La piel sonora

Carlos H. Sanz
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Gran ambiente festivalero gracias a las actuaciones de Los Vinagres y Tomasito. La Vaca Azul y Novedades Carminha culminaron la jornada

La piel sonora - Foto: Á“scar Navarro

El parque del Sotillo es el corazón del festival Palencia Sonora, el músculo que impulsa la sangre de la música, cargada de glóbulos de animación y nutrientes de diversión y buen rollo. Sangre que, en días como ayer, llegó a todos los rincones de la piel de la ciudad.
Es esa capacidad de involucrar a toda la ciudad en el festival, una de las características más atrayentes del Palencia Sonora. Por eso, aunque las actuaciones de Monarchy, La Casa Azul y Novedades Carminha fueron los platos fuertes del festival, la ciudad vibró durante el día al latido de la música indie no solo en los escenarios de la plaza Mayor o San Miguel, sino también en cada terraza de cada bar que también se han implicado en apoyar esta cita musical.
Por eso, no fue sorpendente que más de 300 personas bailasen desde las 13 horas con Los Vinagres, al ritmo de un renovado sonido influenciado por la música latina y el rock de raíces en temas como Chibichanga, Sácate los colmillos o Los volcanes se duermen. Divesión para hacer abrir el apetito que se desplazó hasta la plaza de San Miguel, donde Tomasito ofreció un conciertazo.

La piel sonora
La piel sonora - Foto: Á“scar Navarro
Si se exceptúa cada primer día del año con el Bautizo del Niño, nunca la plaza de San Miguel ha lucido con tanta gente. A Tomasito, sin camisa y bota verdes, no le bailaron ni cantaron el Ea pero sí los temas de su particular fusión de la tradición flamenca con el pop o el rock.  
Diversión que se extendió a los bares y restaurantes de la ciudad. Allí donde sonaba la música -cualquier música- se congregaba un grupo de amigos o incluso familias -cada vez es más habitual ver a padres y madres con sus hijos- para bailar, cantar y disfrutar. Bastaba andar unos solos metros para darse de cara con otro oasis del Sonora. De La Traserilla al Gatonegro, del Jimmy Jazz al Cordón; de los bares del seminario al Gallery... y así prácticamente ad infinitum. 
De esta forma, cuando el parque del Sotillo abrió sus puertas, todos estaban listos para vivir la última noche del Sonora. La energía de los Axolotes Mexicanos despertó a aquellos que pretendían darse una tregua, mientras que los Camellos, Triángulo de Amor Bizarro y Ladilla Rusa ofrecieron una alternativa más divertida. Shinova y el trío gallego Novedades Carminha sirvieron para recibir por todo lo alto a Guille Milkyway y La Casa Azul; y a Monarchy, encargados de poner fin a los conciertos en el Sotillo. Latidos de vida para nutrir la piel del Sonora.


La piel sonora
La piel sonora - Foto: Á“scar Navarro