Descubiertas en Perú seis obras inéditas de Victorio Macho

J. Benito Iglesias (ICAL)
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Las piezas se encuentran en un almacén del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Lima

Descubiertas en Perú seis obras inéditas de Victorio Macho - Foto: Foto cedida poe de MNAAH

En ocasiones la historia no hace justicia a ilustres protagonistas que cuentan con grandes obras terrenales, en este caso artísticas, que perduran más allá de la existencia corporal. Victorio Macho, cuyos restos yacen por deseo propio desde hace casi 46 años a los pies del imponente Cristo del Otero inaugurado en 1931 para presidir desde lo alto su Palencia natal, es un ejemplo palpable de reconocimiento tardío y de olvidos sobre parte de su legado patrimonial. Su exilio americano, motivado por la Guerra Civil, truncó en buena medida una ingente y brillante trayectoria escultórica en España, de la que sí disfrutaron y siguen disfrutando, sin embargo, en Lima (Perú).
La casualidad quiso -animada por el paisanaje y un viaje transoceánico donde primó la avidez y curiosidad periodísticas- que varias décadas después de su muerte una pequeña parte de la obra inédita del escultor palentino, de incalculable valor patrimonial, fuese localizada. Se trata de seis piezas de gran formato abandonadas desde 1952 y fuera de exhibición pública en un almacén de la denominada Colección de Arte Histórico que pertenece al Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en el distrito de Pueblo Libre en Lima.
La instalación cultural fue antiguamente sede del Museo Bolivariano y la denominada Casa de los Libertadores, integradas hoy en un amplio recinto que encierra una extensa parte de la historia del país andino. La capital peruana, situada a 12.000 kilómetros de la Península Ibérica, acogió a Macho durante 12 años de vida y trayectoria artística. En principio, las pocas referencias existentes no invitaban al optimismo a la hora de investigar si existían aspectos desconocidos sobre su obra en una ciudad con nueve millones de habitantes. La visita al museo nacional conduce a un inesperado hallazgo -en torno al trabajo de uno de los artistas con mayor prestigio que dio Castilla y León y España en el siglo XX- tras una consulta informal a un empleado de seguridad, al que el nombre del escultor palentino le resultó familiar.

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Con el inestimable apoyo de Norma Cárdenas, responsable del área administrativa y del manejo de colecciones, junto a Jeanet Arias, con estudios universitarios de Turismo y Bellas Artes y encargada de la vigilancia de salas en el museo limeño, el hilo conduce a la madeja y lo que se intuye como un secreto lo revela el subdirector del Museo, a su vez profesor universitario y doctor en Historia del Arte, Jaime Mariazza. El trato se torna en privilegiado al acceder a recibir al periodista y confirmar que el escultor palentino desarrolló buena parte de sus obras americanas entre 1940 y 1952 en una sala no abierta al público y próxima a la actual dirección. Este espacio cultural recibe desde entonces el nombre de Victorio Macho, tal y como se observa en un enorme mural pintado por él y que recoge la imagen del libertador Simón Bolívar montado a caballo.
Allí permaneció el ilustre artista cincelando sus obras hasta que regresó a España y se trajo en un barco -junto a su joven mujer limeña Zoila Barros, con la que se casó en 1951- más de 15 toneladas de esculturas que hoy pueden ser visitadas en la casa museo de Roca Tarpeya que existe en Toledo. «Donó una parte de su obra pero está almacenada y no se puede visitar ni fotografiar. Muy poco personal del museo tiene acceso a la Colección Histórica», advierte Mariazza mientras muestra una pequeña ventana entreabierta de un antiguo almacén. Desde allí señala algunas maquetas de yeso bronceado y un busto sin pintar, todas ellas piezas únicas que atribuye a Macho y aparecen junto a numerosas obras de arte arrinconadas y sin identificación alguna.

