'De Suárez a Gorbachov' pasando por Felipe

Israel García-Juez
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El embajador José Cuenca relata en su nuevo libro y en primera persona sus charlas con el presidente español y el de la URSS, dos de los personajes que marcaron la Historia tanto nacional como del mundo

Fernando Jáuregui no evitó hablar de sí mismo en la presentación del libro de José Cuenca, cosa común entre periodistas. - Foto: Juan Lázaro

Si en algo han coincidido el excepcional panel de presentadores de esta obra es que José Cuenca es un funcionario con mayúsculas, es decir, aquél que pone todo su talento al servicio de España y de los españoles. Embajador de los que curra en los destinos, otros se dedican a vivir la vida loca, en todos ellos dejó memoria alegre, algo que atribuye a su excepcional gabinete técnico, compuesto por Raimundo Pérez-Hernández, actual director de la Fundación Ramón Areces (de las pocas que ofrece becas de verdad a gente que de verdad las merece), Ricardo Martí Fluxá, actual presidente del Instituto Pascual para la nutrición, y Díez Holtcheiner, que mandó a sus padres al acto pues él está trabajando en el extranjero. Los padres tienen 80 años.
Cuenca, que se da un aire al padre de Lorenzo Lamas, fue durante muchos años embajador español en Moscú y, por este motivo, el propio Gorbachov le pidió, y es cita textual: «Usted ha sido el único embajador occidental que ha vivido durante más de cinco años la ascensión, la crisis y el final de la Perestroika. Entre los diplomáticos extranjeros, nadie como usted puede dar fe de tales hechos». Por este motivo, y a pesar de ser un hombre prudente, decidió dar el paso metiendo en liza a Adolfo Suárez, que en 2001, y ya consciente de la enfermedad mental que le acechaba, le pidió que relatara cómo fue la Transición española. Son dos historias parejas, pues tanto Suárez como Gorbachov supieron llevar a sus países de una dictadura a una democracia en tiempo récord.
Me permito en el titular hablar de Felipe (González), pues siempre demostró que es un hombre de Estado y todas las grandes cuestiones que han afectado a nuestro país y a la política internacional las ha sabido canalizar con mucha astucia, tal y como queda reflejada en esta obra en la que también podrán encontrar alusiones a Leopoldo Calvo-Sotelo (todo el mundo al que escucho dice que este país no ha sabido valorar su importante figura), Gibraltar (ahora por desgracia asunto menor en la política exterior española) o el Sáhara.
A sus 80 añazos, José Cuenca está hecho un brazo de mar.  A sus 80 añazos, José Cuenca está hecho un brazo de mar. - Foto: Juan Lazaro Hacía tiempo que a un acto no asistía una densidad mayor de embajadores en un lugar cerrado que durante la presentación de esta obra. Este colectivo considera a Marcelino Oreja, su líder intelectual, pero otros miembros de este gremio como Cassinello, José Luis Granullera o Inocencio Arias (vestido de tuno) no quisieron perder tamaño acontecimiento. Fernando Jáuregui afirmó rotundo que toda persona inteligente es un periodista frustrado, pues en el último momento decidió evitar este santo oficio. Algo con lo que asentía el maestro Víctor Márquez Reviriego presente en el salón. Después, Fernando se dedicó a promocionar un libro que sacará dentro de un mes y que seguro que es peor que esta obra que nos ocupa, como él mismo admitió.
José Bono, que es el tercer libro que presenta de Cuenca, deleitó al respetable con sus habituales ocurrencias cargadas de maldad blanca y de intención.
Eduardo Torres-Dulce, flamante exfiscal general del Estado por decisión propia, recordó que si hubiera usado el winchester de palanca que el embajador Cuenca amablemente le ofreció, probablemente no habría terminado de esta forma. De todos modos Eduardo, que es muy peliculero y amante de John Ford, ha propiciado el guión de su vida y su salida de escena es propia de un oscarizable.
Entre los asistentes a un acto cargado de emociones, en varias ocasiones a Cuenca se le quebraba la voz. Se encontraban la viuda de Calvo-Sotelo, Pilar Ibáñez-Martín, uno de sus hijos, que ya son mayores, Rafael Ansón, que acude a los actos para ocupar su tiempo entre comidas y cenas, Juan Antonio Sagardoy y Amalio de Marichalar, recordando a los presentes que para frío el que hace en Navarra o en Soria y una pléyade de veteranos que se saludaban efusivamente, pues demuestran de esta forma que todavía no ha aparecido su esquela en el ABC.
Como digo siempre, los libros no están para admirarlos sino para comprarlos, más cuando salen los españoles en todos los ranking de los más borricos y los que menos leen. Dense un barniz de historia reciente con esta obra. No puedo despedirme sin contarles una cosa que me ha parecido muy sorprendente. Eduardo Torres-Dulce, José Bono, Fernando Jáuregui y Raimundo Pérez-Hernández, es decir, los cuatro presentadores del libro, nacieron todos el mismo año: 1950. Es decir, tienen ya la edad de jubilación aunque ninguno de ellos muestran síntomas de agotamiento. Si ellos producen fatiga a los demás habrá que preguntarlo en crónica posterior.


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Dos manchegos de pro que ni los suyos valoran: Pepe Bono y Torres-Dulce. - Foto: Juan Lazaro
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Este venerable anciano es el teniente general Muñoz Grandes junior. - Foto: Juan Lazaro
Chencho Arias, con capa española, emulando a Ramón García en TVE.
Chencho Arias, con capa española, emulando a Ramón García en TVE. - Foto: Juan Lazaro