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Palentinos en la lista negra

José María Nieto Vigil
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/ Palencia durante la Guerra de las Comunidades

Palentinos en la lista negra

Finalizaba el otoño y, tras seis meses de enfrentamientos en al campo de batalla, con la subversión del orden del reino y un conflicto sin visos de solución se iniciaba el frío invierno castellano, momento de división en el seno de la causa comunera, de radicalización y expansión de la sublevación por Tierra de Campos. Adriano de Utrecht había abandonado Valladolid acogiéndose en Medina de Rioseco a la protección del III almirante de Castilla, Iñigo Fernández de Velasco. Tordesillas, tras sesenta y cinco días en manos de los revoltosos, fue recuperada por los imperiales, de la mano del conde de Haro, Pedro Fernández de Velasco y Tovar, lo que supondría el nuevo confinamiento de la reina Juana I. Un duro revés para los intereses de la Comunidad, a lo que habría que añadir el abandono y retirada de la pelea de Pedro Girón de Velasco, capitán general nombrado por la Comunidad, un grande de España por ser, entre otros títulos,  III conde de Urueña, que por falta de visón táctica desprotegió Tordesillas y no se dirigió contra Medina de Rioseco, como era lo previsto inicialmente.

Los servicios de espionaje y contraespionaje funcionaron por ambos bandos manteniendo cumplida información sobre los líderes locales, los movimientos de tropas o la recaudación y aprovisionamiento de unos y de otros. En este sentido cabe señalar a un personaje interesante, Ana Palafox, espía al servicio del rey. Llegados a esas alturas de la guerra, se tenía amplia documentación sobre los comuneros de Palencia.

El edicto real de worms. Juan Bravo, Francisco Maldonado –éste en sustitución de su primo- Pedro Maldonado Pimentel- y Juan de Padilla, cabecillas comuneros apresados durante la batalla de Villalar (23 de abril de 1521), fueron ejecutados de manera inmediata a la mañana siguiente. No existió opción a la defensa de los cargos y culpas imputadas y, menos aún, proceso judicial alguno que celebrar. Ellos sabían cuál sería su destino si en algún momento eran hechos prisioneros. La sentencia se había escrito tiempo atrás, cuando el ya proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos I, había emitido el Edicto de Worms (Alemania), y ya se había proclamado por los pregoneros por todo el reino de Castilla. Sin duda, aquella era la crónica de una sentencia anunciada.

Palentinos en la lista negraPalentinos en la lista negraLo que estaba ocurriendo en España durante su ausencia y en presencia del regente por él designado, el cardenal Adriano de Utrecht, era algo más que una protesta y disconformidad que ya se había manifestado en las Cortes de Valladolid (9 de febrero de 1518), o en las de Santiago de Compostela y La Coruña (31 de marzo al 25 de abril de 1520). Gravísimos sucesos se sucedían a lo largo de Castilla, mientras él luchaba por hacerse con la corona imperial de su abuelo, Maximiliano I de Habsburgo.

Su indiferencia y abandono de sus necesarias labores de reinado, su falta de tacto con el nombramiento de cortesanos flamencos, más preocupados en su enriquecimiento particular que en el de atender a los súbditos, su poca sensibilidad con la cultura y lengua de los castellanos –solamente hablaba flamenco y alemán-, las simpatías populares que había hacia su madre, la reina Juana I, -recluida en Tordesillas desde 1509-, su incumplimiento de los Fueros de Castilla perjurados y su abandono de España –embarcó con rumbo a Alemania el 20 de mayo de 1520-, en tan delicada situación, habían hecho germinar la semilla de la rebelión, la revuelta, la revolución, la sublevación, o como quiera que se denomine al levantamiento de las Comunidades, su arrogante e impertinente  actuación propiciaría un conflicto armado que tendría inevitables y amargas consecuencias para los hombres y mujeres de Castilla, que se sentían ultrajados y maltratados por un soberano hacia en cual no manifestaban ninguna empatía, ni devoción alguna, al menos inicialmente.

De manera constante y reiterada, recibía repetidas quejas y misivas en las que se ponía de manifiesto el descontento en tierras españolas. Las reivindicaciones políticas habían dado paso a la lucha armada y muchas eran las ciudades que se habían alzado en armas. Ante este panorama y con la pretensión de amedrentar e intimidar a quienes desobedecieran a sus representantes, léase Consejo Real, regente o virreyes, (IV condestable de Castilla, Fadrique Enríquez de Velasco, y III almirante de Castilla, Iñigo Fernández de Velasco), tomaría las medidas represivas oportunas. Y éstas llegaron en forma de edicto real.

