Huérfanos de tienda de barrio

Laura Burón
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El Autoservicio Carnicería Alonso, ubicado en El Cristo, echará elcierre el último día del año tras 35 años de actividad, dejando a esta zona de la ciudad sin un establecimiento de los de toda la vida

Huérfanos de tienda de barrio - Foto: Sara Muniosguren

Saturnino Alonso y Elena Caro se despedirán de sus clientes el próximo 31 de diciembre. Esa es la fecha, «si no me toca la lotería el día 22», según dice Elena, en el que cerrarán su tienda de la calle Navarra, número 4, en el barrio del Cristo. Autoservicio Carnicería Alonso bajará la persiana para siempre coincidiendo con el cambio de año, después de 35 abasteciendo a los vecinos de productos de primera necesidad como pan, frutas, legumbres y carne.
Saturnino y Elena pasarían a ser dos jubilados más si no fuera porque su decisión conlleva que el barrio del Cristo se quedé sin la última tienda tradicional y sin carnicería. «Por un lado, tenemos ganas de dejarlo y disfrutar de la vida y, por otro, nos da pena», explica el dueño de este autoservicio, de 69 años, que ya ha estirado cuatro su edad de jubilación. «Sentimos mucho tener que cerrar por que, ¿ dónde va a ir a comprar la gente, sobre todos los mayores, si en el barrio ya no hay ni carnicería, ni pescadería? No hay ni cajeros automáticos», afirma Saturnino Alonso. «Ni casi bares», añade Elena Caro, que asegura que «nos duelen ya los brazos de trabajar y creo que es hora de dejarlo y descansar».
En Autoservicio Alonso, las legumbres se venden a granel, la decoración está compuesta por plantas y macetas, y La Sagrada Familia con sus velas ilumina la carnicería. Incluso se fía a aquellos a los que el sueldo no les llega a fin de mes. En definitiva, una tienda de las de siempre. «Las clientas son como de la familia. A veces a alguna no le llega, pero nos dice que se lo apuntemos y en cuanto cobran la pensión vienen a pagar, porque en este barrio la gente cumple, es sana y aquí hay confianza», explica Saturnino.
Huérfanos de tienda de barrioHuérfanos de tienda de barrioEl goteo de gente entrando en la tienda es constante a lo largo de la mañana. Mientras esperan turno en la carnicería, van comprando frutas y verduras que Elena les va separando mientras charla amigablemente, por que la conversación está asegurada. «Algunas de las vecinas no se hacen a la idea de que vayamos a cerrar», segura la frutera-cajera-panadera.
«Lo pienso y se me escapan las lágrimas», reconoce una de esa clientas de siempre. «¿Qué cerráis? No me digas, no sabía nada», pregutna otra en la cola de la carnicería. «Es triste que un negocio tan familiar, en el que te tratan mucho mejor que en las grandes cadenas de supermercados cierre. Me da pena, además es la única tienda que nos queda», afirma una de las vecinas. «Les echaremos mucho de menos. Estamos acostumbrados a comprar cerca de casa, con confianza y ahora tendremos que irnos más lejos», añade Carmen, que es clienta desde hace año y medio. Y es que la carnicería más cercana está «abajo», en el barrio del Ave María, «lejos para la gente mayor».
«Ya no quedan carniceros como los de antes», añade uno de los proveedores al dejar el pedido en la carnicería. «Como va a cerrar tenemos que aprovechar», asegura otra conocida del negocio.
En las estanterías de la tienda todavía se pueden ver productos básicos de droguería y alimentación, como galletas, leche, pasta, sal, azúcar, detergentes o lavavajillas. Son los últimos, porque no se van a reponer. Solo se siguen proveyendo de productos frescos para la carnicería y la frutería. 
Y es que como asegura Saturnino, el negocio funciona. «Me gustaría que no se llegara a cerrar la tienda. Que alguien se interesara y cogiera las riendas porque es viable», afirma. La carnicería y la frutería tienen una clientela fija, mientras que la parte de la tienda «es más para salir del paso, para casos de emergencia, que se te ha olvidado algo que necesitas pues te acercas de un momento y lo compras». Este matrimonio tiene dos hijos «ya colocados», que también les desean una maravillosa jubilación. «Estamos abiertos a todas las posibilidades: venderlo, traspasarlo o arrendarlo», añade Elena. 
«Si alguien está interesado y no tiene experiencia en la carnicería yo estoy dispuesto a enseñarle hasta que se sepa manejar», aclara el hasta ahora propietario. «Yo comencé hace 35 años, sin tener ni idea de carne, porque venía de repartir con un camión por toda la región y poco a poco aprendí», recuerda. «Eran otros tiempos. Había más tiendas en el barrio como esta, pero se vendía bien, de todo, porque no existían las grandes superficies. Antes de abrir ya había gente esperando en la puerta para que les atendieras. Había posibilidades de prosperar y parece que así lo hemos hecho», explica Saturnino Alonso, mientras atiende a su clientela. «Quizá a lo mejor luego me aburro, pero él no creo. Saldrá mucho a pasear», reflexiona Elena. Lo que tienen claro este matrimonio es que este año, cuando coman las uvas, habrán dejado atrás una etapa especial de sus vidas.




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