Curro Díaz: «Nací en Linares, pero resucité en Madrid el día de mi confirmación»

Jorge Cancho
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El jienense Curro Díaz durante la entrevista en ‘Grana y Oro’. - Foto: Eva Garrido

«El golpe más fuerte de mi vida fue cuando me dijeron, tras el percance de Sevilla, que ya no podría torear »

Ha cumplido ya quince años de alternativa, si bien hasta que no confirmó en Madrid en 2003 apenas toreaba. Tras aquel doctorado nació un idilio entre el diestro jienense y la afición ‘venteña’ que ha llegado hasta hoy, dejando entre medias una puerta grande en 2007 y diversos trofeos. El pasado año sufría un grave percance en ‘La Maestranza’ que a punto estuvo de apartarle para siempre de los ruedos, pero lejos de venirse abajo completó una de las temporadas más importantes de su carrera que ha sido refrendada en ésta de 2012.


Despedía la temporada con esa puerta grande en tierras almerienses. Una bonita guinda para una temporada complicada...
El año ha sido complicado a todos los niveles y yo no he sido una excepción. Y ha sido difícil para mi porque es duro asimilar que te dejen fuera de algunas ferias tras la temporada tan redonda que cuajé el ejercicio anterior. Y sin estar puesto en esos sitios la dificultad para remontar el año era aún mucho más grande. Gracias a Dios el balance al final ha sido muy bueno, tanto artística como anímicamente.


2011 fue un gran año, pero también muy duro sobre todo por los percances
Fue una temporada muy particular esa de 2011. Y es que a partir de la cornada de Sevilla me cambió completamente el chip, pues desde ese momento empecé a darle importancia a cosas que antes no me parecían tan importantes y viceversa.


Artísticamente, las sensaciones que ha dejado estas dos últimas temporadas han sido muy buenas
 Aparte de los triunfos ha habido muy buenas sensaciones y eso es lo que realmente te queda para ti. Y es que en esto de los toros no te puedes marcar a priori muchos objetivos, ni siquiera a corto plazo, pues puede suceder que tengas contratadas cincuenta corridas y un percance acabe ya no solo con la temporada sino con toda tu carrera, como casi me sucedió a mí el año pasado. Es decir, el mundo de los toros no acepta ni balances ni estadísticas a corto plazo, de ahí que la experiencia te haga quedarte con las sensaciones de cada tarde.


¿La cornada de La Maestranza ha podido ser el golpe más duro de su carrera?
Desde luego que sí. El día más duro de mi vida fue cuando me prendió del gemelo aquel toro en Sevilla. En un segundo pasas de tener tu vida hecha y derecha a no saber qué va a ser de ti en el futuro. Y es que el médico fue claro cuando me dijo: «Olvídate de seguir toreando». Cuando escuché esas palabras se me vino el mundo encima.


Pero lejos de venirse abajo se creció en la adversidad y fue ejemplo de superación para muchos
Si lo que hice para salir de aquello ha servido de ejemplo para alguien, pues mejor que mejor, pero yo lo hice pensando en mí. A las pocas semanas de escuchar aquellas palabras al doctor ya me encontraba entrenando en el campo, eso sí con un aparato que me mantenía el pie erguido ya que la cornada me afectó de forma muy fea al tendón. Ahora me queda aún alguna pequeña secuela, pero gracias a Dios ya puedo torear sin ese aparato en el pie.


Tanto esfuerzo tuvo recompensa  a los pocos meses con esa oreja en la Feria de San Miguel de Sevilla, entre otros triunfos...
Ese apéndice me causó una satisfacción especial pues era volver a La Maestranza a coger algo que se me había olvidado allí meses antes (sonríe). Y ese paso de la tragedia al triunfo en un lapsus de tiempo relativamente corto fue muy especial para mí como persona y como torero.


Con usted es obligado hablar de Madrid al estar entre los escogidos por ese exigente público de Las Ventas. ¿Cómo se lleva eso?
La verdad es que me siento muy orgulloso. Tanto es así que siempre digo que nací en Linares y resucité profesionalmente en Madrid. La sensación de cariño que siento en Las Ventas forma ya parte de mi vida.


Le costó seis años confirmar alternativa, pero luego todo fue sobre ruedas
Al principio toreaba muy poco y eso impedía que la empresa de Madrid me contratara. A base de pedir un millón de favores, a través de mi padre, por fin me incluyeron en el año 2003 con una del Cura de Valverde y a partir de ese día todo cambió. Por lo tanto, el primero que creyó en mí fue mi propio padre y yo no le defraudé.


Pero si se ha ganado los amores de ese público es por haber matado todo tipo de ganaderías allí en Madrid...
Allí he matado un par de ellas de Cuadri, otras de Astolfi, Gavira, Torrealta, Salvador Domecq, etc, etc... Pero el cariño de la afición venteña creo que puede venir más porque cuando he ido allí siempre lo he hecho con la verdad y por delante. Y el flechazo desde mi confirmación fue mutuo.


Pero su concepto no parece el más apropiado para matar esas ganaderías duras...
La corrida más dura es quedarte en casa cruzado de brazos. Y a mí no me quedó otra que aprender a enfrentarme a ese tipo de ganaderías en los años de parón, cuando no tenía otra cosa. Ahí cogí mucho oficio con estos toros.


Se define como torero de sentimiento. ¿Hay alguna diferencia con la de torero artista?
No me atrevería a catalogarme a mí mismo como artista, pues eso es muy complicado y si lo hiciera sería presuntuoso. De ahí que  siempre diga que yo toreo como lo siento, al igual que todo el mundo hace las cosas como buenamente las entiende. Lo que sí soy es fiel a mi personalidad.

«Linares me ha reconocido cuando he triunfado fuera de allí»

También le costó ser profeta en su tierra ante ese entendido público de Linares que vio en esa misma plaza a sus paisanos José Fuentes, Palomo o Curro Vázquez
Linares ha dado cerca de 17 matadores de toros y esos antecedentes marcan en cierta manera el nivel de exigencia del público. Y allí es muy difícil que a un novillero le toquen las palmas. Antes de que se me reconociera allí he tenido que triunfar fuera en otras muchas plazas. Aún así, cada vez que toreo allí lo paso muy mal pues al día siguiente mi madre sale a la compra y si la cosa ha ido bien, pues bueno, pero si fue mal no te quiero ni contar...


Recientemente se presentaba un libro de su vida: Curro Díaz, torero lorquiano. Nos lo puede resumir en dos lances...
Es una obra de Miguel Vega, un aficionado que cuenta sus sensaciones cuando me ha visto torear. Resume mi vida en unos cuantos soplos. Y es de agradecer que alguien te diga cosas tan bonitas, tal vez exageradas, por las que me siento halagado.

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