Anhelo de nuestros amigos los caballos

DP
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En el Facebook del rejoneador burgalés Óscar Borjas se sortea el día 25 una potra de dos años de la yeguada palentina Valle de Pujedo, de pura sangre lusitano, a beneficio del Caupa

Anhelo de nuestros amigos los caballos

La primavera, ajena a la crisis sanitaria, sigue su curso y el milagro de la vida se repite un año más durante esta estación en la yeguada Valle de Pujedo de caballo pura sangre lusitano, en Cascón de la Nava, donde ya han nacido siete potros, según explica desde la explotación y el centro ecuestre La Nava de Haras María Victoria Rodríguez, técnico deportivo en equitación, educadora social y terapeuta. También da cuenta de una acción solidaria, un sorteo que promueve el rejoneador burgalés Óscar Borjas en su Facebook todos los sábados en directo y que el día 25 de abril tendrá como protagonista a Olya de Pujedo, una potra de dos años que dona esta yeguada palentina. Los beneficios irán destinados al Complejo Asistencial de Palencia (Caupa).
El estado de alarma «no ha afectado en gran manera» a la yeguada, dado que tienen permiso para que vaya una persona a atender las yeguas al prado y cuando se han tenido que traer a casa se ha hecho por urgencia vital. «Los nacimientos se han producido con normalidad y todos los potros están sanos», señala María Victoria Rodríguez a Diario Palentino.
Otra historia es el centro ecuestre, con el servicio de equinoterapia y la escuela de equitación deportiva.  Desde el 15 de marzo ninguno de los niños va a la cuadra, aunque a aquellos con discapacidad se les envía audios y vídeos. «Nos planteamos que cuando se empiece a levantar el confinamiento y haya alguna posibilidad, puedan venir de uno en uno, porque la verdad, se te saltan las lágrimas cuando hablas con ellos», afirma Rodríguez, y es que con algunos, como dos hermanos con síndrome x frágil, llevan once años. «Les permite hacer un deporte. El caballo hace parte de su gimnasia por ellos al transmitir unos 110 movimientos musculares al jinete por minuto», explica la terapeuta, que añade que «cuando los subes encima del caballo -la primera vez están muy asustados por lo general-, la posición  por encima de las cabezas y los adultos les hace sentirse en otra postura». También se les enseña, poco a poco, cómo manejar al animal, siempre con todas  la medidas de precaución porque, aunque están muy domados y son muy mansos, «hay que tener cuidado y pueden tener reacciones». «Van aprendiendo a darles órdenes y es súper importante para ellos».
Los objetivos con estos niños son «a muy largo plazo», y cualquiera que diga que la hipoterapia hace milagros «engaña, porque no es verdad; sí que tiene beneficios, pero tampoco se consiguen objetivos grandísimos. Es muy poquito a poquito, a largo plazo. Se trabajan objetivos educativos, de autoestima, de voluntad, de capacidad», aclara María Victoria Rodríguez. 
Esta parada lo que provocará  será un  bajón en la capacidad muscular que necesitan tener para montar a caballo y habrá que «volver a empezar muy  poco a poco hasta que recuperen, con la ventaja de que ahora el conocimiento de lo que tienen que hacer ya lo poseen, pero la capacidad muscular hay que recuperarla y ser prudentes al principio», incide. La misma dificultad la tendrá el  resto de niños. «La condición muscular -afirma Rodríguez- se pierde enseguida. Cuando se lleva mucho tiempo sin montar se está un poco bajo mínimos, como en cualquier deporte».
Como enumera la también técnico deportivo en equitación, la crisis sanitaria ha hecho suspender las competiciones, un calendario que suele comenzar a finales de febrero o primeros de marzo. «Esto afecta, sobre todo, a la motivación de los jinetes. Los chavales que están en la escuela, parte importante para querer más, aprender, esforzarse y trabajar es que van a competir y ven el resultado», señala Rodríguez, que agrega  que «la competición es muy importante para la motivación, y la utilizamos mucho a nivel educativo». «Todo este tiempo sin montar, sin trabajar, a ver cómo vienen, cómo recuperamos todo eso y volvemos a motivarles a empezar a trabajar», expone.
En cuanto a cómo perjudica la crisis sanitaria a  los caballos, María Víctoria Rodríguez comenta que tienen prohibido montarlos  -«tendrá que ver con que no nos caigamos y se saturen las urgencias de los hospitales»-, aunque sí que tienen una rutina, que es  trabajarlos a pie. «Hacer que no pierdan su musculatura es ahora nuestro trabajo. El nivel de exigencia ni mucho menos es el mismo que el habitual», concluye.