El último mostrador

Carlos H. Sanz
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El último mostrador - Foto: Eva Garrido

El alcalde mediará con el propietario del local de la tienda de Allende el Río para evitar su cierre

Luis Ángel Diez y Begoña Gorostiza llevan seis años levantando la persiana de su modesta tienda, Alimentación Santa Ana, la única que queda en el barrio de Allende el Río. Un humilde supermercado que, si nadie lo remedia, cerrará sus puertas el próximo 31 de marzo, la fecha que el propietario del local les ha marcado para que lo vacíen y entreguen las llaves.
«El 31 de diciembre acabó el contrato y nos pusimos en contacto con el sobrino de la dueña del edificio, quien nos comunica que la condición para renovarlo es que asumamos una subida del 100% de la renta», comenta Luis Ángel Diez.
Una cifra que este matrimonio, reconoce, no puede asumir por lo que no tendrá más remedio que cerrar. «Si ya trabajamos de lunes a domingo para poder mantener el negocio, una subida así supone cerrar», explica.
Durante estos seis años, Luis Ángel y Begoña se han convertido en unos vecinos muy apreciados en Allende el Río. «Desde las 6 de la mañana que nos levantamos hasta las 9 de la noche estamos aquí. Somos parte, en todos los sentidos, de Allende el Río, estamos totalmente integrados y encantados de la vida», asegura el responsable de Alimentación Santa Ana.
En este tiempo, el matrimonio siempre mantuvo una relación cordial con la propietaria del inmueble, pero todo cambió cuando un sobrino que, según cuentan, reside en Madrid, se responsabilizó de sus bienes.
«Creo que el verdadero motivo de la subida del alquiler es que nos quieren echar. Están actuando igual con los vecinos de arriba y con uno ya lo han conseguido, así que parece claro que su intención es echarnos a todos, aunque no sabemos para qué, si para edificar o qué», explica Luis Ángel Diez.
Obviamente, desde Madrid es fácil tomar según qué decisiones pese a que el cierre de esta tienda obligará a los 2.000 vecinos de Allende el Río a, como mínimo, cruzar el Puente Mayor, más de un kilómetro -medio de ida y medio de vuelta-, para comprar el pan o un producto de última hora en la tienda más cercana.
«Esta es la única tienda del barrio; aquí ya solo quedan el bar Pastor y el Santana, y la gasolinera de Suances, pero pillan algo más lejos», asegura Luis Ángel.
Mediación. El revuelo levantado en el barrio se ha transformado por ahora en una recogida de firma en la plataforma change.org, donde más de un millar de personas se ha manifestado contra el cierre de la tienda.
Tanto es así que el Ayuntamiento ya se ha puesto en contacto con Luis Ángel y Begoña para ofrecerse a mediar con el propietario e, incluso, en el peor de los casos, a buscar un local alternativo al que poder trasladar el negocio, tal y como la edil de Comercio, Ana Rosa García, ha trasladado a los comerciantes.
El martes, el grupo municipal socialista calificaba de «pésima noticia» el anuncio del cierre inminente de la tienda, al considerar que se trata de un servicio más que se cierra en Palencia, en este caso en contra incluso de la voluntad de la pareja que lo regenta. 
«La verdad es que el apoyo que estamos teniendo del barrio es increíble. Un apoyo en todos los sentidos, tanto moral como de asesoramiento para ponernos en contacto con el Ayuntamiento», reconoce Luis Ángel.
«Toda ayuda es bienvenida y el Ayuntamiento me ha dicho que iba a intentar hablar con el abogado del propietario para intentar llegar a un acuerdo, pero es muy difícil. Tampoco pueden hacer mucho ya que se trata de acuerdo privado, pero esperemos que tener a nuestro lado al Ayuntamiento nos ayude un poco más», afirma.
Luis Ángel reconoce que quedarse ahora en la calle será un palo para la familia. «Tenemos un hijo y ya tengo 57 años, que es una edad muy mala. Cuando cogí el traspaso lo hice con la intención de seguir con este negocio 10 años más, para poder jubilarme, pero ahora me veo en la calle a una edad muy complicada», asegura.