Documento inédito. Tras las gestiones oportunas, con una inesperada complacencia en una institución museística de ámbito nacional, la Agencia Ical tuvo acceso a un documento escrito y gráfico, inédito en España, sobre el depósito artístico. En el mismo se catalogan los datos generales, la descripción y el estado de conservación de las obras consideradas únicas y donadas por Victorio Macho en agradecimiento al Gobierno de la República del Perú. Están esculpidas en yeso, en su mayor parte bronceado, y presentan -salvo una- un mal estado que puede paliarse a través del personal cualificado adscrito al taller de restauración que alberga el museo.
El legado peruano del escultor consiste en dos frisos en relieve del monumento al almirante Grau de Lima junto a la figura principal que acompaña al conjunto escultórico titulada La Gloria; una maqueta del busto y otra del monumento a caballo de Bolívar -héroe y promotor de la independencia de varios países sudamericanos incluido Perú- que integraron un proyecto que nunca llegó a ejecutarse en Caracas (Venezuela); una escultura sobre la que aún debe determinarse si representa el espíritu de Simón Bolívar; y una maqueta más de la tumba de los padres y esposa del libertador.
«Me dice usted que Victorio Macho nació en Palencia, pero en un folleto que recogí en una visita a la casa museo de Toledo figuraba hace años que era natural de esta ciudad. Su trabajo artístico es muy bueno», reconoce Merli Costa, historiadora y encargada del archivo bibliográfico de uno de los museos peruanos más visitados. Desconoce que la obra cumbre del escultor es el Cristo del Otero pero se ofrece a narrar todo lo que sabe, ha escuchado o recuerda de la estancia y el trabajo que desarrolló en el recinto museístico. Igualmente, no duda en aportar más datos en el futuro si le llegan y solicita le envíe todo lo que publique.

Referencias. Los dos historiadores consultados sólo tienen referencias de obras existentes en Toledo y de algunos conjuntos escultóricos más, ubicados en el Parque del Retiro de Madrid. Eso sí, coinciden en el valor artístico del monumento realizado por Macho para homenajear al héroe naval Miguel Grau, edificado en la plaza del mismo nombre en una de las zonas más modernas de Lima. El legado en el país andino se completa con un busto de Simón Bolívar cuyo original en yeso está retirado en el Museo Nacional junto a otras maquetas de proyectos distintos. Un molde de la obra, con la supervisión a título póstumo de un escultor que trabajó con el artista palentino, sirvió para dar forma en 1988 a una escultura de cemento en la plaza que lleva el nombre del libertador, situada al lado del Museo donde Victorio Macho contó con un espacio para su taller de trabajo.

Exposición itinerante. El año 2016 -algo que la historiadora Merli Costa considera puede ser factible y elogiable- podría ser una buena fecha para que una exposición itinerante homenaje al escultor y su herencia artística en el olvido, propiciando incluso un hermanamiento cultural entre las ciudades de Lima y Palencia, coincidiendo con el 50 aniversario de su muerte. Costa tiene aún en mente el hecho de que en los años 40 se requirió desde Venezuela a Macho para que diseñase una estatua ecuestre, integrada en un conjunto escultórico de homenaje a Simón Bolívar. «Se trata de una obra faraónica y es presumible que no hubiera medios adecuados para ejecutarla tal y como estaba concebida, pese al laborioso estudio previo realizado en su taller de Lima por Victorio Macho», explica la historiadora.
Además, en una casa solariega ubicada dentro del museo -denominada de los libertadores y anexa al museo donde vivió un tiempo Bolívar en Lima- existe otra pequeña escultura ecuestre que formaba parte del estudio del gran monumento que iba a glosar su figura. Esta obra sí se exhibe al público y fue utilizada por el artista palentino como modelo para pintar un mural de grandes dimensiones en la sala que lleva su nombre. Un pequeño grabado en la pieza y una placa identificativa en la peana que la sustenta, cierran el círculo en torno al legado hasta ahora conocido.
Para obtener testimonios gráficos de las seis piezas únicas almacenadas tras ser donadas por Victorio Macho –que fueron obtenidos por la fotógrafo titular del museo- hubo que abonar una tasa administrativa. El Ministerio de Cultura, según algunas fuentes consultadas en Lima, no dedica mucho presupuesto al museo y se cobra por todos los documentos o imágenes con destino a una investigación. Incluso, el día de la visita, se había alquilado un patio interior de gran belleza para organizar una fiesta nocturna de cumpleaños del magnate de un canal de la televisión peruana.