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Editorial

La partida de los Presupuestos y la financiación autonómica

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El presidente Pedro Sánchez y su Gobierno han comenzado este mes de agosto a disputar la partida de ajedrez de los Presupuestos Generales del Estado para 2022, un año todavía incierto a consecuencia de las idas y venidas de la covid-19. Todo apunta a que será el de la consolidación de los buenos datos económicos que hoy los expertos consideran de rebote, después de una crisis de una magnitud desconocida en la economía española. El Ejecutivo inicia sus movimientos con las reuniones bilaterales tanto con Cataluña como con el País Vasco, pero ante el revuelo levantado por ese trato de favor hacia esas dos comunidades autónomas, la ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero, advirtió de que en las futuras cuentas públicas no habrá lugar para «concesiones políticas», tal y como pretenden los partidos independentistas catalanes.

A estas alturas de la partida, los contendientes se tantean y estudian los puntos débiles del adversario para tratar de sacar tajada al menor descuido del oponente. Por esta razón, asistimos a la fijación de los puntos de partida de los distintos bandos. Sin embargo, sobrevuela la cabeza de la ministra Montero la espada de Damocles de Cataluña, que consigue año tras año concesiones del Ejecutivo central, que, a la postre, influyen sobre los Presupuestos Generales del Estado.

Desde Valencia, otro ministro económico, el de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, apoya la propuesta del presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, de reclamar un impuesto a Madrid por los beneficios que obtiene derivados de su condición de capital de España. 

Los mensajes del Ejecutivo son un tanto contradictorios o juega una partida simultánea: por un lado, la de los Presupuestos Generales del Estado, y, por otro, la financiación autonómica. Ambas están interconectadas, porque se influyen mutuamente.

Sin embargo, parece más que se trata de mensajes equívocos cuando se privilegia a unas comunidades autónomas sobre las demás y se intenta lastrar a otras, con una economía boyante, para equiparar a todas las regiones de España. El problema reside en que el Gobierno depende de los independentistas catalanes y vascos para mantenerse. Y ahí surge esa doble vara de medir para con la Comunidad de Madrid, mientras el resto de autonomías contemplan la pugna y esperan las migajas que quedarán del pastel.

Al final de la partida de ajedrez, sólo quedan dos finales posibles: que el rey se dé por vencido o que sea matado por las piezas contrarias. Veremos qué Presupuestos Generales del Estado se confeccionan y qué financiación autonómica resulta.