Hacia la cuarta ola

A. Benito
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El CIS publicó hace unos días el estudio más representativo sobre cómo ha afectado la pandemia a la salud mental de los españoles. El psiquiatra palentino José Luis Pedreira, codirector de la investigación, explica los resultados

Hacia la cuarta ola - Foto: Clara Larrea

Hace algunas semanas, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó el estudio más representativo hasta la fecha sobre cómo ha afectado la pandemia a la salud mental de los españoles. El trabajo se basa en más de 3.000 entrevistas y ha sido codirigido por Bonifacio Sandín, catedrático de la UNED especializado en personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos, y por el palentino José Luis Pedreira, catedrático de Psiquiatría Infantil y profesor de Psicopatología en la misma universidad.


«Ahora hay que filtrar la información y conceptualizarla», apunta Pedreira al tiempo que matiza que para llevar a cabo esta investigación se han tomado como referencia diferentes síntomas, aunque eso no quiere decir que se haya detectado ningún trastorno. «Lo que sí hemos podido comprobar es que algunos tienen una prevalencia superior al 40% y, aunque su gravedad es de leve a moderada, son muy persistentes. Hay personas que dicen experimentarlos más allá de los tres meses y eso hace que el nivel de malestar sea importante», indica. 


Asimismo, el psiquiatra palentino explica que los síntomas predominantes son los de la serie ansiosa, como la sensación de ahogo, el llanto o la soledad, muy relacionados con el devenir. «La gente está alerta y en posición de defensa ante lo que pueda acontecer», añade Pedreira al tiempo que advierte sobre esa cuarta ola relacionada con la salud mental que podría comenzar cuando se pase de la actual situación de tensión permanente a otra de mayor relajación.


Según los resultados que arroja el estudio del CIS, el efecto de la pandemia ha sido mayor en las personas con trastorno mental previo, que han visto descompensado su cuadro mientras la atención y el seguimiento se complicaba por la congestión de los profesionales, que también están ansiosos además de saturados. 


Por otro lado, José Luis Pedreira apunta a una «respuesta de alteración mayor cuanto más baja es la escala social» o, lo que es lo mismo, en las clases bajas y medias-bajas han aparecido más respuestas de agitación, violencia, enfado o ira, tanto en niños como en adultos, mientras que en las clases medias y medias-altas la canalización de la ansiedad ha tenido lugar a través de otras vías. En este último grupo, los más pequeños se han mostrado inhibidos y retraídos.


«Además, la respuesta emocional ansiosa y ansioso-depresiva  de la sociedad se ha traducido en quejas somáticas. Este aspecto resulta muy interesante e inteligible teniendo en cuenta la causa orgánica de la pandemia. De esta forma, trastornos psicosomáticos como los agobios, los dolores inespecíficos de cabeza o articulares, las molestias abdominales y los despeños diarreicos se han convertido en la emoción operatoria del malestar que no se ha podido expresar verbalmente», señala el experto en salud mental. 


Otra de las conclusiones es que, mientras el virus ataca con dureza a los más mayores, su impacto psicológico se ceba con los más jóvenes. Por ejemplo, el 30,3% de las personas entre 18 y 24 años asegura haber padecido ataques de pánico, porcentaje que va bajando a mayor edad, y en esta franja también ha sido más persistente el llanto, un síntoma que aparece cuando la impotencia, la rabia o el malestar no se pueden verbalizar. Según la investigación, los más jóvenes son también los que han sentido más tristeza con la pandemia. Además, sufren más por el futuro y dicen sentirse solos y aislados en un porcentaje mayor que quienes tienen más edad. «Finalmente, en los adolescentes no se puede obviar el abuso y la adicción a las nuevas tecnologías», tal y como expresa Pedreira. 


SIN SALIDA. Raquel Martín es psicóloga en la delegación palentina de la Asociación Salud Mental y a lo largo de este último año ha podido comprobar el impacto de la pandemia en los más jóvenes. «Muchos no encuentran vías para conocer gente, no ven la salida y es cierto que, mientras se prima la salud física, hay gente enfermando de soledad», expresa.


Asimismo, Martín señala que la crisis sanitaria ha «igualado» a la sociedad. «Nuestra profesión se ha humanizado aún más. Estamos atendiendo a gente que sufre mientras nosotros también sufrimos», indica esta profesional, que en los grupos de apoyo ha encontrado una ayuda para afrontar la situación. La psicóloga, además, constata el dolor de los sanitarios. «Muchos están viviendo en primera línea la pandemia e incluso han perdido gente cercana», afirma.