Los topillos y la 'peste' de la tularemia

ALBERTO ABASCAL
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César Infante, agricultor de Paredes de Nava, aún arrastra las secuelas que le dejó la enfermedad durante la epidemia de 2007. «Sólo hay una solución y es permitir las quemas controladas», apunta

«Todavía tengo dolores de cabeza; a veces me duelen los brazos y las piernas. Pero lo que más me preocupa ahora es que después de la gran epidemia de 2007 ningún responsable de la administración regional ha tomado medidas o propuesto soluciones concretas para evitar lo que por desgracia se ha vuelto a reproducir». Así de crítico se mostraba ayer ante Diario Palentino César Infante, un agricultor de 48 años y vecino de Paredes de Nava, uno de los 278 afectados oficialmente por la enfermedad de la tularemia tras la gran plaga de topillos acontecida ahora hace doce años (otros 151 casos fueron declarados en la plaga de 1997 y otros 88 en la de 2014, según los datos médicos oficiales).
César Infante aún recuerda los cuatro o cinco días «funestos» que vivió en 2007 después de que le confirmaran que sufría de tularemia: «Estuve muy mal esos días, con fiebre de más de 40 grados de temperatura. Tenía inflamados los ganglios de las axilas, garganta e ingles; y soportaba unos dolores de extremidades muy fuertes. Recuerdo que me recetaron unas pastillas que venían en formato grande. Muy desagradable todo», recordaba este agricultor de Tierra de Campos, que está plenamente convencido de que la superpoblación de los roedores es el origen del mal. «Si todo está ya comprobado. Como entonces, ahora hay miles de topillos muertos en los campos, en las acequias y en los canales de riego o las naves. La putrefacción derivada de la descomposición de los cadáveres se impregna tanto en el agua como en la tierra y, a partir de aquí, llega a las liebres, conejos, caracoles y cangrejos, que se alimentan del terreno, desarrollando finalmente la tularemia, que lógicamente, más tarde o más temprano, afecta al humano. Yo tengo muy claro lo que a los agricultores nos castiga y es el sistema de riego, porque el agua penetra en alguna de las heridas o rozaduras de nuestras manos y ahí es por donde llega la enfermedad», pormenoriza César Infante. 
La Junta ha confirmado que a día de hoy hay dos casos de tularemia constatados (un agricultor de Fuentes de Nava y otro de Paredes de Nava) y otros cinco que están en periodo de estudio. «Seguro -reitera César Infante- que habrá más porque la gente no lo dice por psicosis. Yo no tengo problema alguno porque entiendo que se debe dar a conocer. La sociedad no es consciente de que esta enfermedad irá a más y puede llegar incluso a los núcleos urbanos. En la piscina del pueblo, por ejemplo, están retirando todos los días varios ejemplares muertos. Y es que nuestros políticos, a veces, nos toman por tontos y no se dan cuenta de que estos roedores no llegan en paracaídas. Lo que está meridianamente claro es que cuando hay plaga de roedores, enseguida aparece la tularemia».
 Los topillos y la ‘peste’ de la tularemia Los topillos y la ‘peste’ de la tularemia - Foto: Á“scar NavarroSe trata de una enfermedad infecciosa potencialmente grave causada por la bacteria Francisella tularensis. Según los expertos, si no se trata convenientemente, dura entre tres y seis semanas y tiene síntomas como fiebre súbita, dolores de cabeza, diarrea, dolores musculares y en las articulaciones, debilidad progresiva e incluso las personas afectadas también pueden contraer neumonía.
El agricultor paredeño también quiso incidir en que los topillos no solo son el germen o la causa del problema sanitario: «Hemos calculado que estos roedores se comen literalmente el 30 por ciento de la cosecha de cereal. Si este año las previsiones eran de regulares tirando a bajas, imagínate el daño que está infligiendo a nuestra economía».

Después de describir el mal que comienza a tomar cuerpo, especialmente en Tierra de Campos, César Infante tiene la receta más infalible para acabar con la plaga que serviría, a su vez, para que la enfermedad de la tularemia no se propagara. «Después de las experiencias que hemos sufrido con este tipo de situaciones solo hay un método que es eficaz: la quema controlada de rastrojos y linderos. En las anteriores plagas se llegó a usar un producto químico denominado clorofacinona, pero yo particularmente no soy muy partidario de su utilización porque acaba con todo. Lo más efectivo sería la quema controlada de las parcelas y cunetas. Y es muy fácil organizarlo con los propietarios de los terrenos, los bomberos y la Junta de Castilla y León. Se puede ir por zonas y bien supervisado es lo único que puede acabar con los topillos, pero mientras el Gobierno regional siga insistiendo, primero en que no hay plaga y segundo que no se puede utilizar la quema, el problema irá agrandándose como ocurrió en el año 2007. Mira, aquí en Paredes de Nava se ha quemado algunos linderos porque los topillos ya estaban cerca de las escuelas y de las piscinas. Ha sido efectivo», explicaba un profesional del campo que sabe de lo que habla, pues no solo ha sido testigo en varias ocasiones del problema sino que ha sufrido en sus propias carnes, y aún tiene secuelas, el mal de la tularemia.

Por de pronto, la administración regional sí confirma que esta es una enfermedad de declaración obligatoria y mantiene las recomendaciones para evitar su contagio, tales como no mantener contacto con animales muertos, enfermos o con comportamientos no naturales; evitar el consumo de aguas no controladas sanitariamente; utilizar ropas protectoras y productos repelentes para evitar picaduras de insectos o garrapatas; no permitir que los niños toquen las piezas de caza y utilizar guantes y mascarillas cuando se manipulen.
Además, se debe consumir carne de animales silvestres perfectamente cocinada; comunicar a los responsables de caza y/o sanidad animal la presencia de animales muertos, enfermos o con comportamientos no naturales; y, en caso de aparición de síntomas sospechosos de esta enfermedad, ponerse en contacto con el médico. 

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 Los topillos y la ‘peste’ de la tularemia
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