Mujeres policías que velan por la seguridad de Palencia

ALBERTO ABASCAL
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Mujeres policías que velan por la seguridad de Palencia - Foto: Á“scar Navarro

Los ascensos, la equiparación social y la conciliación de la vida profesional y familiar siguen siendo en la actualidad los retos y demandas más importantes cuando se cumplen 40 años de su incorporación al Cuerpo Nacional de Policía

La Policía Nacional fue la institución pionera en la incorporación de personal femenino hace 40 años. Desde que en 1979  pasaran a formar parte de la Policía las primeras 42 mujeres, su número no ha dejado de crecer y, hoy en día, ya son más de 9.000 agentes. En la actualidad, hay siete comisarias principales, 28 comisarias, 163 inspectoras jefe, 675 inspectoras, 537 subinspectoras, 1.053 oficiales y 6.525 agentes de la Escala Básica. La incorporación de la mujer supuso un hito en España y en la historia de la Policía, siendo hoy el cuerpo de seguridad con mayor porcentaje femenino en España.
Palencia está fielmente reflejada en estos datos, puesto que la Comisaría provincial de la avenida Simón Nieto alberga a 23 policías nacionales y a otras tres en periodo de prácticas, dentro de una plantilla global de 171 efectivos, lo que supone el 15,20% del total, un porcentaje que se sitúa por encima de la media nacional que está en el 14,2 por ciento.
Las más veteranas en la Comisaría de Palencia son Ana Centeno y la subinspectora María José Medina, con 32 y 31 años de experiencia profesional, respectivamente. De hecho, pertenecen las primeras promociones de agentes femeninos que salieron de la Escuela de Ávila. «Los inicios no fueron fáciles porque, queramos o no, hemos formado parte de una sociedad machista, cada vez menos, pero lo hemos tenido que sufrir indudablemente», reconocía María José Medina, adscrita a la oficina de denuncias.  Ana Centeno, cuya misión es la de hacer de portavoz con los medios de comunicación además de encargarse de las labores de intendencia, suscribe las afirmaciones de su compañera.
La jefa de la Brigada de Extranjería y Fronteras, la inspectora jefe Paloma Doncel, perteneciente a la octava  promoción, considera que con el paso del tiempo «la cosa se ha ido suavizando. Ahora veo mucha más aceptación del papel de la mujer dentro de un Cuerpo como es el nuestro, el de la Policía Nacional». «Estamos mucho más aceptadas, aunque hasta no hace muchos años sufrimos muchas conductas machistas». recalcó la comisaria provincial, Montserrat Marín.
Entre las grandes aportaciones de la mujer al Cuerpo Nacional de Policía, a juicio de Paloma Doncel, está el hecho de que «nuestra mediación llega más a las personas. Confían más en nosotras cuando vienen a la Comisaría o en las actuaciones que nos corresponda. Tenemos más empatía».

