Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


Sin puntilla

04/05/2021

Este sábado me vacunan en el Miguel Delibes, en la obra de Bofill. No sé qué vacuna me administrarán. Pero no soy persona que tenga en cuenta en demasía las marcas ni patentes. De chaval me daban casi igual unos zapatos Lotus de la zapatería que tenía en medio de la calle Mayor Severiano Hoyos, que los de la boutique del Galo de la plaza de abastos. Era bastante para mí que no me hicieran daño, que no me mancaran, como me decía el Galo.
Jaime Caballero, presidente, amigo y compañero en la Peña Taurina, me contó la historia de la mula de un pariente de su pueblo, Alaejos, de los tiempos en que toreaba Nicanor Villalta; un buen matador aragonés que tras excelentes faenas de muleta arreaba fuertes estoconazos y tras sacar un poco la espada para que el morlaco se tumbase, los toros rodaban solos por la arena sin puntilla.
Hacía poco que los de Alaejos habían comprado el animal en una feria: una mula de raya de San Antonio y catorce dedos de alzada para varas. Todo bien hasta que un día el animal llegó triste, parecía estar enfermo. Que si era un cólico barriguero, un torzón, que si había comido mucha alfalfa y se había implado bebiendo agua, un entripado, que podía ser un virus como el caballo del campanero, o la ingesta de malas yerbas como la chupamieles o escardamulas… había pareceres y opiniones para todos los gustos. Se procedió a darle friegas en la tripa con una cebadera vieja de loneta para que se calentara el tracto, pero el pobre bicho se iba apagando sin aflojar el vientre.
Se optó por requerir servicios al nuevo veterinario titular, que se apresuró a atender la llamada. Entró en la cuadra botiquín en mano, donde el animal aún esperaba levantado. Agudo, ligero el albéitar, le puso una inyección en la tabla y la mula cayó con un estruendoso golpe seco contra la pesebrera para no levantarse.
Al entrar en la cocina los parientes de Jaime, la jefa de familia les preguntó: ¿Qué tal el veterinario nuevo? A lo que el chico pequeño de la casa respondió: ¡Ni Nicanor Villalta, madre! 
La mula murió como los toros de Villalta, sin puntilla. 
¡Si yo doblo la servilleta, que no anden trasteando, que hagan como Villalta, sin puntilla! 



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