TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El campo

08/04/2021

Se supone, o al menos así quiero leer las palabras de Jürgen Klopp en las horas previas al 3-1, que cuando llegas a determinado nivel después de haber comido patios y plazas, campos de patatas y de topos en los que no sabías cómo iba a botar la pelota, charqueras y barrizales, engendros de césped artificial en los que podías terminar en la Unidad de Quemados de Vall d’Hebron si caías varias veces al suelo; y seguir evolucionando hacia campos cuyo graderío era una valla, después cuatro bancos, tres filas sin cubrir, uno muy majete que tenía incluso bar, tu primer partido en un campo profesional y finalmente tu llegada a la Champions y tus soñados duelos ante los más grandes en las más increíbles catedrales del fútbol… Digo que se supone que, alcanzado cierto nivel, no tienes que bajar de nuevo a «jugar en un campo de entrenamiento». Fueron las palabras del técnico del Liverpool refiriéndose al Di Stefano, coqueto campo (reglamentario) de casi 6.000 espectadores en la ciudad deportiva del Real Madrid; unas palabras tal vez malinterpretadas en estas tierras, donde no nos vale la literalidad y siempre necesitamos leer entre líneas para generar polémica: 
- ¿Sabes lo que ha dicho ese?
- Sí. ¿Acaso no es verdad?
- ¡Claro, pero es cómo lo dice!
¡Ah, el tono, la intención, el «Yo sé lo que quiso decir»! Que si el entrenador de los ‘red’ despreció el Alfredo di Stefano, que si «el polémico comentario», que si «Klopp calienta el partido». Nadie pensó que fue un canto a la nostalgia del público y de los grandes estadios llenos en este extraño neo-fútbol de la pandemia de la COVID-19, donde partidos de la Liga de Campeones entre dos equipos con 13 y seis Copas de Europa se juegan en coquetos campos de entrenamiento vacíos. Y si eso no nos da pena es que nos hemos habituado, lamentablemente, al silencio y al cemento.  



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