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Palencia Baloncesto cae con orgullo (76-81)

David del Olmo
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Palencia Baloncesto cae con orgullo (76-81) - Foto: DP

El Palencia Baloncesto sucumbía anoche en el tercer encuentro de la serie de semifinales del play-off de ascenso a la Liga ACB ante el Lucentum Alicante en un duelo magnífico, lleno de intensidad, buen baloncesto y lucha entre ambos, que significó su adiós a una magnífica temporada, la mejor de su historia, donde el equipo morado ha brillado y emocionado desde la pretemporada hasta su honrosa eliminación.

Gran baloncesto el que pudieron presenciar los espectadores que se acercaron en la noche de ayer al Pabellón para presenciar este tercer encuentro de la serie. Porque el equipo palentino saltó a la cancha dispuesto a demostrar que el 2-0 con el que regresó de Alicante no hacía justicia a sus méritos del fin de semana anterior. Y así, marcando el ritmo alegre, tanto en defensa como en ataque, que le permitió acceder desde una posición privilegiada a este play-off, ofreció sus mejores minutos de la post-temporada.

Aunque le costó tomar el mando del marcador, dado que cuando se había adelantado (12-5, con el triple de Janis Porzingis, el segundo de los morados hasta el momento, después del logrado por Carles Bravo) con cierta holgura, apareció sobre la cancha la calidad del base visitante, Pedro Rivero. El veterano director de juego anotaba una casi inmaculada serie de triples (cuatro solo en el primer periodo), que lograba mantener a los suyos en el choque. Fue el protagonista de su equipo, aparentemente recuperado de sus molestias, acaparó el poder ofensivo de los suyos, sobre todo cuando la defensa palentina agotaba las vías de pase de los alicantinos y él tomaba la responsabilidad en el lanzamiento (alguno de ellos muy forzado). De manera que con el tercero de esos aciertos, el marcador ya hablaba de un 19-20 bien diferente. Pero los locales no perdieron la paciencia con el arbitraje (de nuevo carente de criterio, aunque no para ambos lados igual, nada sorprendente por otro lado) en esta ocasión. Y finalizaba el periodo con 29-27 con los triples de Porzingis y Bravo (sobre la bocina).

 - Foto: DP En el segundo periodo ya se vio quién era el verdadero dominador del partido: el Palencia Baloncesto. Los de Natxo Lezkano aguantaron el físico ante un rival que anotó la primera canasta a 7:33 del descanso (29-29) y enseguida impuso su juego. Con una gran defensa que cerraba la líneas de pase una y otra vez a los alicantinos y un ataque paciente, siempre con un pase más en busca del jugador desmarcado, los morados se escaparon al llegar al intermedio. Fue con un parcial de 7-0 (41-35) que provocó el tiempo de Rubén Perelló a 2:56. Hasta el final, intercambio de puntos para el definitivo 46-41.

El comienzo del tercer periodo ofreció los mejores minutos del equipo palentino, corriendo a cancha abierta y escapándose en el marcador hasta una máxima renta de 13 puntos (58-45, a 5:53). Pero tras el tiempo muerto del Lucentum el duelo se afeó. Los visitantes endurecieron su defensa, como durante toda la serie con la permisividad de los dos colegiados, y la diferencia palentina comenzó a desaparecer. Por si fuera poco, llegaba la cuarta personal de Urko Otegui (al que ayer le impidieron tener continuidad en el partido, ya que solo pudo disputar 15 minutos, cuando por ejemplo Rejón o Llorca sí pudieron acabar el partido y otro de sus compañeros como Jesús Fernández se fue a la ducha con una personal en los 23 minutos de contacto total que disputó) y, a base de tiros libres (dichosos bonus) los alicantinos  se acercaban (60-55, a 2:36) y equilibraban (60-59 al final del parcial).

En el cuarto periodo los morados comenzaron con un nuevo estirón (69-63 a 6:39 tras el triple de Fornas), pero en apenas minuto y medio tres veloces acciones de Sabat y Llorca le daban la vuelta al marcador (69-70 a 4:55).

- Foto: DP En ese tiempo los palentinos defendieron a su mejor nivel, pero un par de desajustes significaron sendos triples (Bas y Llorca), para el 74-80 a 1:41. Y en ataque, demasiadas prisas, con el recuerdo de los 13 puntos desaprovechados. Urko puso el 76-80 antes de que le eliminaran y varios ataques palentinos se estrellaron contra el aro en el largo último minuto (demasiados triples, cuando la desventaja no era tan grande). Y con el 76-81 se acabó un duelo que puso en pie al Pabellón para despedir a su equipo, el que entrena Natxo Lezkano, con orgullo.