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"Nuestro film plantea situaciones muy abiertas a las emociones"

Juana Samanes
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Laborioso. No ha dejado de trabajar durante la pandemia, compaginando el rodaje en una serie de televisión con el teatro y preparando otros proyectos

"Nuestro film plantea situaciones muy abiertas a las emociones"

Una pareja de Burgos viaja a Nueva York para desconectar pero una serie de indicios parecen indicarles que se encuentran en su ciudad natal y no en la de los rascacielos. Este es el arranque de la surrealista película de Juan Cavestany, Un efecto óptico, en la que el actor Pepón Nieto (Las brujas de Zugarramurdi, Perfectos desconocidos) vuelve a demostrar que es un todoterreno capaz de enfrentarse a cualquier papel aunque sea, como en esta ocasión, un hombre que vive un bucle temporal, en un peculiar día de la marmota. Se estrena primero en salas de cines y, desde junio, se podrá contemplar en la plataforma Filmin.

Interpreta un personaje que se ve envuelto en un bucle temporal, es decir, que usted repite prácticamente la misma secuencia con variantes. ¿Supone una actuación más complicada que en un papel normal?

Sí que es más complicado porque normalmente en el mismo guion está la fuente fundamental para un actor, pero en esta película no, porque, como es tan de autor, yo necesitaba que Juan me diera la máxima información. 

Un efecto óptico deja muchos interrogantes por descubrir, hay muchas líneas argumentales abiertas. Supongo que esa parcela le agradó especialmente.

La película toca todos los géneros. De hecho, ni Carmen Machi ni yo nos planteamos que era una comedia fantástica, como decía el director y, sin embargo, escuchamos reír a carcajadas al público en San Sebastián, cuando los dos personajes en Nueva York ven por primera vez la estatua de la Libertad. Es decir, hay puntos de comedia, de drama, de terror y, por supuesto, es muy inquietante. Yo creo que es muy difícil contar de qué va la película, pero sí que habla de muchas cosas; de lo solos y vacíos que estamos, de cómo aguantamos relaciones que no queremos, del síndrome del nido vacío, de los miedos que tienen los padres cuando sus hijos salen fuera a estudiar, habla de los viajes, de las expectativas que nos creamos y luego nos damos cuenta que nos llevan como borregos. Deja muchas cosas abiertas.

Por todos estos temas que menciona, ¿cree que resulta de difícil comprensión para el espectador?

Desde luego que no. Me gusta resaltar que el filme no es una prueba para el espectador, no hay que ser el más inteligente para entenderla, simplemente propone situaciones y las deja muy abiertas a las emociones del público. No es un sudoku. Está muy bien verla y, a la salida de la sala, comentarla con quien te acompaña.

Y también plantea algo que no podemos hacer debido a la pandemia, la posibilidad de desconectar gracias a los viajes. Aunque no sé si usted desconecta con otras cosas.

Efectivamente ahora no podemos viajar, aunque es cierto que en mi caso, debido a una gira teatral, estoy teniendo suerte y me estoy moviendo por España. Estoy trabajando en Anfitrión de Moliere, dirigida por Juan Carlos Rubio, que estrenamos en el Festival de Mérida del año pasado. También he rodado la última temporada de la serie Los hombres de Paco. En cuanto a los viajes, pues a veces me relajan y otras no, porque como vayas a un sitio o a una ciudad que no conozcas, regresas mucho más cansado de lo que te has ido. 

La película se filmó con muchos fondos de croma, así que es un efecto óptico que estuvieran en Burgos aunque sí filmaron en Nueva York. 

La mayoría de los fondos se rodaron en un croma y las imágenes de Nueva York se grabaron allí porque Juan y el director de fotografía iban a esa ciudad. Nos fuimos con ellos un fin de semana en plan vacaciones, y nos filmaron paseando por las calles a Carmen Machi y a mí. De hecho, el trozo que sale la escalera del Joker está trucada, está filmada en una escalera que está en Madrid. Toda la película está rodada como si fuera un efecto óptico.