Palentinos en la lista negraPalentinos en la lista negraLa fecha de tal documento era el 17 de diciembre de 1520, ya proclamado emperador y sobornados los príncipes electores  (Aquisgrán, 23 de octubre de 1520). Su contenido se refería al levantamiento comunero, iniciado a mediados de abril del mismo año, cuando todavía se hallaba presente en España. Era fácil observar que la ambición y los deseos de Carlos por suceder a su abuelo, padre de Felipe I de Castilla, Felipe El Hermoso, eran mucho más fuertes que cualquier otro afán en el inicio de su reinado. Se sentía extranjero en su propio reino y así le sentían sus sufridos y maltratados vasallos.

En el  Edicto de Worms, se presenta con la mayor carga simbólica posible, revestido de su total y absoluta autoridad y jurisdicción. En él expresa de manera inequívoca que hace uso de sus plenas facultades, como gobernante y señor de sus reinos. Establece las bases jurídicas que servirían, meses después, para señalar la responsabilidad penal que quiere exigir e imponer a sus súbditos rebeldes. No había vuelta atrás, desde este momento, se anunciaba la posterior y rápida sentencia ejecutada tras su victoria, mejor dicho, la de sus ‘leales’ señores,  en Villalar. 

Era la contundente respuesta a las pretensiones comuneras de que el emperador aceptara las propuestas,  contenidas en la llamada Ley Perpetua de Ávila de 1520, a las que consideraba una auténtica subversión del poder político por él instaurado. Unos días antes, como preludio del edicto, había firmado una carta real declarándoles traidores a todos ellos , por su continuado y reiterado desacato a su señor.

Palentinos en la lista negraPalentinos en la lista negraEs un documento que consta de cuatro piezas en pliego de folio de ocho hojas. Deja claro el desarrollo de la sublevación, los hechos y graves desacatos cometidos por la Junta –principal órgano de gobierno comunero-. También alude a las concesiones reales reiteradas,  por parte suya, para evitar la prolongación de la rebelión y conseguir la paz. Por otro lado, y esta es la parte definitiva para determinar el fin de los acontecimientos acaecidos, se formulan acusaciones de delitos públicos y de Lesa Majestad  –delitos contra la autoridad del rey y el orden de su reino- y, en consecuencia, las gravísimas penas a cumplir, que no serían otras que las de la pena capital. ‘Alea jacta est’ -la suerte está echada-.  Se habían atravesado todas las líneas que un emperador podía ser capaz de soportar sin menoscabo de su incontestable autoridad. A  finales de 1520,  el camino de la victoria, para los realistas, y el camino de perdición, para los comuneros, se había iniciado inexorablemente.

Para el cumplimiento de sus deseos, dota de poder y mandata a los gobernantes que le representan en Castilla proceder de forma inmediata, dado lo notorio de los hechos sobradamente probados. Se da instrucciones para que se castigue, con el mayor rigor posible, y se persiga a los instigadores y líderes de la rebelión. El documento va firmado, con todas las formalidades preceptivas, por Francisco de los Cobos, secretario de Su Majestad.

Es una misiva dirigida a los principales jefes de la Comunidad: Don Antonio de Osorio Acuña, obispo de Zamora, sin duda el más radical y enfervorizado cabecilla de la revuelta; Pedro Lasso de la Vega; Juan de Padilla; Pedro López de Ayala –conde de Salvatierra-; Hernando Dávalos –señor de Totanés-, rico toledano, vecinos de Toledo; Juan de Mendoza, hijo de Don Pedro González de Mendoza y Francisco Maldonado, vecinos de la ciudad de Salamanca; Juan Bravo, vecino de la ciudad de Segovia, y Juan de Zapata, vecino de la ciudad de Madrid. A ellos sigue una larga lista de miembros de las Comunidades citándose sus oficios –muy variados y distintos-, así como el origen de los mismos.

