Del desierto al sueño de una ansiada vida

E. MARÍN
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Una treintena de niños procedentes de los campamentos de refugiados del desierto argelino de Tinduf llegan con mucha ilusión para disfrutar este verano con familias palentinas

Del desierto al sueño de una ansiada vida - Foto: Sara Muniosguren


Vacaciones en paz. El nombre del programa por el que cada verano llegan hasta la provincia niños procedentes de los campamentos de refugiados en el desierto argelino de Tinduf  lo dice todo. La dureza que supone vivir en el desierto del Sáhara se quedará por unas semanas lejos de sus mentes, pues durante julio y agosto su estancia con familias de acogida palentinas será muy diferente a lo que están acostumbrados en su día a día.
Una treintena de pequeños llegó ayer a Palencia para pasar un verano distinto. Sus rostros al encontrarse con quienes serán sus compañeros de viaje estos meses reflejaban una mezcla de tensión, felicidad y cansancio, pues llevaban casi un día entero de viaje hasta que llegaron a su destino.
Del desierto al sueño de una ansiada vida Del desierto al sueño de una ansiada vida - Foto: Sara MuniosgurenLa acogida de estos pequeños es posible gracias a la labor que, una vez más, han desarrollado los dos colectivos que trabajan en la provincia para intentar mejorar la vida de estos pequeños, algo que realizan durante todo el año.
Jesús Merino, desde la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, destaca la «satisfacción de saber que van a pasar una semanas estupendas que les van a venir bien en muchos sentidos».
De ahí que Merino insista en «la importancia que tienen las familias que se implican con nosotros, pues hacen una inversión importante y entregan su tiempo para ayudar a estos niños».
Para la responsable de la Asociación Palentina con el Pueblo Saharaui, Anna Cristina Aparicio, «si supiéramos las condiciones en las que viven, seguramente nos animaríamos más a ayudarles». Y lo dice desde la experiencia que dan los años trabajando en este sentido y porque ha sido una de las encargadas de acompañar este año desde los propios campamentos hasta Palencia a los niños que han venido a pasar el verano.
«Hemos sufrido lo que para ellos es habitual en verano: 50 grados constantes que resultan muy difíciles de soportar», asegura.
De ahí que ahora estos treinta niños tengan que adaptarse a la nueva realidad, que es muy distinta de la que viven junto a sus familias, que llevan más de cuatro décadas en campamentos de refugiados de Tinduf. En muchos casos carecen de servicios básicos como la electricidad, el abastecimiento de agua potable o las prestaciones sanitarias.
Muchos de los que han venido este año son nuevos y otros repiten, aunque todos han llegado con la misma ilusión.