Los ingresos en la unidad de agudos cayeron un 10%

A. Benito
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Los especialistas en salud mental del Caupa destacan la «resiliencia» que la sociedad palentina demuestra ante una situación «tan dura, amenazante y prolongada» como la que estamos viviendo. Los pacientes con trastornos previos, los más afectados

Los ingresos en la unidad de agudos cayeron un 10% - Foto: Luis López Araico

Los profesionales de salud mental del Complejo Asistencial Universitario de Palencia (Caupa) han observado que el impacto psicológico de la pandemia no se ha traducido en un incremento de la demanda de consultas o de hospitalización durante las fases más complicadas. «Ante una situación tan dura, amenazante y prolongada como la que estamos viviendo en todo el mundo, es normal que tengamos sentimientos de desesperanza, tristeza, angustia, desánimo y de hipocondría, que se traduce en el temor a padecer la enfermedad a través de la interpretación personal de síntomas a los que, en otro momento, no hubiéramos prestado atención. En muchos casos son respuestas normales ante las situaciones vitales, tan adversas», expresan desde el hospital.

«Una forma de objetivar esta impresión es a través de datos: los adultos que solicitaron primera consulta de salud mental durante el año 2020 lo hicieron en un número menor que en 2019 y también se redujeron las revisiones. Aproximadamente, el descenso fue del 40%. Esta situación se ha dado tanto en Palencia como en el resto de provincias de la comunidad. Muchas de las consultas se realizaron por teléfono, a veces por protocolo y otras por decisión de los propios pacientes», expresan los profesionales del Caupa.

En cuanto al número de hospitalizaciones de psiquiatría en la unidad de agudos, disminuyó más de un 10%. En el año 2019 hubo en la Unidad de Hospitalización Breve 345 ingresos, mientras que en el año 2020 fueron 304. El número de ingresos por consumo de tóxicos también se contrajo, mientras que la necesidad de ingresos y reingresos en la Unidad de Rehabilitación Psiquiátrica fue menor que la observada en años anteriores. Por tanto, se comparte de forma generalizada entre los profesionales, que los pacientes con enfermedad mental grave y prolongada han soportado las condiciones de confinamiento y las medidas de protección contra el Covid de forma «modélica».

Los psicólogos y psiquiatras del complejo hospitalario insisten en que sentimientos como los que están surgiendo son «normales ante la situación», pero no entrañan necesariamente un cuadro psicopatológico. «Si se pudiera hacer un abordaje de estas demandas de la población desde una perspectiva psicológica con la presencia de psicólogos clínicos en la Atención Primaria, pensamos que el colapso de la misma hubiera sido menor», añaden. Asimismo, explican que el confinamiento domiciliario resultó, en muchos casos, «una situación aprovechada para crear en el hogar una zona de confort y seguridad que, en algunas ocasiones, incluso costó abandonar».

No obstante, quienes trabajan en los equipos de salud mental ven que los pacientes con trastornos mentales previos han aumentado sus quejas psicopatológicas asociadas a la situación de sufrimiento que ocasiona la pandemia. También indican que la imposibilidad de cuidar, acompañar y despedir a los seres queridos enfermos ha creado, en ocasiones, serios problemas emocionales, duelos complicados o situaciones de conflicto psicológico con frecuentes sentimientos de culpa, distorsiones cognitivas depresivas y un gran sufrimiento. «Pero incluso en estas situaciones tan dramáticas, la gente, en general, ha reaccionado y afrontado la situación con gran entereza. Solo se han visto complicaciones en casos de pacientes con una carga psicopatológica previa», recalcan desde el Caupa.

«Respecto a los sanitarios que han trabajado con pacientes Covid, en la primera parte de la pandemia se quejaban de la falta de recursos materiales y de la dureza de las condiciones en que debían enfrentar su trabajo, la falta de equipos de protección adecuados o la incomodidad de mantenerse tanto tiempo con los mismos. En la segunda y tercera olas, sus quejas fueron más psicológicas, al estar más relacionadas con el miedo al contagio, la angustia por la presión asistencial, el miedo a contagiar a su familia o entre sí y la preocupación por la evolución de compañeros de trabajo con cuadros muy graves o incluso fallecidos, por no hablar de la observación del sufrimiento de los pacientes y del sentimiento de impotencia al comprobar que, a pesar de realizar el tratamiento correcto, el enfermo se les iba de las manos», indican los profesionales del Caupa.

En lo referente al consumo de tóxicos, el confinamiento en su fase más dura dificultó el acceso a determinadas drogas, especialmente las ilegales, y el consumo fuera del domicilio, de ahí que el número de ingresos por este motivo en la Unidad de Hospitalización Breve disminuyera respecto a años anteriores.

LARGO PROCESO. Respecto al futuro, los psicólogos y psiquiatras del Caupa opinan que «la vuelta a la normalidad va a ser un proceso muy largo y complicado desde todos los puntos de vista». En este sentido, esperan un aumento de consultas y de hospitalizaciones. «Los sentimientos y frustraciones inhibidos durante el confinamiento sin duda van a aflorar. La recuperación económica y del empleo, las rutinas, las tertulias con los amigos no serán las mismas porque algunos ya no estarán. Muchos tendrán que cambiar de trabajo o modificar las condiciones de los mismos. Sin duda es una cura de humildad de una sociedad, especialmente la occidental, que se creía invulnerable a las enfermedades infecciosas», concluyen.