Palentinos en la lista negraPalentinos en la lista negraEn conclusión, esta era la sentencia que se ejecutó sin necesidad de probanza, ni derecho a defensa, y se cumplió de forma inmediata. Se pretendía dar un castigo ejemplarizante para un pueblo temeroso, desde entonces, de cualquier sueño de libertad posible. Los grandes señores fueron los grandes beneficiados del triunfo real, dando paso a una feroz y contumaz represión.

Palentinos incluidos en la lista. Esta ‘lista negra’ la integran: los capitanes militares; los procuradores de las doce ciudades representadas en la Santa Junta (León, Zamora, Salamanca, Segovia, Madrid, Toro, Ávila, Valladolid, Toledo, Murcia y Guadalajara); los miembros de las juntas locales en las ciudades y villas comuneras (Carrión de los Condes, Tordesillas, Medina del Campo, Lorca, Palencia, Burgos, Villalpando, Merindad de Montija, Merindad de Soto Cueva y Merindad de Valdivieso); finalmente, numerosos propagandistas y religiosos. En total sumaban doscientos sesenta traidores, así señalados por su Cesárea Majestad Imperial. 

La persecución ya estaba dictada y el final de muchos de ellos, conforme a los cargos señalados, ya había sido asumido por sus autores. No cabía clemencia, ni sorpresa después. Todos tenían pleno conocimiento del punto al que habían llegado en su desobediencia y atentado contra la autoridad regia.

Palentinos en la lista negraPalentinos en la lista negraCabe aclarar cuatro aspectos importantes: El primero de ellos es el de no se relaciona a los integrantes de las milicias –muchos de ellos a sueldo- por no tener responsabilidades políticas ni ejecutivas en el levantamiento. Sin embargo, varios centenares de ellos, totalmente anónimos, participaron como soldados formando parte de las guarniciones acantonadas en las plazas conquistadas u ocupadas (Dueñas, Ampudia, Torrelobatón, Fuentes de Valdepero, Torquemada, Villamuriel o Palencia) y, como no podía ser de otra manera, en la campaña del obispo Acuña por tierras palentinas, en la fallida expedición contra Burgos (enero de 1521), formando parte de la tropa de Juan de Padilla e, incluso, peleando en la batalla de Villalar.

Un segundo aspecto a tener en consideración era el referido a que en la relación de los palentinos señalados, se dejaba constancia del lugar de su vecindad en el momento de la sublevación, por tanto alguno de ellos no era natural de nuestra tierra, pero sí residente o vecino. El caso más notorio es el de Gonzalo de Ayora, casado con la hacendada palentina Isabel Vázquez, residente en Palencia desde su matrimonio. Nacido en Córdoba (1466), moriría en el exilio (Portugal 1538) sin haber recibido el perdón del rey ni su benevolencia, ya que nunca revocaría su condena a muerte. De hecho, Carlos V llegó a afirmar de él, cuando intentó regresar a España procedente de Francia, en 1536, que «era un comunero liviano y gran bellaco». Sin embargo, a fecha 17 de diciembre de 1520, todavía no formaba parte de los señalados. Quizá la vinculación que había mantenido con la corona de Castilla, o quizá su talante más conciliador que el del resto de los líderes y jefes de la Comunidad, le excluyeron temporalmente de los sentenciados por el Real Edicto de Worms.

Un tercer aspecto digno de mención es el de que algunos comuneros fueron denunciados por su señor, no por el rey. Así ocurrió en lugares como Dueñas (Señorío de los condes de Buendía) o Villamuriel (Señorío del obispo de Palencia). Protagonizaron revueltas anti señoriales aprovechando el momento de debilidad de la autoridad real. Conforme transcurrió el tiempo se fueron enrolando en la causa comunera, quizá no tanto por la reivindicación sino por el oportunismo de la situación imperante. 

Palentinos en la lista negraPalentinos en la lista negraUn cuarto aspecto  digno de reseñar es que otros se alzarían con posterioridad al 17 de diciembre –fecha de edicto-. No se puede olvidar que los acontecimientos más relevantes y exitosos de la Comunidad tuvieron lugar en Tierra de Campos, más concretamente en el espacio delimitado entre Valladolid, Medina de Rioseco, Tordesillas, Torrelobatón y Palencia.