Desde que en el año 1911 se celebrara por primera vez el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y hasta que en el año 1975 la ONU declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, la lucha por el reconocimiento y por incorporarla a una sociedad plural e igualitaria, donde su género no la limitara no ha cesado hasta la actualidad. Fruto de esta superación, en el verano de 1979, ingresaban en la Escuela General de Policía 42 inspectoras. Seis años más tarde, las mujeres accedían también a la Escala Básica, lo cual supuso un hito de igualdad en nuestro país, siendo la primera institución armada del Estado en hacerlo. Un hecho con enorme trascendencia y que marcaría el devenir de una sociedad plural e igualitaria que reconocería hasta nuestros días la presencia de la mujer en todas las especialidades y niveles de responsabilidad de la Policía Nacional.
Desde su incorporación a esta institución, las mujeres han ido integrándose plenamente en todas las especialidades policiales, desde los distintos grupos de prevención o investigación a las áreas más operativas de policía judicial, pasando por distintas secciones de policía científica, como ADN, acústica forense o inspecciones oculares. Desde hace años las agentes también forman parte de unidades más especializadas de seguridad ciudadana a nivel nacional, como las más de 45 mujeres de las Unidades de Intervención Policial (UIP), las más de 120 de la Unidad Central de Protección (UCP), las más de 40 de Caballería, y la treintena de Guías Caninos o la decena de agentes de la Unidad de Subsuelo (últimos datos aportados).
Dos agentes expertas, con un currículum intachable y admirable son María Antonia Núñez y Carmen Celada, adscritas a la Comisaría provincial, pero que buena parte de su trayectoria profesional la desempeñaron en los Grupos de Intervención, los popularmente conocidos como grupos antidisturbios, aunque sus misiones iban más allá como la ejecución en los países de origen de los ciudadanos expulsados del territorio nacional, entre otros. «Cuando llegué a Barcelona en la década de los 90 la tarea para mí no fue fácil, pero poco a poco me fui ganando a la gente. En cualquier caso, nuestras unidades, por sus características especiales, están diseñadas para una labor en grupo y sin fisuras. El compañerismo está a la orden del día y no hay tiempo para otras disquisiciones. Hay que tener en cuenta que estábamos en el lugar del conflicto en el que teníamos que mediar, como en las manifestaciones, y en muchas ocasiones éramos los que recibíamos sin pestañear», explica Carmen Celada, que cuando se incorporó a su unidad sólo había seis mujeres en toda España que formaban parte de la misma. Su compañera María Antonia Núñez recuerda los viajes interminables a distintos países del mundo para entregar a personas que habían sido expulsadas del territorio nacional. «Fueron muchas horas de servicio, infinidad de viajes y multitud de actuaciones en aras de la seguridad. Tengo que decir que a lo mejor por las características especiales de nuestra unidad la desigualdad entre hombres y mujeres no se percibía tanto. En realidad, éramos una piña en la que todos dependíamos de todos. Era un trabajo muy duro pero si volviera a nacer no tengo duda de que elegiría el mismo trabajo», apunta.
A modo de curiosidad, los llamados Grupos Especiales de Operaciones de la Policía Nacional (GEO) también han cumplido los 40 años de existencia, al igual que la incorporación de la mujer al Cuerpo. Sin embargo, no hay ni una sola mujer dentro de la unidad. «El GEO tiene un perfil físico y psicológico muy concreto, hay mucha exigencia por las misiones y un entrenamiento concreto en tácticas operativas, pero las mujeres estamos capacitadas para hacer el mismo trabajo que nuestros compañeros», recalca la comisaria Montserrat Marín.
Por lo demás, donde se viven con más sensibilidad los avatares que sufren las mujeres a diario es en el departamento de la UFAM. Las Unidades de Familia y Mujer (UFAM) nacieron como un servicio policial integral, que presta atención especializada y personalizada a las víctimas de violencia de género, doméstica y sexual. «Es muy importante proteger a las víctimas y, en ese sentido, estamos desde el principio muy sensibilizadas con los casos. No obstante, nuestra labor es hacer el trabajo de manera profesional y siempre velando por los derechos de las víctimas», apunta Pilar Morate, de la Brigada de la Policía Judicial.
La presencia de la mujer en todas las especialidades policiales y en los diferentes niveles de responsabilidad es un hecho palpable en la actualidad. De esta manera se alcanza uno de los objetivos clave demandados por la Red Europea de Mujeres Policía, no sólo con mayor presencia femenina, sino también con más mando. En este sentido, Montserrat Marín es la primera comisaría provincial de la historia de la policía palentina. Es una de las tres comisarias provinciales que ejercen el mando en España y su compromiso con el papel de la mujer en la sociedad no es solo activo y militante a nivel profesional sino a también a nivel personal. 
«Yo en mis años de profesional dentro del Cuerpo Nacional de Policía he experimentado el machismo especialmente cuando formaba parte de la Escala Básica y más cuando buscaba un ascenso, precisamente por eso, por ser mujer», reconocía Montserrat Marín. Fiel defensora de la Ley de Paridad, recuerda ocasiones  de antaño con reflexiones de algunos jefes en cuanto a las dificultades  de las agentes a la hora de ascender si eran madres. «Afortunadamente,  la sociedad va cambiando aunque las mujeres todavía tenemos mucho que reivindicar y aportar», subraya.

