La bestia bajo el asfalto

O. Herrero
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Arrojar las toallitas higiénicas por el retrete convierte a estos 'inofensivos' elementos en monstruos que colapsan el sistema de alcantarillado

La bestia bajo el asfalto - Foto: Eva Garrido

«Todo comienza cuando un bebé de cocodrilo penetra en el sistema de cloacas de la ciudad tras ser arrojado por el inodoro. A lo largo del tiempo sigue creciendo y viviendo en ese ambiente hasta que comienza a atacar a la ciudad». Ahora, en la sinopsis de La bestia bajo el asfalto (1980), cambien la palabra cocodrilo por toallita. Y ahí tienen el paso de la ciencia-ficción a la realidad más preocupante.
Desde hace una década, esos paños inofensivos, suaves, perfumados y hasta con loción, son los enemigos de las venas de las ciudades, como el colesterol de las canalizaciones que llevan el agua sucia a depurar. Son como los gremlins:  adorables peluches a los que el agua y la comida a destiempo les convierte en monstruos.
Bien lo saben en Aquona y más concretamente en las instalaciones de la Estación de Depuradora de Aguas Residuales. Allí donde va todo el agua que vertemos por el desagüe,  por el retrete, por la ducha... «Las toallitas que se van por el váter generan verdaderos problemas en la planta. Saturan las rejas de entrada, rompen los tornillos de transportes, hay que parar las bombas y se generan desperfectos», explica Consuelo de Juana, jefa de planta de la EDAR palentina.

La bestia bajo el asfalto
La bestia bajo el asfalto - Foto:
Unos problemas que cada vez se dan más a menudo. «Estamos comprobando que son más frecuentes, porque el uso de toallitas se está generalizando. Es verdad, son más cómodas, pero no se deben tirar por el retrete».
Porque no son biodegradables y, además de las fuertes fibras que las componen, las toallitas forman  pelotas que van recorriendo la red de alcantarillado anexionándose todo lo que encuentran a su paso. Desde grasas a limos. Así, crecen hasta llegar a volúmenes importantes. «¿La más grande que hemos encontrado?, calculo que de unos 40 centímetros de diámetro», valora De Juana. Es decir, como una pelota grande de playa.
Pero no solo son las toallitas, «que aunque ponga que son biodegradables no lo son a la velocidad adecuada, y que cuando las rompes ves que sigue habiendo fibras, sino también los bastoncillos, las compresas, preservativos… Realmente lo único que debería tirarse es el papel higiénico. Ni tan siquiera el papel de manos, mucho más resistente. De hecho, en muchos locales ya prohiben tirar ese papel, sobre todo si las tuberías son estrechas», advierte la jefa de la EDAR, quien reconoce que además de los problemas de funcionamiento que se producen en la Estación, también hay atranques en la propia red.
Lluvias torrenciales. De Juana indica que la época más preocupante para la EDAR, por las pelotas de toallitas, ocurre tras el verano o después de un tiempo sin apenas lluvia «como ocurre ahora». Porque las lluvias hacen que los colectores lleven más agua y se limpien arrastrando los bloques de toallitas bajo el asfalto de la ciudad para acabar o en el Tanque de Tormentas primero o en la EDAR directamente.
«Se generan dos problemas: El económico, porque es un gasto tener que arreglar los desperfectos que generan y las molestias a los trabajadores, pero, por otro, puede llegar el caso de que las bombas estén obstruidas y haya que parar la planta, lo que implica que todo el agua que llegue, va directamente al río. Afortunadamente, por ahora, aunque ha habido que parar bombas, no han sido todas a la vez».
Concienciación. Por todo ello, la jefa de explotación de la EDAR de Palencia recuerda que «la taza del váter no es un vertedero». Pero reconoce que es difícil llegar con ese mensaje a toda la población, por lo que se trabaja desde los niños. «A través de las visitas que se realizan a la planta, tratamos de inculcarles hábitos correctos, para que cuando llegen a casa y vean a sus padres hacerlo mal les digan, eso no se hace, logrando que algunas personas, solo por evitar el sonrojo, dejen de hacerlo».
Campañas y visitas como las que se realizarán a lo largo de la semana próxima para conmemorar el Día del Agua, y con las que tratan de que la bestia que vive bajo el asfalto y alimentamos desde nuestras casas, deje de crecer antes de que sea demasiado tarde y colapse las venas de la ciudad.