Un total de treinta y dos son de procedencia palentina. Después de Valladolid, Palencia es el territorio de mayor procedencia de los conminados. Algunos de los señalados no pudieron ser identificados por su origen y profesión, tanto de la provincia palentina como del resto. Las profesiones de los señalados eran muy variadas:   desde miembros de la Diputación de Guerra, de la Junta local y del Regimiento; hasta escribanos –hombre dedicado a copiar o escribir documentos a mano-; pasando también por capitanes de la milicia; canónigos de la catedral; médicos; zapatero; boticario; cordonero; batidor –persona que levanta la caza en las batidas-; cuadrilleros –miembro de las cuadrillas de la Santa Hermandad (Organización militar creada por los reyes Católicos en 1476. Su objetivo era perseguir y castigar los delitos cometidos fuera de una población); zurrador –oficio dedicado a quitar el pelo de los cueros-;  pellejero o servillero –oficio vinculado al cuero-. 

No se relaciona a gentes de condición labriega, ganadera o de otros oficios propios del medio rural, lo que no quiere decir que no les hubiera, pero con un papel de tercer orden. 

Palentinos en la lista negraPalentinos en la lista negraLos vecinos de Palencia relacionados en la ‘lista negra’ que marcaría su futuro eran los siguientes:

Miguel de Aragón (Palencia. Batidor); Alonso López  (Palencia. Cordonero); Diego Sánchez (Palencia. Boticario); Hernando de Torquemada (Palencia. Escribano); Tordesillas (Palencia. Cuadrillero); Diego de Calabazanos (Palencia. Cuadrillero); Juan Ramos (Palencia. Oficio desconocido); Pascual de Jaén (Palencia. Capitán y cuadrillero); Maestre Juan (Palencia. Zapatero); Pedro Sagrario (Palencia. Oficio desconocido); Juan de Paredes (Palencia. Servillero, diputado de la parroquia de Santa Marina); Medina del Peso (Origen y oficio desconocido); Urbán de Lezama (Palencia. Zurrador); Francisco de la Rúa  -hijo- (Palencia. Oficio desconocido); Juan Salcedo (Palencia. Oficio desconocido); Francisco Sánchez (Palencia. Oficio desconocido); Juan Gómez (Palencia. Regidor nombrado por la población); Diego Gómez  (Palencia. Oficio desconocido); Francisco de Villadiego (Palencia. Regidor nombrado por la población); Diego de Villagrá (Palencia. Diputado y capitán); Andrés de Villadiego (Palencia. Regidor nombrado por la población); Andrés de Baltanás (Palencia. Escribano); Juan Robladillo ‘El Viejo’ (Palencia. Diputado de la parroquia de Santa Marina en la Junta local); Licenciado Alonso Espina  (Palencia. Médico, diputado y vocal en la Diputación de Guerra en Palencia); Juan de San Cebrián (Palencia. Pellejero, diputado y vocal en la Diputación de Guerra en Palencia); Bernardino de San Román (Palencia. Diputado por una parroquia –desconocida- en la Junta local); Alonso Fernández (Palencia. Diputado de la parroquia  de San Miguel en la Junta local); Esteban Martínez de la torre (Palencia. Alcalde); Francisco de Cuéllar (Palencia. Canónigo de la catedral de Palencia, delegado del cabildo en la Junta local); Pedro de Fuentes (Palencia. Chantre –canónigo que dirigía el coro de la catedral de Palencia- y delegado del cabildo catedralicio en la Junta local); Fernando de Herrera (Origen desconocido. Escribano), y finalmente, Hurtado de la Vega (Carrión de los Condes. Corregidor de Medina del Campo por la Junta).

Después, el 31 de enero de 1521, a la sentencia de traición señalada en el Real Edicto de Worms, seguiría el Edicto de Excomunión, promulgado por el regente del reino, Adriano de Utrecht, obispo de Tortosa e Inquisidor General, en representación del entonces papa, León X (Giovanni di Lorenzo di Medici). Era una vuelta de tuerca más, ahora con la bendición de Roma, con la que se condenaba a los comuneros a un más que negro futuro. 

La persecución, la condena, el exilio, la confiscación de sus bienes, la pérdida de distinciones serían el tipo de suertes con el que afrontaban la lucha contra el omnímodo poder del rey y emperador. Con posterioridad, finalizada la contienda, se iniciaría una implacable represión certificada de la exclusión del Perdón General (1 de noviembre de 1521), así como de sucesivos indultos otorgados. 

Muchos de los sublevados en esta Guerra de las Comunidades encontrarían refugio en Portugal –sobre todo-, en Francia e incluso en América.