«Hay soluciones»

Gadea G. Ubierna
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La familia de tres de las víctimas ha presentado una reclamación patrimonial ante la Diputación y todas critican que no se tomen medidas radicales para la seguridad en el Canal

Raquel y 'Yuma', la madre y la mascota de Paula Santamaría - Foto: Patricia González

 
 
Enrique Alonso y Rosa María Corta perdieron a su hija Margarita, de 36 años;Victoria Vallejo perdió a su nieta Laura, de 18 años; Raquel García perdió a su hija Paula, de 15 años, y One Santamaría perdió a su nieto Ibai, de 12 años;a su sobrina Marta, de 37 años, y a la hija de esta, Irati, de 6 años. Son los nombres y apellidos de algunas de las víctimas vivas del Canal de Castilla, esas decenas de personas vinculadas a Zarzosa de Riopisuerga a las que en una madrugada de agosto de 2012 la vida les cambió para siempre al tener que asumir que esas hijas, nietas o sobrinas murieron ahogadas en el fondo del Canal, a la altura de Naveros, por causas que, reiteran, podían haberse evitado. Y a pesar del dolor que a duras penas contienen al conversar, son personas que no están dispuestas a dejar que vayan pasando los aniversarios de la desgracia así sin más. 
De hecho, la familia de Ibai Azkue, Marta Santamaría e Irati Lanz ya ha dado el paso de presentar una reclamación de responsabilidad patrimonial frente a la Diputación de Palencia -lo hicieron el 29 de julio- como titular de una carretera en la que consideran que  todo era deficiente: la señalización horizontal y vertical, el mantenimiento, las medidas de contención... Y no lo dicen en base a su opinión personal, sino que lo hacen con un informe técnico encargado expresamente tras la desgracia a la empresa iTrasa, dedicada a la investigación y reconstrucción de accidentes. Y, para que quede constancia de su afán por denunciar públicamente lo ocurrido, han decidido crear un blog (www.ibaisiguetucamino.com) en el que detallan las principales conclusiones de ese informe. 
Tampoco Enrique Alonso se ha quedado de brazos cruzados durante este tiempo y, aprovechando la capacidad de Internet para llegar a cualquier rincón del mundo, ha elaborado una página web en cuatro idiomas (https://sites.google.com/site/canalcastillanaveros/) en la que denuncia que la carretera por la que circulaba el Wolkswagen Touran antes de precipitarse al agua no estaba en las condiciones que la legislación actual exige para un tramo de esas características. Y para argumentar su denuncia pública, Alonso emplea un artículo de la revista que publica la Asociación Española de Fabricantes de Sistemas Metálicos de Protección Vial, que en uno de sus números del año pasado analizó el accidente de Naveros.
Pero al margen de las críticas más o menos públicas y de los pasos que cada una de estas familias ha dado, todos ellos están de acuerdo en que, a pesar de que la seguridad en el puente de Naveros se ha reforzado, su desgracia puede volver a repetirse con otros protagonistas. ¿Por qué? Porque con más o menos quitamiedos, más o menos señales, los puentes del Canal de Castilla más transitados están precedidos y seguidos de curvas cerradas que en una mala maniobra suponen una muerte segura. Y el tiempo les da la razón: en los últimos cincuenta años han muerto 22 personas ahogadas en el Canal: doce en Naveros, cinco en Zarzosa de Riopisuerga y otras cinco en el puente de Viñalta.
«La solución es Frómista», afirma Enrique Alonso en su casa de Zarzosa, matizando que allí hicieron un puente «alineado con la carretera» en lugar de mantener  una construcción perpendicular, y en la que no hay curvas ni de entrada ni de salida. «Los puentes del Canal de Castilla tienen que conservarse, pero como peatonales o para bicicletas», explica Alonso, matizando que quizá no hay presupuesto para levantar un nuevo puente en cada una de las localidades del Canal de Castilla en la zona, pero sí en las que más tráfico y riesgo tienen, como es el caso de Naveros de Pisuerga y, a su juicio, también los de San Lorenzo y Pradojo.
 
sin excusas. La necesidad de construir un nuevo puente sin curvas de entrada y salida y con anchura suficiente como para que circulen coches y tractores con seguridad es un clamor generalizado en todos los pueblos cuyos vecinos tienen que convivir con la amenaza del Canal, pero especialmente entre las familias de las seis últimas víctimas mortales. 
One Santamaría, abuela de Ibai y tía de Marta e Irati, afirma que están cansados de escuchar cómo las Administraciones con competencias sobre el caudal, los puentes y las carreteras (Confederación Hidrográfica del Duero, Diputación de Palencia, Patrimonio de la Junta de Castilla y León, así como los ayuntamientos de los municipios atravesados) se pasan la pelota de unas a otras alegando que no se puede hacer nada con los puentes decimonónicos porque al ser un Bien de Interés Cultural están protegidos y no se pueden ensanchar ni modificar. «El patrimonio no puede dificultar la vida», dice la familia Santamaría, antes de añadir que «yo creo que se puede hacer muchísimo y, de hecho, alguna solución han puesto ya porque si todos esos quitamiedos y esas señales de Naveros hubieran estado el año pasado el coche a lo mejor no se había caído al agua».
 De la misma opinión es Raquel García, madre de Paula Santamaría, quien sentada a la misma mesa que One Santamaría recuerda que a ellos nadie les va a devolver a sus familiares, pero coincide en que mientras no se construya un nuevo puente, el riesgo está ahí. «¿Y quiénes serán los siguientes? ¿A quién le va a pasar? A la gente joven, porque es la que se mueve», afirma Raquel, destacando que todas las personas que han muerto en las aguas del Canal de Castilla eran de la zona, conocían los riesgos y estaban mentalizadas. También lo era Marta Santamaría, la mujer que conducía el coche en el que murió Paula. «Aquí, al Canal se le tiene mucho respeto. Siempre se lo hemos tenido. Incluso cuando siendo chavalas íbamos en bici, al cruzar los puentes nos bajábamos e íbamos a pie», recuerda Raquel.