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Podemos, el lastre de Pedro Sánchez... y Yolanda Díaz

Pilar Cernuda
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El acercamiento del presidente y la ministra de Trabajo inquieta al bloque morado, que mira con mucho recelo a la dirigente coruñesa

Podemos, el lastre de Pedro Sánchez... y Yolanda Díaz - Foto: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bella

«Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin ti porque me muero», dice la frase. Describe milimétricamente la situación que vive -o sufre- Pedro Sánchez ante el Gobierno de Podemos que forma parte de su Ejecutivo.

No se puede decir que no estaba alertado. Uno de los argumentos que utilizó en las elecciones de 2019 para despejar las dudas de quienes se resistían a votarle por miedo a que formara coalición con los morados fue, aparte de aquella afirmación de que esa alianza no le dejaría dormir, asegurar que jamás admitiría que hubiera un Gobierno dentro del suyo. No fue el primero ni el último engaño, pero con el tiempo se demostró que los cinco ministros de Podemos apenas mantienen diálogo con sus compañeros socialistas, las han tenido tiesas con varios de ellos -sobre todo con Calvo y Calviño- y se han hecho tan fuertes que el presidente no ha sido capaz de reducir su número, y eso que tenía decidido que de la remodelación que tenía en mente saldría un equipo con menos ministros para quitarse de encima la acusación de que era el Gabinete con mayor número de estos. Con la excepción del italiano, pero el de Draghi venía obligado porque se trataba de un Gobierno de concentración, de emergencia, en el que participaban seis partidos.

Sánchez se lo planteó a Yolanda Díaz, su interlocutora con Podemos, que le dijo que no. Y si no se reducían los ministros podemitas, Sánchez no reduciría los suyos. Sabían los dos, el presidente y la entonces vicepresidente tercera y hoy segunda tras la salida de Calvo, que Díaz no tenía atribuciones para tomar esa decisión: no manda en Podemos, partido en el que Belarra y Montero marcan el paso tras la dimisión de Iglesias.

Podemos, el lastre de Pedro Sánchez... y Yolanda DíazPodemos, el lastre de Pedro Sánchez... y Yolanda Díaz - Foto: Javier Lizon

La gallega no tiene buenas relaciones con ninguna de las dos, aunque Montero presume de que ella e Iglesias son íntimos de esta, pero no es cierto: las relaciones son muy estrechas con el exsecretario general desde hace años, pero no con su mujer. Y en privado, y lo insinúan también en público, dicen que Yolanda Díaz no tiene nada que decir en el partido. En primer lugar porque no pertenece a Podemos, como explica a menudo. Segundo, porque todavía no ha sido elegida candidata a la Presidencia del Gobierno por parte de los morados, que es lo que había acordado con Iglesias.

 

Reproches de Belarra  

Ione Belarra, la nueva número uno del partido, va aún más lejos y, en su animadversión hacia Díaz, que no oculta, le recrimina que no muestre ningún interés es esa posible candidatura. Y es que no ha dado ningún paso para que se produzca su elección como aspirante.

Todo esto significa que Podemos es un Gobierno dentro del Gobierno de Sánchez pero, también, que en ese Ejecutivo minoritario en el que mandan Montero y Belarra, hay una figura que parece aislada de sus compañeros, pero que es la que se reúne, habla y negocia con Pedro Sánchez, que apenas cruza palabra con Belarra y Montero más allá de lo que se dice en las reuniones del Consejo de Ministros. Y con Castells y Garzón, aún menos.

Por eso sorprende tanto que a pesar de ese distanciamiento del presidente con Montero haya dado vía libre a sus dos proyectos de ley más polémicos, la Ley Trans y la de Libertad Sexual -falta el trámite parlamentario, a ver qué instrucciones da Sánchez a los diputados socialistas- y no haga una sola declaración que contrarrestre las muchas de Montero que tanto irritan y preocupan en las filas socialistas.

