos un extremo que simple y llanamente lo que pone encima de la mesa no son más que medidas inconstitucionales. Pero eso es el populismo, plantear propuestas que pueden sonar bien a un determinado porcentaje de gente que acuda a las urnas desinformada y se crea que todo lo que prometen se puede cumplir. Eso es como digo el populismo: plantear soluciones aparentemente sencillas a problemas complejos. 
España tiene una deuda que ya ronda el 100% del PIB y nadie dice cómo la va a reducir. España (con alguna reforma interesante que se ha hecho en los últimos tiempos, pero sin llegar a acabar), cada vez que tiene una crisis, crea más paro que el resto de los países de nuestro entorno. 
Necesitamos una reforma laboral completa, que rompa con las ya muy antiguas rigideces de nuestro mercado laboral, entre otras cosas, el problema de la dualidad. 
España precisa de una reforma en nuestra fiscalidad, que está llena de agujeros y no consigue su objetivo. Y ese cambio no consiste en medidas aisladas, sino en tomar decisiones importantes que supongan un paquete completo en el camino del reformismo. España necesita una reforma territorial que no debe ir en el camino de la recentralización como piden algunos. Ese camino sería primero muy contrario a nuestra propia Historia, y segundo, peligrosísimo de abrir. 
La situación catalana, para decir las cosas claramente, no es nueva. Cualquiera que haya leído algo de Historia lo sabe y el camino debe ser respetar la diversidad de, en mi opinión, esta nación de naciones. 
Los que hayan estudiado a José Ortega y Gasset, Claudio Sánchez-Albornoz, Carlos Seco Serrano o Jaume Vicens Vives, saben de la complejidad del tema, y que dar marcha atrás hacia la centralización del Estado sería, como digo, una gravísima equivocación. 
Como decía Ortega, el asunto catalán no es solucionable. Es conllevable y hacia ahí debemos ir. Nuestro sistema debe transitar hacia un federalismo competitivo que dé responsabilidad a la vez en gastos y en ingresos a las comunidades autónomas. 
No escucho a nadie proponer estas reformas ni hablar de estas cosas: nadie habla de la desaceleración económica que puede llegar a suponer una recesión en 2020-21, nadie habla de reformas en nuestro mercado laboral, nadie habla de reformas fiscales, ni de reformas territoriales, ni de algo que ya tenemos aquí y a quien no lo sepa ver le pillará en fuera de juego: la revolución tecnológica. 
Estas son reformas más que necesarias para modernizar el país y que no estemos en no mucho tiempo sobre una nueva recesión. Que nadie diga en esta ocasión que ningún economista había avisado. Aquí queda dicho.