En torno al oso y el lobo

DP
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Segunda edición del libro 'De alimañas a especies protegidas' de Eduardo Vielba, en el que se aborda la relación que han mantenido los habitantes de las montañas de Palencia y Cantabria con estos animales

En torno al oso y el lobo

La relación de las gentes que habitan las montañas de Palencia y Cantabria con el oso y el lobo ha vivido siglos de desencuentros y conflictos. Esta larga historia protagoniza el libro De alimañas a especies protegidas (Aruz Ediciones), escrito por Eduardo Vielba Infante. 
 «Agotar la tirada de una primera edición en poco más de un año es toda una sorpresa», afirma el autor, a la vez que subraya que «la respuesta de los lectores, de hecho ha superado cualquier expectativa previa». «Además de la buena acogida que ha tenido en Palencia, se ha vendido un importante número de ejemplares en Madrid, Cantabria, León y Barcelona», explica. 
De alimañas a especies protegidas es una publicación que, fruto de una rigurosa documentación  junto con una excepcional selección de imágenes antiguas y actuales, propone un viaje en el que caben la historia, la etnografía, el folklore y las leyendas. Una visión en la que destaca el testimonio de las gentes, y es que Vielba Infante ha recogido las vivencias y las anécdotas de decenas de vecinos de la comarca norte: pastores, naturalistas, cazadores, guardas medioambientales y taxidermistas.
Una aproximación a la distribución histórica de osos y lobos en las montañas de Cantabria y Palencia, desde la prehistoria hasta nuestros días, abre la publicación.  A continuación, en un minucioso recorrido histórico que arranca en la Edad Media, el autor analiza los motivos que estimularon la persecución de las llamadas alimañas y su rastro en las tradiciones y en las viejas ordenanzas de algunos pueblos de la Cordillera Cantábrica. Asimismo, se adentra en las características de las diversas modalidades de caza que existieron en la época o en el uso de las populares artes de trampeo. Las batidas comunales, la construcción de las loberas y las representaciones de estos animales en la iconografía románica son otros de los contenidos,  así como cuestiones como la relación de la trashumancia con el lobo o los aprovechamientos de algunas especies en la medicina popular.
«Las batidas -señala Eduardo Vielba- también estaban reguladas en las ordenanzas locales y todos los vecinos estaban obligados a asistir a ellas. En algunos lugares se construyeron monumentales trampas cinegéticas, como el callejo que se conserva en las proximidades del monte Ahedo, en las estribaciones del páramo de La Lora». El oso, temido por las gentes de montaña, tenía una reputación desigual. Era temido y admirado a un tiempo. «Cazar un oso era un signo de distinción, una suerte de hazaña cinegética. Su piel era muy preciada y su grasa se empleaba como un remedio contra el reumatismo. Las patas del plantígrado -incide el investigador- gozaban también de una buena consideración gastronómica».
Los capítulos dedicados la Edad Moderna y el siglo XIX revelan la imparable regresión que sufrieron las poblaciones de lobos y osos como consecuencia de la actividad cinegética, la generalización de las armas de fuego y las profundas transformaciones medioambientales que sufrieron los bosques de montaña. El último capítulo, centrado en el siglo XX, aborda algunos de los hitos esenciales de este periodo, como el nacimiento de las reservas de caza, la creación de las Juntas de Extinción de Animales Dañinos o el impacto del empleo sistemático de venenos sobre la fauna salvaje.