Cartero, peón y casi fraile... pero librero

J. Benito Iglesias
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Jesús Tejedor, de 79 años, se jubila como agente de ventas del Círculo de Lectores tras 38 años compaginados con otros 45 de reparto en Correos y después de «cargarse siete motos»

Cartero, peón y casi fraile... pero librero - Foto: Sara Muniosguren

Jesús Tejedor de la Fuente, natural de Itero Seco, cuenta a sus 79 años con una vida plagada de múltiples oficios y una jubilación no voluntaria el pasado 22 de noviembre de 2019 de su última actividad laboral, la de agente de ventas del Círculo de Lectores, al quebrar la empresa.
Atrás han quedado 38 años en este desempeño, que fue compaginado con el trabajo por oposición en Correos en distintos destinos, empresa pública donde estuvo 45 años hasta jubilarse como cartero, después de haberse «cargado siete motos», explica con ironía. 
Antes trabajó de peón, en una marmolería, en una quesería y de granjero a caballo entre Palencia y Valladolid, con un periodo previo  de siete años de estudio en los colegios de los Hermanos de La Salle de Premiá de Mar (Barcelona) y Mollerusa (Lérida). Sus dos años de novicio  no dieron luego lo suficiente para haber tomar los hábitos como fraile y tampoco quiso ser agricultor en su localidad natal como le propuso su padre. 
Después hizo el servicio militar en Barcelona y con 21 años sacó la oposición de cartero. «En toda España se presentaron al examen más de 5.000 personas y yo saqué una de las cuatro plazas disponibles», manifiesta pleno de orgullo por lo conseguido.
 Lo que no quería abandonar Tejedor, después de jubilarse como cartero en la empresa pública postal fue su puesto como vendedor de libros a comisión para el Círculo de Lectores, llevando mensualmente los pedidos puerta a puerta encargados a través de una revista. «Tuve entre 250 clientes en la peor época y 400 en la mejor, junto a una gran cantidad de amistades hechas en 38 años, de las que recibí alguna propina. También hubo gente, aunque no fuera mucha, que tuvo detalles conmigo», dice.
Mucho tiempo libre. El vendedor añade que en su última etapa  como agente y repartidor en el Círculo de Lectores tuvo mucho tiempo por estar jubilado y más cuando su mujer falleció hace cuatro años. «La casa en la que vivo solo ahora se me viene encima desde entonces y estoy mucho en la calle. Yo hacía la ruta más amplía, que va de la calle Mayor al final de la avenida de Madrid, y otra desde la avenida de Cardenal Cisneros hasta finalizar el barrio de Santiago. Empezamos 16 agentes y al final quedábamos siete hasta que la empresa cerró», explica con detenimiento.
Tejedor concreta que al oficio de vendedor de libros no le ponía «límite de tiempo» hasta que terminaba el reparto y sostiene que inicialmente se trataba de «un trabajo bien pagado, pero al final se percibía poco dinero y para los agentes de aquí era como un hobby». 
Su mayor  logro se lo dio el libro titulado Un Mundo sin fin, «con unas ventas que alcanzaron cerca de los 2.000 euros», se congratula, al tiempo que se lamenta de que el sector librero «daba mayores beneficios en comisiones en épocas en las que tenía menos clientes».
Crisis del papel. Después vino la crisis del papel, la caída de los hábitos de lectura y que tampoco cuajó el libro en formato electrónico. «Había gente que pedía solamente el libro clásico y algunos títulos ya solo aparecían en versión electrónica», dice.
Igualmente, agrega que también influyó en la falta de ingresos del Círculo de Lectores el hecho de que la venta añadida a la de libros -primero de discos de vinilo y cintas de casete, para luego pasar al formato de CD- «dio de sí un tiempo y luego cayó mucho».
A Jesús Tejedor, pese a no estar familiarizado con las nuevas tecnologías, le tocó en su última etapa hacer algún pedido por Internet. «Aunque no me gustase mucho envíaba la ficha directamente de cada pedido a la delegación y así me evitaba tener realizar la visita personalizada el cliente y entregarle los libros solicitados», expone.
De su etapa final entiende que la situación económica del Círculo de Lectores no era boyante y que el negocio tocaba a su fin. «Fue una lástima por que todos los que trabajábamos para la empresa nos llevábamos muy bien. Al final se han ido más de 200 delegados de zona y unos 300 agentes de venta en toda España. Se acaba entendiendo que si la gente compra cada vez más libros por Internet nuestro puesto de trabajo no sea necesario», señala con cierta nostalgia.