En este momento tan extraño que estamos viviendo, cuando  encuentras a un amigo de la infancia -por cierto algo más joven que yo- se descarta la conversación del presente por lo árida y obsesiva y como mejor opción retrocedemos a otros momentos vividos, para animar el paseo del soleado otoño. Son recuerdos rurales, extraviados en el tiempo, que mi amigo refresca y nos trasladan a ferias y mercados olvidados. Es una alternativa -dice Mario- ahora que no podemos viajar ni hacer turismo, como si volviéramos a esos lugares añejos. Lo del viaje al futuro lo dejamos para el cine de Steven Spielberg, que protagonizaron el joven Michael J. Fox y Chistofer Lloyd, con su excéntrica traza. 
Así, nos centramos en recordar aquellas ferias comarcales, donde las compraventas, una vez aceptadas, tenían más valor que un acta notarial. Mi amigo bajaba con la camioneta cargada con carbón que ya tenía destinado en varias casas de las comarcas de Campos o Cerrato. A cambio, en el retorno, acarreaba vino nuevo. Unos cuantos odres y varios garrafones, amarrados con más mimo que el carbón, bien embalados en esteras para evitar derrames innecesarios. El mal estado de las carreteras era normal, baches no faltaban y para llevar el vino hasta algunas aldeas con difícil acceso, la carga se efectuaba en burros o mulos aparejados en arnés de aguaderos o albardas artesanales de esparto picado y anea.
Por estas tierras labradoras cerealistas, terminada la sementera, era tiempo de espera del incierto invierno con trabajos de reparaciones y pocas salidas a la intemperie. En pasadas ferias se habían desprendido de los animales de trabajo demasiado viejos para el siguiente año. Mario recuerda que compró un potro de dos años y medio, en Cervera: «Para domarle en casa, poco a poco, y disponer al año siguiente de un buen animal de tiro». Recordaba con entusiasmo las veladas en la estancia de mesones y ventas, el aprendizaje de costumbres y la sabiduría de arrieros. 
Los encuentros alrededor del hogar, con el regusto de anécdotas y genuinas historias locales, ilustraban la imaginación de los más jóvenes.