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Arte líquido

Jesús Hoyos
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La bartender palentina Sara Alonso crea los cócteles de un bar de Madrid. Uno se llama Otero y le recuerda a su ciudad

Arte líquido

Un mundo infinito «en el que nunca terminas de aprender». Eso es la coctelería para la bartender palentina Sara Alonso, que maneja con libertad creativa la carta de bebidas del bar y restaurante del Club Allard en Madrid. Con la ambición de regentar sus propios locales en el futuro, la joven de 25 años lleva el nombre de Palencia a cualquiera que pida el cóctel Otero.

«Cada ingrediente es un miembro de mi familia. Además de una reminiscencia a mis raíces -su barrio es el Cristo-, lo es también a mi familia; se trataba de recordar a Palencia y sus gentes», explica Alonso a Diario Palentino. En concreto, vermouth blanco como base alcohólica, quipe seco, un golpe de tabasco y sirope de flor de sauco.

Tiene otro sin alcohol llamado Lavanda de Campos, que simula un gin tonic con esa esencia, un cordial de limón y una tónica vuzu. «Es otro guiño a la provincia, en la que cada vez hay más plantaciones», añade. Además, en su nueva carta entrará el cóctel Arlanza, que llevará tres alcoholes diferentes: Martini fiero y cava a partes iguales, y un toque del vino tinto Cornitero de la bodega palentina Señorío de Valdesneros. 

Arte líquidoArte líquidoSu afición a la coctelería, eso sí, es reciente. Se remonta al año pasado y a su anterior trabajo, en el que aprendió las bases de una profesión que muchos han descubierto y empezado a apreciar tras la pandemia, «gracias a un boom producido en redes sociales». Desde entonces, ha aprendido este «arte líquido» por su cuenta a través de cursos, vídeos, charlas y masterclass de expertos. 

«Por más que uno quiera copiar a otro, nunca va a ser lo mismo. El toque personal o cómo agite cada uno son factores que influyen», expresa. Y es que la «mano» del bartender representa un 80% del resultado final, según ella, más que los propios ingredientes. «Lo más importante es que quien vaya a manipular -y más alcohol- sepa lo que hace y lo que tiene entre manos. Hay cócteles muy sencillos con pocos ingredientes que a la gente le encantan, pero hay que saber qué mezclar, en qué cantidad, por qué y qué se quiere conseguir», precisa.

Para ello, muchos optan por la formación. En su caso, está con el nivel 2 de cualificación WSET (Wine & Spirit Education Trust) y el curso avanzado de Vinos de Jerez. 

Dos de sus referentes son Yeray Monforte, profesor en el Centro Culinario Vasco; y Diego Cabrera, argentino que regenta varios locales en España. «A Diego le sigo por la parte empresarial; a Yeray, por lo científico loco que es. Estuve en una de sus clases y nos enseñó varias recetas espectaculares», comenta.

En el futuro, quiere abrir sus propios locales. Y no se cierra puertas geográficas. Gracias a su dominio de varios idiomas y la doble nacionalidad dominicana -su esposa es de allí-, «la casa te la pones tú». Tiene claro que la coctelería es su camino a seguir, con una meta clara: juntar el mundo del vino y de los cócteles. Es decir, llevar su experimento Arlanza a toda una carta. «Son mis dos influencias, la caribeña y la española», añade para subrayar a renglón seguido que «no somos conscientes de la riqueza vinícola que tenemos». 

Seguirá llevando, en todo caso, el nombre de Palencia por el mundo. «Echo de menos la tranquilidad, subir al Cristo, hacer rutas en bicicleta y perderme por el Canal de Castilla», concluye.