'Palacios abandonados, castillos solitarios'

DP
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Ilia Galán publica un poemario que califica de «trágico» porque muestra el desgarramiento entre la voluntad de vivir lo mejor posible y las propias defensas ante un universo hostil

‘Palacios abandonados, castillos solitarios’

La poesía es un acto de redención de la humanidad a través de la palabra y del silencio. Una afirmación de Ilia Galán, quien incide en que no escribe solo para gustar, porque para eso existen muchos entretenimientos: «mi voluntad es que mi obra, la poesía, remueva el corazón de las personas y les ayude a reflexionar su actitud hacia la vida». En conversación con Diario Palentino al hilo de su último poemario Palacios abandonados, castillos solitarios, editado antes de la pandemia y que presentará en septiembre, indica que para él «la poesía es una vivencia trascendental, no es un juego, no es una construcción, no son libros prefabricados, hechos para resultar o para llamar al público». Escribe para el público y este «lo vivirá como propio en la medida en que mis vivencias sean compartibles y universalizables. Si logro expresarlo de manera convincente, aunque no hable para el público, cuanto más profundo sea más me acercaré a la raíz de otros, puesto que las raíces se acercan dentro de la Tierra aunque los tallos por fuera estén abiertos».

El autor define este nuevo poemario -el noveno-  como «un viaje entre diversos castillos y palacios visitados o habitados para mostrar la pulsión humana hacia lo mejor, lo bello, la maravilla y, por otro lado, la ruina de nuestros ideales, de nuestras esperanzas simbolizada por esos castillos derrumbados, por esos palacios abandonados. Con el símil de esos ambientes que parecen de lujo pero a veces no lo son tanto porque están muy decrépitos, se habla de la vida de cada persona en su búsqueda por lo mejor, y con ese contraste también que hay entre quienes pueden habitar esos entornos fascinantes y los que, por desgracia, se están quedando fuera de la sociedad».

«Con la pluma vuelo rápido», afirma Ilia Galán,  si bien cuando termina los libros «quedan en un cajón durante un tiempo», por eso en Palacios abandonados, castillos solitarios se pueden encontrar poemas de varios años. «Lo vuelvo a retomar, lo castigo con la crítica, hago un pulido, una revisión, lo vuelvo a meter al cajón y así sucesivamente. Es decir, el hecho de no pararse trabajando no significa que no haga nada sino que lo que hago es reposar para luego ser más duro en la autocrítica», asevera. «Ni los rápidos son necesariamente peores ni los otros necesariamente mejores, pero tampoco al contrario, simplemente que uno tiene una facilidad de escritura que otros no tienen», comenta.

El colaborador de Diario Palentino afirma que este tiempo de pandemia, para la mayoría de los escritores con los que ha hablado, ha sido «un tiempo de sequedad, porque no había  ánimo, no había ilusión». En su caso, en poesía prácticamente no ha escrito nada, o muy poco; sí un libro de ensayo, de filosofía, «porque ahí funciona más la inteligencia y no el corazón, el corazón estaba apagado, triste, enfadado también, pero no tenía fuerzas ni ilusiones para deleitarse con la poesía». «Esto -subraya- le ha ocurrido a muchísimos compañeros del mundo de las letras». 

Galán habla de «un parón salvaje» en el mundo de la poesía, tanto la edición como las ventas, y es que «buena parte de la poesía se vende en las presentaciones. Ha sido una  temporada fatídica, pero ha habido una ventaja, y es que el público de la poesía, que es minoritario, suele ser bastante fiel, es decir, se prevé ahora una gran explosión de todos aquellos libros que quedaron preparados para presentar».

La pandemia «ha sido un tiempo bueno para meditar, para revisar la situación de uno mismo ante el mundo, o ante Dios, pero a la vez han sido tiempos difíciles para la creación, porque la creación necesita estímulo, y sin juntarse con otros es difícil tenerlos», concluye.



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