Un bosque para comérselo

A. Benito
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Un bosque para comérselo

Los vecinos de Perapertú y San Martín de Perapertú están trabajando en un proyecto que tiene por objetivo recuperar espacios perdidos, aprovechar los recursos tradicionales e investigar las nuevas posibilidades de los montes de utilidad pública

Según EcoHabitar, en la Península Ibérica, antes de la llegada del Imperio Romano, los pueblos Iberos basaban su dieta en productos silvestres recolectados o cazados. "Hay datos antropológicos e históricos que confirman que el 70 por ciento de la comida de los moradores de las tierras de interior era a base de una harina elaborada a partir del aprovechamiento de bellotas y complementada con avellanas, endrinas, moras, madroños y múltiples plantas comestibles", recoge un artículo difundido por la revista digital hace algunos años.
La publicación también habla de la fuerza que ha tomado entre las corrientes permacultureras la idea originaria de intentar copiar el ecosistema del bosque para generar agrosistemas con el mínimo impacto ambiental y el máximo de alimentos. Lo que se conoce como Forest Garden o Bosque Comestible, un concepto que para muchos es ya una necesidad desde el punto de vista ético, ecologista y ante todo ambientalista, "dado el impacto que causa el desarrollo de la agricultura convencional y la simpleza en biodiversidad que realmente contempla un agrosistema de producción ecológica".
Esta filosofía, unida al deseo de recuperar espacios perdidos, aprovechar los recursos tradicionales o investigar las nuevas posibilidades de los montes de utilidad pública, ha llevado a la Junta Vecinal de San Martín de Perapertú y Perapertú a poner en marcha un proyecto con el que los habitantes de ambas localidades (15 mujeres y 15 hombres) están rescatando un modelo de gestión del hábitat basado en la cultura primitiva. Una estrategia que requiere de una comunidad activa e implicada en su propio desarrollo, pero a su vez adaptada a los tiempos presentes.
"El Bosque Comestible -que así se llama la iniciativa- pretende poner en valor las especies autóctonas, dar a conocer los usos de las plantas e incorporar en el quehacer diario de los vecinos unos modos de vida que la despoblación rural había condenado al olvido", recoge la memoria de un proyecto con el que los habitantes de la zona han vuelto a poner de manifiesto su preocupación por el respeto a la naturaleza y la conservación del entorno, sin olvidar su papel como agentes de transformación.
En este sentido, la propuesta, que es también una herramienta de lucha contra la aculturización rural, ha proporcionado un aprendizaje experiencial más allá de los límites geográficos donde se asientan sus pobladores, al incorporar en las actividades abiertas de carácter pedagógico al Campamento Estarivel de Valladolid, al Bosque Escuela Perapertú y al Centro de Innovación Educativa de Cervera de Pisuerga (CRIE).
Sin embargo y aunque el proyecto empezó a materializarse el año pasado, lo cierto es que este no ha hecho más que empezar. "Nuestro objetivo principal es que este bosque comestible comunitario sea un espacio de disfrute personal para los vecinos, que podrán recrearse con sus frutos, pero también queremos convertirlo en un lugar de estudio, observación, acción e investigación pedagógica y medioambiental", indican los impulsores de una iniciativa que hace solo unos días se llevó uno de los premios de la convocatoria A Huebra 2018, promovida por la Diputación Provincial.
De hecho, fue la subvención de 5.000 euros que la institución provincial concedió al Bosque Comestible la que dio el espaldarazo definitivo a una idea de Ignacio Javier Hurtado, educador ambiental y vecino de Perapertú, que fue aprobada en Concejo Abierto y que ha supuesto un gran trabajo por parte de todos los habitantes de esta pedanía dependiente del Ayuntamiento de San Cebrián de Mudá y de otras muchas personas que viven en la Montaña Palentina. 
Una iniciativa que ha contado con el apoyo de grandes y pequeños, que ha supuesto una recuperación de los saberes tradicionales, así como una implicación colectiva en busca del bien común, y que se basa en el respeto a la naturaleza y el aprovechamiento sostenible de los recursos.
Por otro lado, el Bosque Comestible de Perapertú, lugar de recreo y disfrute, espacio generador de alimentos, pedagógico, de prevención de incendios y para la investigación, está planteado para ser mantenido, además de por los vecinos, por dos especies ganaderas: las ocas y las abejas, por lo que contempla la convivencia con los animales e insectos, así como su protección. 
REIVINDICACIÓN. La puesta en marcha de este interesante proyecto ha servido también para reivindicar ante las instituciones nuevas fórmulas para la gestión del territorio, ya que, según los vecinos de Perapertú y San Martín, "las ordenanzas en vigor están pensadas para los tiempos en los que en los pueblos había muchas más población y no para la época actual". 
En este sentido, la presidenta de la Junta Vecinal y mediadora de acción el Proyecto Bosque Comestible, Rita Diez, reclama modelos de desarrollo basados en el cuidado de la tierra y una repartición justa de los bienes. La representante de la entidad local menor también aprovecha la memoria del proyecto para poner en valor el papel de la mujer rural, "cuya visión ha quedado silenciada a lo largo de la historia", y hace un llamamiento a las jóvenes, universitarias, educadoras y cuidadoras para que regresen a los pueblos y colaboren en su "reinvención cooperativa". 

Un bosque para comérselo
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