Pactos: ni tan abiertos ni tan cerrados

Pilar Cernuda
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Pactos: ni tan abiertos ni tan cerrados

La próxima semana se decide casi todo, una vez que Sánchez se reúna con Casado, Rivera e Iglesias, hasta entonces solo habrá ruido y teatro

Sánchez ya ha sido designado por el Rey y la semana entrante iniciará la ronda de conversaciones con los líderes de los partidos de la oposición para buscar apoyos a la investidura. Lo más importante se decide esta primera semana, cuando se entreviste con Casado, Rivera e Iglesias. Hasta ahora, han sido PP y Ciudadanos los partidos más activos para decidir sobre los futuros Gobiernos regionales y Alcaldías.
Se han enviado mensajes entre partidos a través de los medios de comunicación, pero ni todo está tan decidido como parece, ni tampoco tan abierto. Incluso hay en marcha una operación que se lleva con la máxima discreción entre Génova y Moncloa a través de un intermediario ajeno a la política. Por tanto, todas las declaraciones sobre posibles pactos o imposibles pactos hay que tomarlas con la máxima prudencia. 
Toda negociación implica ceder, exigir, conocer bien al adversario y sobre todo convencer con argumentos sólidos. En el caso de las negociaciones que se han producido estos días a ese ceder y exigir se sumaba un problema añadido: los vetos. Las llamadas líneas rojas, negativa a cualquier acuerdo que incluyera a determinados partidos.
Que PP, Ciudadanos y Vox se negaran a facilitar la investidura de Sánchez si pactaba con independentistas y miembros de Bildu era algo que el presidente de Gobierno sabía antes de que lo dijeran públicamente. Sin embargo, si en algún momento pensó que Ciudadanos podría colaborar para investirle tras pactar con Podemos se equivocó de medio a medio. Otras voces razonaron que sus militantes y votantes no entenderían que se negara a sentarse con Vox y sin embargo no hiciera ascos a permitir un Ejecutivo socialista con Podemos.
En este escenario previo al inicio de las negociaciones formales para ser elegido presidente, se encuentra un Pablo Iglesias indignado porque Sánchez no le ha llamado aunque el líder de Podemos se veía ya como socio indispensable de Gobierno de coalición y seguro ministro, y lanza mensajes amenazantes. Es evidente que Iglesias, además de los serios problemas internos que atraviesa su partido, se duele del ninguneo al que le ha sometido el presidente desde que se celebraron las elecciones del 26 de mayo, que insistían en la caída de Podemos.
Sánchez por tanto tendrá que trabajarse la investidura en la primera vuelta, en la que necesita mayoría absoluta. En la segunda ya lo tendría fácil... si satisface unas exigencias mínimas de los que pueden apoyarle. 
Aseguran personas del círculo de Sánchez que todavía no se ha negociado nada, pero se tiene constancia de que su jefe de gabinete Iván Redondo ha hecho gestiones para ver cómo respiraban otros partidos, y que tanto el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, como el Territorial, Santos Cerdán, que metió mucha mano en las listas, se están moviendo y siguiendo muy de cerca los pasos que se están dando para la formación de Gobiernos municipales y territoriales. Sobre todo en Navarra, una plaza que centra la máxima atención por la particularidad de esa comunidad foral en la que el nacionalismo vasco pretende incrustarse desde hace décadas y que ha hecho avances importantes durante el gobierno último, presidido por Uxúe Barkos, de Geroa Bai, coalición en la que manda el PNV. La socialista María Chivite se ha negado tajantemente a un acuerdo con la formación ganadora Navarra Suma -formada por UPN, Cs y PP-, decidida a convertirse en presidenta del Gobierno foral con el apoyo de Geroa Bai, Podemos y Ezquerra más la abstención de Bildu.