Dentro de la Dirección General de la Policía, la Comisión de Personal y Proyectos Normativos del Consejo de la Policía es el órgano encargado de velar por la igualdad entre mujeres y hombres. Según sus responsables, la Policía Nacional ha alcanzado una igualdad efectiva en todos los aspectos, tanto en la promoción interna como en la ocupación de puestos de trabajo.
Además, la evolución de la conciliación en la Policía Nacional ha ido pareja a la normativa que sobre la materia ha ido desarrollando la administración en general. Con motivo de todas las modificaciones legislativas en este área, en mayo de 2013 una circular de la Dirección General de la Policía abordaba nuevas medidas de conciliación. Entre ellas introducía la flexibilidad horaria como una medida de conciliación para los miembros de la Policía Nacional con hijos menores de 12 años, personas mayores, con discapacidad o que tengan a su cargo a un familiar con enfermedad grave. También introducía la posibilidad de cambio de servicio justificado en los casos de separaciones o divorcios, para poder atender a sus obligaciones como progenitor, así como en los casos de familias monoparentales con hijos menores. 
La Ley Orgánica de Régimen de personal de la Policía Nacional recoge también, en su artículo 7, el derecho a la adopción de medidas que favorezcan la conciliación de la vida personal, familiar y laboral.
En cualquier caso, todavía queda un largo trecho que recorrer en esta materia, según exponen las profesionales adscritas a la Comisaría de Palencia. «Todavía somos una minoría y para nosotras los ascensos  tienen un plus de dificultad respecto a nuestros compañeros», comenta al respecto Ana Belén Calvo, adscrita a la Brigada de Seguridad Ciudadana, quien añade que los derechos de la mujer «todavía están mal mirados. Todavía se penaliza la conciliación familiar y laboral y más si estás emparejada con una persona que también es miembro del Cuerpo. Luego están los ascensos, que en nuestro caso se extienden mucho en el tiempo respecto, por ejemplo, a tu pareja».
 «Yo beneficiaría adecuar la posibilidad de ascender y cambiar de destino con la maternidad. Ahora estamos muy limitadas en ese aspecto. Indudablemente, lo más difícil es compaginar nuestra profesión con la maternidad », apunta  Paloma Doncel.
De hecho, la maternidad puede convertirse en una auténtica carrera de obstáculos para cualquier mujer trabajadora en España. Nueve de cada diez encuentran dificultades para compaginar su vida laboral y familiar, y es que un 44 por ciento piensa que es casi imposible conseguirlo. Las españolas son las madres europeas que más sufren para combinar ambas facetas en su día a día, ya que la falta de conciliación y el sentimiento de culpa van además de la mano. Así se desprende del último estudio europeo elaborado por Sitly, plataforma internacional con presencia en nueve países y más de un millón y medio de usuarios, que pone en contacto a familias con cuidadores infantiles.
El informe revela que en Europa los obstáculos para conciliar trabajo y familia son una realidad a la que se enfrenta la mayoría de mujeres. «Si eres mujer en la Brigada de Seguridad Ciudadana tienes que demostrar que vales al cien por cien porque se da por supuesto que el hombre ya está capacitado. Además, cuando un hombre se equivoca, se equivoca él; en cambio, si una compañera se equivoca o comete un error, somos todas las mujeres las que nos equivocamos», subraya Marga Aguiar.
¿Y el futuro qué depara a la mujer dentro del Cuerpo? Las tres agentes que se encuentran en régimen de prácticas en la Comisaría tienen claro que hay que seguir en la lucha diaria para que la mujer tenga el reconocimiento que se merece, aunque admiten que la sociedad avanza, poco a poco, pero cada vez a mejor. 
«Somos conscientes de que en la calle hay mucho machismo todavía pero en el trato con nuestros jefes  no notamos una discriminación por ser mujeres», resalta a este periódico Concepción Redondo.

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