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Cuando llegue septiembre...

Carlos Dávila
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El 'bello' Sánchez tiene muchos frentes abiertos que regresarán, tristemente, tras las vacaciones

El líder de ERC, Oriol Junqueras, y el presidente catalán, Pere Aragonès, aguardan al jefe del Ejecutivo. - Foto: Alberto Estévez

Todo no será de otra manera. ¿O sí? que diría Rajoy. Al revés de aquella película de 1962 que protagonizó el dúo amoroso Gina Lollobrigida y Rock Hudson, cuando este, muerto después por sida, no había salido del armario. Hudson, un multimillonario americano, viajaba a Italia porque allí poseía un relumbrante palacio en el que iba a casarse con su prometida, Lollobrigida, la mujer más guapa del mundo. Título absolutamente oficial. Una belleza que deparaba  al entusiasta novio una sorpresa monumental: había transformado la noble casona en una algarabía de hotel en la que cabían todo tipo de clientes. El yanqui, en definitiva, se halló, recién llegado, en una mansión en la que todo, efectivamente todo, era -sería a partir de entonces- de otra manera.

 Lo contrario a lo que ocurrirá en España (no hay que ser Rappel para preverlo) cuando llegue septiembre: todo será lo mismo, terriblemente igual, aunque... únicamente con una diferencia, que el bello Sánchez (solo hacia falta esto para aumentar su megalomanía) seguirá presidiendo el Gobierno, pero, ¡vaya consuelo!, faltará un mes menos para su caída. Vendrá el bello bronceado tras su veraneo a nuestra costa o en Doñana o en Lanzarote, y después también de haber cursado un safari por África, esposa incluida, del que nunca se sabrán demasiados detalles porque será más abochornante que aquel viaje del rey Juan Carlos en el que destrozó una gran parte de su historia. El bello, lo primero que se propondrá es rehacer su mesa negociación, de Estado a Estado, con los sediciosos catalanes, ante los que, con toda certeza, volcará la bolsa de nuestros impuestos, para hacer mil y una dádivas: desde un apoyo financiero a su inconmensurable deuda, pasando por una promesa para el Corredor del Mediterráneo (¿para qué quieren Junqueras, Aragonés y Puigdemont este pasillo costeño si quieren huir de España?) hasta un Aeropuerto de Barcelona que pretende dejar a Frankfurt o Amsterdan como humildes hangares de la Segunda Guerra Mundial. Pasta y más pasta, así como el compromiso de un referendo-trampa para ayudar a los independentistas a marcharse cuanto antes. Eso sí, forrados.

Al tiempo que se junta con los depravados secesionistas, seguirá presumiendo de su éxito personal contra la pandemia, como si solo él fuera el que ha agujereado el deltoides del 80 por ciento de los españoles, proporción que ya se supone imprescindible para declarar la ansiada inmunidad de rebaño, una denominación ovejuna que ninguno de los españoles apreciamos. ¿Terminará esta masiva vacunación con el peligro de que el maldito COVID nos siga diezmando y llenando nuestros hospitales? Pues no, los expertos advierten que este bicho ha venido para quedarse y que se disfrazará con las consiguientes variantes para que no lo consideremos derrotado del todo.

En otro lugar, el bello continuará desgastando el prestigio de todas las instituciones que se le enfrentan. Con una aportación más: el Constitucional, después de 10 años de vergonzoso retraso, dictaminará la Ley del Aborto que amplió Zapatero. Ya les adelanto que la opinión del ponente Ollero, miembro del Opus Dei, es muy contraria a aquel bodrio. Por tanto, otro lío al canto, que se sumará a la imposibilidad de renovar el Consejo del Poder Judicial y, por tanto, la Presidencia del Supremo, porque el Gobierno se opone a que, tal y como dice con preferencia la Constitución, se niega a que sean los propios jueces los que designan a sus representantes. Otro tribunal, el de Cuentas, está ahora mismo entre los propósitos de piratería y abordaje del bello Sánchez; todo porque sus miembros pretenden que los independentistas paguen con su peculio los dineros que robaron a España. 

Y, a todo esto, ¿habrá llegado ya a España el maná de los fondos europeos? Pues lamento contradecir a los economistas de cabecera que diariamente homenajean al bello; no, falta que el global para Europa lo aprueben los Veintisiete de la Unión, y que Von der Leyen empiece a regar, vía Banco Central, nuestro Tesoro y el de los demás países aunados. Por lo demás, la suspicacia aumenta por días: ¿cómo se va a repartir el contingente? Pues Sánchez no dice ni pío. Hasta hace solo 15 días, el encargado del reparto era Iván Redondo, que había delegado el endoso a una agencia de Comunicación con la que él trabajaba (de hecho, había trabajado en ella) a menudo. O sea, que ¡ojito con los fondos de septiembre!

funcionarios. De todos modos,  hay un montón de españoles a los que no les preocupa nada, pero que nada, tal menester: son los funcionarios que han visto, se supone que gloriosamente, cómo el Gobierno les ha enviado miles de nuevos colegas no sé si para repartirse el trabajo excesivo que soportan. Esto nos va costar un dineral, pero es una de las formas con que Sánchez intenta recuperar resuello en las encuestas. Desde luego para septiembre el taimado Tezanos, regresará de Cantabria con un nuevo sondeo, realizado en la paz montañesa, que supondrá un nuevo aliento para su jefe, aunque ambos, uno y otro, tendrán la seguridad de que se trata de un pastiche que no resiste el menor análisis científico.

Y por la derecha, ¿qué anticipar que no sepan? Pues que seguirán, más o menos de boquilla, a la greña. Lo que transmiten, sea o no sea cierta la ruptura que ahora proclama Abascal, es una serie de pendencias que al votante de centro derecha le sientan francamente mal. En todo caso, el episodio de Ceuta es solo un pecadillo al lado de la quiebra que se produjo tras la moción de censura de Vox. Y de entonces recuerden para la posteridad: partieron peras artificialmente, pero continuaron hablándose como si de dos viejos novios se tratara. Lo que sucede en esta ocasión es que si Abascal y su tribu de Andalucía se ponen farrucos, a lo mejor al presidente Moreno Bonilla le da por convocar elecciones anticipadas en la Comunidad, cosa, que según indican las encuestas, no es que le venga muy bien al partido del exdirigente popular. Lo mismo puede ocurrir en Murcia donde la gobernación del presidente conservador depende, de nuevo, de las travesuras de Cs y Vox. Otra cosa es lo que suceda en Castilla y León, donde, provincias y capitales grandes aparte, Mañueco parece asegurarse cada vez más el fin de la legislatura.

Todas estas son previsiones más seguras que hipotéticas, pero con el bello Sánchez de por medio, ya se sabe: nada es lo que parece. Seguirá sorprendiéndonos. Es capaz de todo. O sea, de todo, por tanto, cuando llegue septiembre seguirá siendo igual. O dicho más exactamente, bastante peor.