El Nobel de la cata

Maricruz Sánchez (SPC)
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El Nobel de la cata

Ser elegida la pareja de mejores 'narices' del concurso. Esa es la meta de los 120 dúos inscritos en el Premio Vila Viniteca, un certamen que este año reunirá el 24 de marzo a los mayores expertos en vinos de todo el mundo

Distinguir un cava en concreto, un espumoso determinado, una rareza enológica prácticamente indescifrable llegada desde cualquier punto de España o, incluso, procedente de otras latitudes como Francia, Italia y hasta el Líbano. No es fácil adivinar qué vino hay en una copa solo por su aroma, color, textura y sabor. Existen infinitas posibilidades, pero un grupo de valientes está dispuesto a demostrar que es capaz de lograrlo o, por lo menos, de intentarlo, alzándose si lo consiguen con una distinción que los expertos consideran el Nobel de los paladares en el universo de los caldos. Una batalla en la que se darán cita el 24 de marzo las mejores narices del sector, y que este año alcanza su décimo segunda edición: el Premio Vila Viniteca de Cata. 
El prestigioso certamen, que alterna Madrid y Barcelona como sedes, se celebrará este año en el casino de la capital con 120 parejas participantes. Un nutrido grupo de osados que, no obstante, parece quedarse corto, si se tiene en cuenta que las plazas se agotaron en solo cinco minutos en la presente convocatoria, previo pago de los 200 euros que cuesta cada una. Este nuevo récord -el pasado año el aforo se completó en apenas 20 minutos- denota el interés creciente de los amantes del vino por el galardón mejor dotado económicamente en su categoría: 40.000 euros para los tres dúos victoriosos.
De hecho, todas las cifras que arroja el Premio Vila Viniteca de Cata son abultadas, ya que en 2018 se utilizaron 2.700 copas y se descorcharon casi 300 botellas, mientras que la feria que se celebra en paralelo atrajo a más de 1.500 personas que disfrutaron de 117 tipos de quesos y bebidas de más de 60 bodegas.
«Por eso, porque la logística y la operativa son muy complicadas, no podemos ampliar el cupo de participantes aunque haya mucha demanda; no queremos alcanzar ningún Guinness», explicaba hace unos días Quim Vila, copropietario de la distribuidora de vinos Vila Viniteca y coimpulsor del certamen junto con su socio Siscu Martí.
Entre los 240 catadores, que deben consensuar a dúo el país, la zona de origen, la Denominación, las variedades de uva, la añada, el elaborador y la marca de siete caldos en la fase clasificatoria y de otros tantos en la final, hay desde gente que se prepara a conciencia durante todo el año y que va a ganar a los que buscan disfrutar y dialogar porque es una fiesta del vino. Así, algunas de las parejas concursantes, entre las que hay fieles desde la primera edición, han montado pequeños clubes de cata.
Con los caldos propuestos para este año -normalmente un espumoso, dos blancos, tres tintos y un generoso-, «aunque eso puede cambiar», advertía Vila, no buscan «crear tendencias en el consumo», pero sí ayudar a descubrir «alguna joyita». Y es que, según reconocía este empresario, rostro visible de una firma que muchos expertos califican como una de las catedral mundiales de los caldos y que arrancó su andadura como una tradicional tienda de ultramarinos en 1932 en el barrio del Born de Barcelona, con este premio lo único que buscan es apostar por un sector que, lamentan, aún no cuenta con suficientes consumidores en España, un país que está a la cola en gasto por habitante en vino, pese a ser «el segundo o tercer productor, en función de las cosechas», señaló.