José Luis Díaz Sampedro


La apuesta profamilia de Hungría

03/08/2020

Un año después de poner en marcha el Plan de Acción para la Protección de la Familia, el gobierno húngaro ha ofrecido los primeros resultados que parecen darle la razón en su apuesta decidida por la familia y la natalidad. Así el número de divorcios está en mínimos y el de matrimonios en máximos desde hace décadas, la tasa de fertilidad ha aumentado y el número de abortos ha caído en un tercio. Unas 200.000 familias se han beneficiado de alguna de las medidas del plan: préstamos sin intereses de hasta 29.000 euros a parejas casadas y que en caso de tener 3 o más hijos les será condonado, construcción de nuevas guarderías, exención de por vida del IPPF para mujeres con 4 hijos, ayudas para comprar viviendas y reducir las hipotecas, etc. Para paliar el grave problema de natalidad y envejecimiento de la población, el gobierno de Orban -a diferencia de otros países- no ha optado por la vía más corta y sencilla (inmigración) y ha apostado por un plan a más largo plazo y complicado (natalidad) que suponga una inversión superior al 4 % del PIB en iniciativas de apoyo a la familia (frente al 0,7 % de España, en el furgón de cola de la UE).Siendo importantes y ambiciosas las ayudas económicas y los incentivos financieros del Plan, sin embargo el gobierno húngaro considera más importante la implantación de una cultura que aliente y normalice que haya niños porque en realidad tener hijos no es una cuestión sólo de dinero. Se trata de inculcar unos valores que, implementados con una serie de leyes y normativas provida y profamilia, instauren una identidad fuerte que pueda asumir la responsabilidad de los demás. Por eso emiten mensajes públicos como «la vida es un regalo» o «el tener hijos es una aventura para toda la vida» y alientan el reconocimiento de las madres que se quedan en casa cuidando de sus hijos. La opción húngara de apostar decididamente por la familia debería servir de ejemplo a todos los países de la UE porque tarde o temprano deberán afrontar el problema del invierno demográfico que nos asola y que, además, inexorablemente afectará en primera persona a los gobernantes que ahora se empeñan en políticas tan cortoplacistas y electoralistas como alejadas de la realidad.