La única fragua

Laura Burón
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El taller de Inmaculada Amor combina escultura, joyería contemporánea y forja artística a través de la radición, sin dejar de lado la originalidad e innovación

La única fragua

Mujer, artesana y palentina. Inmaculada Amor regenta el único taller de forja artística y escultura de la capital, diferenciado de la labor del herrero tradicional. Su pasión le viene desde muy pequeña influenciada en mayor medida por su padre y principal maestro. Enfocó su educación al mundo de las artes plásticas, por lo que estudió en la Escuela de Artes de Palencia y, posteriormente, realizó el Bachillerato de Artes, para proseguir en Valladolid en Artes aplicadas a la Escultura, con trabajos en diferentes talleres a partir de materiales varios. No obstante, reconoce que el principal maestro en forja ha sido su padre, aunque haya compaginado varios estudios con la ayuda en el taller familiar.
Desde el año 2000, hasta la jubilación de su padre en 2017, colaboró como diseñadora y escultora en el taller familiar de forja artística, donde combinó su trabajo con la realización de esculturas, trofeos y galardones.
Su carrera comenzó a coger vuelo en el año 2002, al realizar su primera escultura pública, Monumento al Herrero de Mazariegos, situada en la rotonda del Ayuntamiento de dicha localidad. La obra, fabricada en hierro, se caracteriza por fusionar el estilo figurativo y conceptual en dos metros de alto.
Con la jubilación de su padre en 2017, Inmaculada Amor fundó su propio taller en el que «intenta mantener la forja artística al mismo tiempo que conjuga la escultura y la joyería contemporánea», explica. Además, deja clara la diferencia con el herrero, al centrarse en la «rehabilitación de herramientas del campo», mientras que ella se dedica «a la forja artística en la parte decorativa y plástica, aunque sepa arreglar herramientas», añade.
Amor detalla que «elabora toda la pieza, desde el diseño y los acabados hasta la fabricación final». Supone «una seña de identidad», que la diferencia del resto, ya que puede realizar al cliente cualquier pieza a medida. Candelabros, lámparas, barrotes, trofeos o restauración a medida son algunos ejemplos de los trabajos que realiza en este ámbito.
Pérdida de lo artesano. «Todo se resume en la oferta y en la demanda», asegura  y añade que «hay que conocer y entender cualquier oficio artesano», ya que, aparentemente, «una lámpara de hierro forjado puede costar 1.000 euros, mientras que otra tiene un precio de 300 euros. Ambas van a cumplir la misma función, pero no son iguales», dado que una de ellas es industrial y «no posee nada de forja, con material incluso similares al hierro o plásticos», recalca Amor.
En este sentido, puntualiza que «habría que conocer realmente lo que se quiere comprar para poder comparar. Cuando se intenta copiar los oficios artísticos se usa otro tipo de materiales y técnicas para que lleguen a un precio muy barato al consumidor». Esto provoca que la calidad se «pierda por el camino», sin olvidar la «estandarización de los diseños», que conlleva a su vez, la pérdida «del valor añadido de las piezas únicas realizadas por los artesanos», asevera.
Inmaculada Amor también ha realizado un Grado en Diseño y en Joyería, con el objetivo de poder desarrollar su creatividad, para compaginarlo con la escultura y la forja. Sus piezas no solo tienen un sentido estético, sino que poseen un trasfondo. La artesana afirma que está «muy concienciada con el medio ambiente», por lo que intenta reutilizar todos los restos de hierro, plásticos u otros materiales para darles una segunda vida, aunque reconoce que «todas las piezas de joyería tienen siempre un sentido».
Talleres formativos. Además de su labor como artesana en la forja artística, en la decoración y en la joyería contemporánea, Inmaculada Amor también imparte cursos. Su perfil se adapta a cualquier nivel y exigencia, ya sea un taller familiar, artesanos o universitarios, por lo que desarrolla unas clases específicas.
Entre los últimos recuerda el llevado a cabo en Lisboa, donde la contrató una empresa concienciada con eliminar todo tipo de residuos plásticos de un solo uso. Dicho taller «iba orientado a 140 ejecutivos con el fin de fomentar la sostenibilidad», destaca Amor.
Por ello, el curso trató sobre «joyería sostenible con vasos de yogures reutilizados a través de una transformación de ese recipiente en una caracola». Con ello, cada alumno debía de «realizar una composición orientada en los fondos marinos y en las playas, a partir de elementos como la arena o conchas». Una forma de «fomentar la creatividad de cada alumno, dado que cada elemento era aglutinado y sellado con pegamento, cuyo resultado eran composiciones propias de la mano de la creatividad e ingenio individual», apunta. Una actividad fundamentada en el «respeto al planeta con la idea de reutilizar todo lo posible», por lo que además, entregó a cada participante plásticos reutilizados de impresoras 3D para personalizar aún más cada diseño.



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