Monzón se defiende a 'nabazos'

Laura Burón / Monzón de Campos
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Los lanzadores de nabos cogieron posiciones en el puente sobre el río Carrión. - Foto: Sara Muniosguren

Laura Burón / Palencia
Monzón de Campos revivió ayer la Historia con la celebración de la XIII Batalla Nabal con la que los vecinos recuerdan los enfrentamientos entre moros y cristianos que tuvieron lugar en el año 938.
Previamente, en la Plaza Mayor se procedió al nombramiento de cinco nuevos caballeros cristianos, encargados de dirigir a su ejército contra las tropas musulmanas. El rey Alfonso VI y la reina Doña Urraca dieron el visto bueno a los nuevos caballeros, que tuvieron que explicar sus hazañas durante la guerra y entre los que se nombró al paladín, que ataviado con cota de malla, la vesta con los colores del ejército cristiano, yelmo, lanza y escudo dirigió al resto de soldados hasta el puente sobre el río Carrión. En total, varias decenas de vecinos vestidos al estilo medieval, acompañados por 14 caballos representaron esta batalla nabal, que en esta ocasión se ha adelantado casi un mes con respecto a años anteriores.
Separados por el cauce, ambos ejércitos intentaron llegar a un acuerdo, ante la atenta mirada de  centenares de asistentes que no querían perderse este enfrentamiento.
Fue allí, donde los moros exigieron a los vecinos de Monzón de Campos, en nombre de Abderramán III, califa de Córdoba, la entrega de parte de su cosecha como tributo, algo a lo que los monzonenses se negaron, puesto que este año la climatología había sido desfavorable y la entrega de parias le abocaba a morir de hambre.

Por la espalda. Un representante de cada ejército, montado a caballo, se introdujo en río para dar paso a las negociaciones. El señor de Monzón de Campos explicó la situación que no fue entendida por las tropas musulmanas, dando así comienzo la batalla. Tras el segundo toque de corneta y al grito de «¡Por Monzón!» debería haber empezado la batalla, pero en esta ocasión hubo sorpresa.
Los vecinos que esperaban el sonido de la corneta preparados para lanzar los nabos se vieron sorprendidos por la retaguardia. Un chorro de agua partía desde la orilla del río a sus espaldas, lo que provocó una buena sorpresa entre vecinos y alguna que otra caladura, aunque el buen humor reinó entre los asistentes al evento.
Y mientras unos intentaban escapar del chorro de agua, otros lanzaban a los ejércitos más de 400 kilos de nabos. Algunos hicieron un buen blanco, aunque los escudos de los soldados repelieron el ataque.