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Aquí nunca pasa nada

Charo Barrios
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Mercedes Rodrigo debuta como novelista en 'Un asunto rural', que cuenta lo que sucede en un pueblecito donde se comete un asesinato

Esta profesora ganó el XXV Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra.

Una se imagina a los chavales comentando la jugada: «La profe ha publicado una novela negra. Y rural». Porque sí, Mercedes Rodrigo es docente; y sí, se ha metido en las procelosas aguas de la novela negra. Como si los alumnos no dieran problemas suficientes... 

«A veces, la ficción y la realidad no son tan diferentes». Por ejemplo, en su novela, Un asunto rural (Edaf), hay muerte y sufrimiento, hay aprovechados, listillos y personajes que creen que el mundo les pertenece, pero también los hay que intentan vivir sin fastidiar al prójimo, e incluso que echan una mano a los demás. Vamos, como la vida misma. «Y lo mismo pasa con los alumnos. Claro que tienen problemas y también los causan a veces». «Nada nuevo», asegura, y añade una reflexión: «Últimamente, los adultos tendemos a ver a los jóvenes y adolescentes como un problema cuando son la solución; quizá el problema lo tengamos nosotros».

Rodrigo escribe desde hace tiempo, ha aprendido el oficio en talleres donde ha pulido sus microrrelatos y relatos breves. Dar el salto a la novela le imponía, pero se le antojaba inevitable. «Como soy lectora de novela negra desde hace años pensé que, al conocer las claves del género, podía resultarme más sencillo, y también más divertido, para empezar. Y debo decir que ha sido de todo menos sencillo». Si acaso, la decisión de presentarse al XXV Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra le ha simplificado la llegada a librerías: lo ganó, y publicar era parte del galardón.

Alejándose de la novela negra típica, que se desarrolla en ambientes urbanos, ella se ha ido a un entorno rural, opción dictada por la premisa de la que partió: ¿qué pasaría si en una comunidad pequeña donde todo el mundo se conoce, incluso donde muchos son familia y amigos, ocurriera un crimen?  

La comunidad se llama Cortezuelo; el investigador, Demetrio. Sí, estamos en Castilla. Explica Mercedes que quería bautizar al personaje con un nombre que sonara bien y casara con su carácter y su raigambre. En cuanto al topónimo, no lo quería ni muy conocido, ni raro, ni exótico. En algún momento, le vino la imagen de la corteza, «algo duro que recubre la parte exterior y que oculta lo que está dentro», pero no le convencía, así que probó a añadirle el sufijo diminutivo-despectivo -uelo que le daba el matiz de algo pequeño, manejable, de poca importancia. 

Así que aquí estamos. En Cortezuelo, un escenario cerrado del tipo de los que creó Agatha Christie y angustioso: el asesino tiene que ser uno de sus habitantes. De ahí el interés que la autora pone en los personajes, su desarrollo psicológico, las relaciones que establecen. «Me interesaba contar la vida diaria de la gente corriente, que vive en lugares pequeños en los que nunca pasa nada», confiesa la profesora.   

Y con Demetrio, guardia civil. Llamativo, con la presencia que ese Cuerpo tiene en la vida española, su escaso protagonismo literario, con la excepción del que alcanza en las novelas de Lorenzo Silva.    

A juicio de Rodrigo, la novela negra indaga mejor que otros en el reverso de la sociedad, en su lado más oscuro, y se acerca a esos abismos que bordeamos los seres humanos. Abismos que, en entornos rurales, son aún más profundos.