Otra mirada

Carmen Quintanilla Buey


Profesor oportuno           

10/07/2020

      


A  todo el lío que tenemos encima, al menos en mi caso, se suma el desconcierto. Un día, por ejemplo, pasas ante un establecimiento que a causa de la situación ha permanecido cerrado una temporada, y una vez ya reabierto, oyes: - Aquí, han bajado mucho los precios, porque al haber vendido poco, ahora se trata de ampliar la clientela.
Y al día siguiente, y al hablar de otro comercio: -Yo, allí no compro ni una lechuga, porque tras haber cerrado unos meses, ahora se sacan la espina pegando unos sablazos... Pues eso, que no sabes con qué carta quedarte, y te haces un lío tan grande como el que me hago yo al intentar ponerme guantes y abrir bolsas en los lugares de compra.
Reconozco que son utensilios protectores, y por eso pongo todo lo que puedo de mi parte por protegerme y proteger, pero la mayoría de las veces no logro acertar a la primera. Mejor dicho, no lo lograba, pero ahora ya sí, gracias a  un espectador que, sin yo advertirlo, observó todo mi tejemaneje y mi desacierto entre divertido y tan irónico como el que ve los toros desde la barrera:  Al tomar media piña e ir con ella a la báscula para pesarla, me di cuenta de que me había pinchado una de sus espinas en el dedo pulgar y tenía una motita de sangre. No sabía si dejar la piña... quitarme el guante... subirme la mascarilla... ¡Y acudió a mí cómo llovido del Cielo!. El chico, calibrando mi liada, se acercó,  como un profesor emergente en el manejo de guantes y bolsas, me dio las lecciones pertinentes: -Mira, me dijo: Para abrir la bolsa  tienes que dar un tirón a las asas, luego haces un rebujoncillo en el centro y ya está lista. Y en cuanto a los guantes... ¡esos ya tienen más complicaciones, porque al no tener asas...!, pero bueno, el tirón lateral será el  mismo, el rebujoncillo central también, pero ya abierta la entrada, llévala a la boca, sopla muy fuerte y de esa forma los huecos para los dedos se pondrán de relieve desde el pulgar al meñique, y así entrarán tus manitas como Pedro por su casa. Pasamos un rato muy divertido.
Agradecí sus lecciones que prometí cumplir, le otorgué matrícula de honor, nos hicimos amigos, hemos quedado en tomarnos algún café juntos, y me aseguró que seguiría dándome clases  sobre la forma de abrir cosas. En fin, en fin... que este profesor especialista en  pandemiología, yo creo que será capaz hasta de enseñarme a dar besitos con la mascarilla puesta.       



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