Yolanda Díaz siempre ha sido del PCE y siempre ha presumido de ser comunista. Por tradición familiar y por su propia trayectoria personal y política. Sin embargo, desde que fue designada vicepresidente tercera, la palabra comunismo no es ya tan frecuente en su vocabulario, y personas de su entorno cuentan que con el paso del tiempo la notan más cercana a la socialdemocracia que a la ortodoxia comunista. Si es así, se explicarían las reticencias de Belarra y Montero a considerarla un personaje esencial en sus filas. Sin embargo, ese cambio sería positivo para Pedro Sánchez, que encontraría en su ministra de Trabajo y vicepresidenta una aliada fiel frente a las posiciones extremistas que defienden sus dos compañeras.

Lo que importa mucho en un asunto esencial para el Ejecutivo, la derogación de la reforma laboral que sigue exigiendo Podemos, y de la que Sánchez, y desde luego Calviño, se apartan cada vez más. No por convicción, entre otras razones porque las convicciones del madrileño cambian según le viene el viento, sino porque esa derogación haría inviable el pacto social que se negocia con las fuerzas sociales, CEOE y sindicatos, y sobre todo porque la rechaza la Unión Europea. Y la oposición de Bruselas puede incidir en la llegada de los fondos de los que en gran parte depende la resurrección económica.

Yolanda Díaz mantiene excelentes relaciones con Unai Sordo y Pepe Álvarez, secretarios generales de CCOO y UGT, cosa lógica, y también muy buenas con el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, aunque discrepen en cuestiones que son clave para los empresarios. Pero esas buenas relaciones provocan que el presidente del Gobierno tenga plena confianza en su titular de Trabajo porque le permite mirar el futuro con la convicción de que su Gabinete puede conseguir grandes pactos que mejorarían sus perspectivas de futuro y de incrementar las posibilidades de reelección cuando se celebren las próximas elecciones generales.

 

Golpe de suerte 

Unas elecciones que el Ejecutivo actual confía ganar porque hay buenas perspectivas económicas a corto plazo y, además, se celebran –si se llega a final de legislatura- con un golpe de suerte para Pedro Sánchez: coincidirán con la Presidencia de turno española de la UE, lo que le hará parecer un importante dirigente europeo con proyección internacional, al menos durante esos meses.

La mejora de la economía tiene, sin embargo, un punto negro en el que deberán trabajar codo a codo Nadia Calviño y Yolanda Díaz: la inversión extranjera. No acaba de llegar, y esa falta de inversión preocupa a los empresarios españoles más que el destino de los fondos europeos; como también preocupa más la reforma laboral que los fondos. Ahí, en la derogación de la reforma laboral, probablemente deba ceder Yolanda Díaz, pero tendrá que lidiar de nuevo con la posición contraria de Irene Montero e Ione Belarra.

Son peso pluma frente a la coruñesa, pero tienen un tanto importante a su favor que ha sido decisivo para que la vicepresidenta no pudiera tocar a un solo ministro de Podemos, como le pidió Pedro Sánchez: cualquier cambio en la estructura morada y en el equipo que forma parte del Gobierno de coalición debe ser ratificado por la Mesa Confederal de Podemos. Y ahí Yolanda Díaz no tiene arte ni parte, mientras que sí tienen, y mucho, sus dos compañeras ministras. Lo que significa que, en los próximos meses, y se verán iniciativas y pasos políticos a partir de otoño, Yolanda Díaz empezará a marcar perfil propio y, sobre todo, terreno propio. Solo así podrá controlar efectivamente el partido.

Y solo así Pedro Sánchez podrá gobernar sin estar en absoluto condicionado por el lastre que hoy supone Podemos en su Gabinete central. Con Cuba, Marruecos, la Ley Trans, la derogación de la Reforma Laboral y todas una serie de causas polémicas y conflictivas para el presidente del Gobierno y líder del PSOE que, para el bloque morado, son sin embargo señas de identidad irrenunciables que defenderán a capa y espada.