Diálogo entre esculturas

SPC
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Diez obras del Museo de Escultura de Valladolid se retan en Madrid con otras diez pinturas del Thyssen-Bornemisza en una exposición que se podrá ver hasta el próximo 16 de junio

Dos obras de la exposición que se puede ver en el Museo Thyssen-Bornemisza. - Foto: Juan Lázaro (Ical)

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge desde ayer y hasta el próximo 16 de junio la exposición ‘Realidad y devoción’ en la que diez obras del Museo Nacional de Escultura de Valladolid entablan un «diálogo» con otras tantas pinturas de la exposición permanente con las que coinciden temporalmente y en temática. Se trata de acercarse con nueva perspectiva a obras ya conocidas que reciben ahora un enfoque diferente. Así, por ejemplo, una escultura de un ‘Demonio’ de autor anónimo del siglo XVIII se enfrenta a otro del taller de Rubens, en concreto a la pintura ‘San Miguel expulsando a Lucifer y los ángeles rebeldes’.
El director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, afirmó que «para entender la pintura que va del Renacimiento al siglo XVIII es esencial comparar su desarrollo con el de la escultura». Existe, afirmó, «un torneo retórico», una lucha entre ambas disciplinas. De hecho, argumentó que durante el Renacimiento y de forma más clara en Italia hubo «artistas que tomaron partido claramente por la pintura», como el caso de Leonardo da Vinci, y otros que se posicionaron a favor de la escultura, entre ellos Miguel Ángel Buonarroti.
«Este tipo de montajes», señaló Solana, «permiten renovar la manera en la que el público se acerca a las obras maestras». De este modo, se puede apreciar otra de las esculturas traídas de Valladolid, como la ‘Sagrada Familia con San Juanito’ (datada hacia 1535), atribuida a Gabriel Joly, en «diálogo» con un óleo sobre tabla de Domenico Beccafumi titulado ‘La Virgen y el Niño con San Juanito y San Jerónimo”, de esa misma época, según informa Ical.
La directora del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, María Bolaños, explicó que son «dos lenguajes que chocan entre sí», el de la pintura y el de la escultura, que sin embargo «están hablando entre sí», antes de afirmar que la exposición supone un «descubrimiento» de piezas ya conocida «vistas ante una luz nueva» y un a «manera nueva de reencontrarnos con el pasado». A su juicio, lo mejor al a la hora de visitar esta exposición es «dejarse llevar, desaprender nuestras ideas preconcebidas y disfrutar».
A su juicio estamos ante una «original iniciativa» de los dos museos, el Thyssen-Bornemisza y y el Nacional de Escultura, en la que «no necesariamente se han buscado obras maestras sino obras muy certeras en el diálogo que establecen con las pinturas expuestas». Es el caso, por ejemplo, de una talla de San Marcos (1501-1525), atribuida a Felipe Bigarny, que se enfrenta a una pintura dedicada al mismo santo del alemán Gabriel Mälesskircher. A juicio de Bolaños la exposición es «ejemplo de buenas prácticas» de la colaboración entre museos y en esa misma línea se pronunció la directora del proyecto y jefa de pintura antigua del Thyssen, Mar Borobia.


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